Alfa y Omega > Nº 146 / 02-I-1999 > Raíces
Inaugurada en madrid una de las exposiciones más importantes del nuevo año
Inmortales recuperados

Tabla central del Tríptico de Nava-Grimón, Pieter Coeck van Aelst (siglo XVI)
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Madrid está de suerte. Desde el pasado 22 de diciembre, y hasta finales de febrero, tiene lugar, en la sala de exposiciones de la Fundación Central Hispano, una extraordinaria exposición de obras artísticas de nuestro Patrimonio, que han sido tratadas y restauradas en los últimos años. La muestra lleva por título: Obras maestras recuperadas. No eran pocas las obras que descansaban en rincones lúgubres de nuestras iglesias, o apiladas en criptas inaccesibles, esperando una mano redentora. El Instituto del Patrimonio Histórico Español (IPHE) es el responsable último de un interés permanente por la conservación de nuestras obras artísticas, numerosas y dispersas por la vasta geografía española. Muchos de estos cuadros, tablas y grupos escultóricos se hallaban en acusado estado de deterioro, y han sido devueltos a la vida gracias a la callada labor de los restauradores. Dentro de la exposición, hay una selección de tesoros incomparables en los que merece la pena detenerse brevemente.

Una de las joyas es, sin duda, La expulsión de los mercaderes del templo, de El Greco. Nos encontramos ante una de sus obras maestras. De hecho, en el testamento del maestro aparece el dato ilustrativo de que el cuadro siempre permaneció con él, jamás lo vendió. El motivo de la expulsión fue un tema poco tratado antes del siglo XVI. Sin embargo, durante la Contrarreforma se convirtió en signo de purificación de la Iglesia católica, frente a la Reforma protestante. El autor adorna la escena con el motivo de la expulsión de nuestros primeros padres del Paraíso, cuyo motivo se encuentra representado bajo una de las hornacinas del templo, expresando con ello la similitud del dato veterotestamentario con el hecho de la expulsión de los mercaderes. Después de la exposición, el cuadro marchará al Thyssen y volará hasta Roma y Atenas.

Nada más acceder a la exposición, el visitante se encuentra con una deliciosa lección teológica y una de las experiencias estéticas más gratas de la Muestra: El tríptico de Nava-Grimón, de Pieter Coeck van Aelst, obra de 1546. Es un retablo, de inmensas proporciones, que fue importado de los Países Bajos para un oratorio tinerfeño. Su autor fue el máximo exponente del Renacimiento flamenco y pintor del emperador Carlos V desde 1534. Las tablas reproducen los acontecimientos más representativos de la infancia de Cristo: la Anunciación, la Natividad, la Presentación del Niño Jesús en el templo y la circuncisión.

También aparece en la Muestra otro exponente de obras flamencas del XVI, El tríptico de la adoración de los Magos. María Luisa Baena, restauradora oficial del IPHE y responsable de la reparación de la obra, nos comenta los pasos que tuvo que dar para devolver a la pieza su belleza originaria: El cuadro se encontraba en un estado pésimo, irreconocible, las tablas estaban divididas. La labor fue dura porque hubo que instalar hilos de roble seco muy finos para unir las grietas. Realicé la limpieza respetando siempre la pátina primitiva del cuadro. De esta forma, la majestad nativa de las tablas queda patente al espectador.

Otras de las maravillas de la exposición lo constituyen el grupo escultórico en oro molido de Los Ángeles, atribuido a Pompeo Leoni, de finales del XVI.

Es preciso recomendar el impecable catálogo de la exposición, en el que se nos ofrecen bellas reproducciones de las obras, el estado en el que se encontraban los originales y su resultado final.

Javier Alonso Sandoica
黄晓敏的个人博客
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