Alfa y Omega > Nº 162 / 22-IV-1999 > Desde la fe > Muestrario de cristianos
Muestrario de Cristianos
El beodo

No es que el apelativo le haga feliz, pero tampoco va a pararse uno en menudencias. No es al primero que se lo llaman en dos milenios de historia cristiana. Así que ¡bendito sea Dios! aunque el motecito se las traiga con abalorios.

Cuando alguien habla de cosas distintas, de cosas que no se llevan, siempre hay quien lo atribuye al alcohol. Y, sobre todo, si habla, con brío, con pasión. Éste está bebido. El beodo, que nunca ha probado el vino, ha tenido que pasar mil veces por que se lo llamen a la cara en son de desprecio. Él es un creyente convencido que quisiera ser también convincente. Por eso habla naturalmente de las cosas de Dios y del Evangelio. Es posible que con un puntito de exaltación. Pero no tanto como para que se le tenga por un extraterrestre. O por un borracho. El beodo, tan abstemio como buena persona, seguirá en su empeño de hablar a quien se le ponga a tiro de lo que el Espíritu le sugiere en su interior. Es lo que siente como vocación cristiana.

Y ¿lo del mote de marras? Pues muy honrado. El beodo sabe que eso es, justamente, lo que les llamaron a los discípulos el mismo día de Pentecostés, cuando el Espíritu les empujó a dar aquel primer testimonio emocionado y resonante de su Maestro ante miles de judíos (Hech. 2, 13).

Joaquín L. Ortega
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