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Habla el Papa
Un testimonio creíble

El primer dato que registran los Evangelios es el de la tumba vacía. «No es en sí una prueba directa», pero, de hecho, «su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección». Sobre esta noticia de la primera hora, históricamente sólida, insisten todas las narraciones evangélicas. Si no hubiera tenido fundamento, hubiera sido bastante fácil desmentirla.
Sin embargo, la experiencia determinante de la Resurrección fueron las apariciones de Cristo. Una experiencia muy singular, pero totalmente creíble, dada la confianza que merecen los que fueron testigos de ellas. Pedro y los demás Apóstoles, y también un buen número de discípulos, hombres y mujeres, a quienes el Resucitado se les acercó en diferentes ocasiones. La santidad de la propia vida, que en muchos casos terminó con el martirio, excluye cualquier fraude. Sólo la evidencia de Cristo Resucitado -que experimentaron sensiblemente- explica de manera adecuada los motivos por los que, después, se comprometieron en el anuncio de un mensaje tan provocador, destinado a suscitar la violencia de los enemigos. Esta última no tardó en manifestarse, obligándoles a firmar con sangre su testimonio fiel.
(27-IV-96)