Alfa y Omega > Nº 022 / 4-V-1996 > En portada
¡Europa, sé tú misma!

Jefes de Gobierno comunitarios en la reciente Cumbre deTurín
El diplomático José Luis Messía ha publicado recientemente un libro sobre su experiencia de veinte años en Estrasburgo, sede del Consejo de Europa, hasta que consiguió ver nuestro país integrado en dicha organización. «Por palabra de honor» es el título del libro.
Su comentario es más propio de otro lugar, pero en las páginas de Alfa y Omega me parece oportuno mencionar la sugestiva portada, reproducida de un grabado antiguo, en el que, sobre un mapa del continente cuya orientación se ha cambiado de modo que el Oeste hace de Norte y el Este de sur, Europa aparece con la majestuosa figura de una dama cuya cabeza es la Península Ibérica; el cuello, los Pirineos, como un collar deslumbrador; el pecho, Francia; los brazos, Dinamarca e Italia; Alemania, el vientre; y el resto del continente es una falda de pliegues amplios y elegantes, hasta que se pierden en la gran llanura rusa.
Así resulta de las descripciones que Messía recoge a la cabeza de su libro, aunque no falte entre ellas las de los piadosos geógrafos para quienes la noble señora, es decir, Europa, representaba nada menos que a la Santísima Virgen coronada, con el globo y el cetro reales en las manos. «Esta mujer -dice el texto que Messía reproduce- es la Virgen cristiana que concibió por medio del Espíritu». Que concibió Europa, hija, como es sabido, del cristianismo.

Antiguo mapa de Europa
No eran sólo los antiguos. Se buscaban en 1950 ideas para la bandera de Europa y el Consejo de la Comunidad convocó un concurso, que ganó Arsene Heitz, cuya realización podemos contemplar hoy en la bandera azul con las estrellas en círculo, representando a los Estados de la Comunidad. La idea, según ha revelado Heitz, le vino de la corona de estrellas con la que suele representarse a la Virgen María, de la que él era devoto, ateniéndose a la descripción que hace el Apocalipsis de «la mujer vestida de sol, y la luna bajo sus pies, y en su cabeza una corona de doce estrellas».
¡Qué a la medida de esa imagen viene la apelación de Juan Pablo que sirve de título a este artículo! Y continuaba el Papa urgiendo a Europa: «¡Descubre tus orígenes! ¡Aviva tus raíces! «Porque, ciertamente, Europa, que nació del cristianismo y sigue viviendo de él y de las grandes verdades cristianas secularizadas, sólo volviendo plenamente a él podrá detener el pavoroso vaciamiento interior que paradójicamente acompaña a la consoladora reconstrucción de su unidad material.
Dar a ese cuerpo el alma que necesita no se conseguirá mediante una imposible vuelta atrás de la historia, sino, como dijo el Papa, en un clima de pluralismo y libertad. En todo caso, me parece tonificante la portada del libro mencionado, como ingenua y conmovedora evocación de algo que tuvimos y que de alguna manera debemos recuperar.
José María García Escudero
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