Alfa y Omega > Nº 186 / 11-XI-1999 > Contraportada
¿Hasta dónde lleva la razón?
Sólo la hondura en verso de un poeta cristiano como Dámaso Alonso, o la profundidad en prosa de un escritor en prosa como Chesterton, nos ayudan a responder, desde el amor y desde la razón, a la pregunta decisiva sobre Dios

Santo Tomás se asemeja mucho al gran profesor Huxley, el agnóstico que inventó la palabra agnosticismo. Se le parece en la manera de empezar el tratamiento del tema y no se parece a ningún otro anterior o posterior a la edad huxleyana. El Santo adopta casi literalmente la definición huxleyana del método agnóstico: Seguir la razón hasta donde la razón lleve. La única cuestión es: ¿a dónde lleva? Y asienta la afirmación que casi sorprende por su tono moderno y materialista: Todo lo que está en el entendimiento estuvo primero en los sentidos. De aquí arrancó santo Tomás como lo haría cualquier hombre de ciencia, y hasta digamos cualquier materialista moderno a quien hoy difícilmente llamen hombre de ciencia: del cabo o punta de la investigación totalmente opuesto al del mero místico. Los platónicos, o por lo menos los neoplatónicos, todos se inclinaron a la visión de que la mente era iluminada desde el interior; santo Tomás insistió en que era iluminada por cinco ventanas que llamó las ventanas de los sentidos. Pero quería que la luz de afuera brillara sobre todo lo que está en el interior. Le interesa el estudio de la naturaleza del hombre y no meramente los musgos y líquenes que pueda quizá ver por la ventana y que valora como la primera experiencia iluminadora del hombre. Y empezando desde este punto prosigue ascenciendo por la casa del hombre, paso a paso y piso a piso, hasta llegar a la torre suprema y contemplar la visión dilatada.
G. K. Chesterton
de Santo Tomás de Aquino
(Ediciones Lohlé-Lumen)
Duda y amor
¿Estás? ¿No estás? Lo ignoro; sí, lo ignoro.
Que estés, yo lo deseo intensamente.
Yo lo pido, lo rezo. ¿A quién? No sé.
¿A quién? ¿A quién? Problema es infinito.
¿A ti? ¿Pues cómo, si no sé si existes?
Te estoy amando, sin poder saberlo.
Simple, te estoy rezando; y sólo flota
en mi mente un enorme «Nada» absurdo.
Si es que tú no eres, ¿qué podrás decirme?
¡Ah!. me toca ignorar, no hay día claro;
la pregunta se hereda, noche a noche:
mi sueño es desear, buscar sin nada.
Me lo rezo a mí mismo: busco, busco.
Vana ilusión buscar tu gran belleza.
Siempre necio creer en mi cerebro:
no me llega más dato que la duda.
¿Quizá tú eres visible?¿O quizá sólo
serás visible, a inmensidad soberbia?
¿Serás quizá materia al infinito,
de cósmica sustancia difundida?
¿Hallaré tu existir si intento, atónito,
encontrarte a mi ver, o en lejanía?
La mayor amplitud, cual ser inmenso,
buscaré donde el mundo me responda.
Dámaso Alonso
de Duda y amor sobre el Ser Supremo (1985-BAC)
© 2006. Alfa y Omega, Semanario católico de información. Fundación San Agustín, Arzobispado de Madrid