Alfa y Omega > Nº 180 / 30-IX-1999 > Mundo
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Consultorios católicos para la mujer, en Alemania
Un certificado llamado a desaparecer
La participación de los consultorios católicos en el sistema alemán de asistencia a las mujeres que pretenden abortar se convirtió en el tema más espinoso de la última Asamblea Plenaria de los obispos alemanes, celebrada la semana pasada en Fulda

Al inicio del encuentro, los cardenales Angelo Sodano y Josef Ratzinger, Secretario de Estado vaticano y Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe respectivamente, enviaron una carta en nombre del Papa a los prelados, en respuesta a la petición presentada por parte de algunos obispos para superar las tensiones e incertidumbres que ha experimentado la Iglesia a causa de este caso. El Estado alemán considera el aborto como una práctica ilegal; ahora bien, siguiendo ciertas condiciones, puede ser despenalizado. Una de estas condiciones prevé que la mujer encinta se entreviste en alguno de los consultorios públicos dirigidos por asociaciones de voluntariado que tienen como primer objetivo salvar al niño no nacido.
La Iglesia católica, al igual que la luterana, había decidido participar en este sistema, con el deseo de salvar el mayor número de vidas. Ahora bien, el sistema prevé que el certificado que garantiza la consulta se convierta, paradójicamente, en el pedazo de papel que automáticamente permite el aborto despenalizado.
En varias ocasiones, los obispos habían pedido consejo al Papa, quien siempre confirmó la necesidad de ofrecer un testimonio trasparente y totalmente coherente en defensa de la vida. En junio, por deseo explícito del Pontífice, los obispos alemanes decidieron añadir al texto del certificado la frase: Este certificado no puede ser usado para la ejecución del aborto. Ahora bien, la medida de los obispos ha sido tergiversada por el sistema. De hecho, el Estado ha ignorado esta apostilla y sigue utilizando los certificados católicos para la ejecución despenalizada de abortos.
Aquí está precisamente el meollo del asunto: ¿Puede permitir la Iglesia católica que se utilice un documento emanado de sus instituciones para la ejecución de abortos, a pesar de que en el mismo se diga explícitamente que esto no debería ser así? En juego está la coherencia en la defensa de la vida desde el primer instante de su concepción.
Si el certificado sirviera todavía como acceso al aborto -dice textualmente la carta enviada por la Santa Sede a los obispos alemanes-, estaría fundamentado el reproche, presentado por muchos en las semanas pasadas, según el cual la Iglesia hace una mera afirmación teórica sin efectos reales. La consecuencia es lógica: Si las autoridades del Estado ignoran en la práctica esta apostilla -sigue explicando la aclaración vaticana-, no se ve cómo es posible para la Iglesia permanecer en los consultorios en los términos previstos por la ley.
Un nuevo sistema
Conclusión: El certificado que entreguen en el futuro los consultorios eclesiásticos o dependientes de la Iglesia tendrá que servir única y exclusivamente para documentar la orientación a favor de la vida de la consulta eclesial y como garantía de las ayudas prometidas.
Al final de la Asamblea, los obispos alemanes publicaron una nota en la que aseguran, en primer lugar, que pretenden hacer todo lo posible para que en el futuro se garantice el apoyo y la asistencia a las mujeres encinta, en especial a aquellas que atraviesan especiales necesidades y dificultades. Por este motivo -explican-, los consultorios católicos proseguirán con su actividad.
Ahora bien, el documento de los obispos alemanes revela que un cierto número de obispos se ha pronunciado a favor de la introducción de un nuevo sistema que no contemple la entrega de certificados de consulta que permitan la ejecución despenalizada de abortos.
Monseñor Karl Lehmann, Presidente de la Conferencia Episcopal, ha explicado que algunos obispos que no consideran oportuno abandonar la actividad de los consultorios católicos en el sistema estatal escribirán una carta a Juan Pablo II para expresarle personalmente sus dudas durante la quinquenal visita ad limina apostolorum, que tendrá lugar el próximo mes de noviembre. Allí se terminará de perfilar el asunto.
Lo único que parece cierto es que, ante las indicaciones de la Santa Sede y el parecer de numerosos obispos alemanes, el certificado está destinado a desaparecer. Ante una carta tan explícita -explica monseñor Lehmann-, a medio y largo plazo no veo cómo es posible continuar con la consulta tal cual es hoy.
Jesús Colina. Roma