Alfa y Omega > Nº 539 / 29-III-2007 > Aquí y ahora
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En la muerte de monseñor Eugenio Romero Pose
La sabiduría de la caridad
Ha muerto don Eugenio Romero Pose, obispo auxiliar de Madrid. Se recuerda estos días al gran teólogo e intelectual, que ha dejado una decisiva impronta en una serie de documentos trascendentales de la Iglesia en España, de gran repercusión también fuera de nuestras fronteras. Y se recuerda al pastor bueno que siempre tenía tiempo y una palabra amable para los demás. Descanse en paz y alegría


Momento en que son sepultados los restos mortales
de don Eugenio, a ras de tierra
El cardenal arzobispo de Madrid, don Antonio María Rouco Varela, presidió, el pasado lunes, el funeral por el que ha sido durante los últimos 10 años obispo auxiliar de Madrid, don Eugenio Romero Pose. Don Eugenio, Uxío, como solían llamarle cariñosamente en su tierra, fallecía en Madrid, la madrugada del pasado domingo, tras una larga y dolorosa enfermedad, que afrontó desde el primer momento con entereza, según cuentan las personas más cercanas a él, y sin querer, en ningún momento, delegar o aplazar sus compromisos y obligaciones pastorales, que continuó asumiendo mientras recibía los duros tratamientos médicos a los que se vió sometido. Hoy, estamos convencidos de que don Eugenio descansa en la Casa del Padre, mientras que Madrid, la ciudad que le vió llegar hace diez años, le ha dedicado un emocionado adiós. El funeral tuvo lugar el lunes en la catedral de la Almudena, y al cardenal arzobispo de Madrid se unieron el cardenal Antonio Cañizares, arzobispo de Toledo, el nuncio apostólico de Su Santidad, monseñor Manuel Monteiro de Castro, el obispo de Ratisbona, monseñor Müller, y medio centenar de arzobispos y obispos procedentes de toda España, así como muchísimos sacerdotes de Madrid y también muchos llegados desde Galicia, así como numerosos seminaristas madrileños. Hubo también una gran presencia de jóvenes.
Su trayectoria, prolífica en estudios teológicos, pero también en amor, amistad, generosidad y entrega total al Señor y a su pueblo, pudo palparse en esta despedida emocionada, que culminó con una unánime plegaria a la Virgen, con el Himno de la Almudena, que el propio cardenal quiso dedicar, tras un agradecimiento a todos los asistentes, con voz entrecortada: «El Señor lo habrá acogido ya en su seno -quiso decir el cardenal una vez sepultado el cuerpo de don Eugenio en la capilla del Rosario, de la cripta de la catedral-, y esperamos que, desde allí, él interceda por nosotros. En su vida, ha reunido todas las señales que hablan de fidelidad al Señor y de santidad. La Virgen, bajo cuyos pies van a reposar sus restos mortales, lo habrá acogido ya en sus brazos maternales, y le habrá presentado ya al Hijo».
Telegrama del Papa
Durante la misa corpore insepulto, el cardenal Rouco, que había estado unos días antes en Roma, dijo lo siguiente: «El sábado pude ver al Santo Padre y decirle casi directamente cómo estaba don Eugenio. Acaba de hacernos llegar, a través de la Secretaría de Estado, una adhesión, unión y bendición para con nosotros, y pidiendo por don Eugenio. Dice así: S eñor cardenal Antonio María Rouco Varela, arzobispo de Madrid. Recibida la triste noticia del fallecimiento de monseñor Eugenio Romero Pose, obispo titular de Turuda y auxiliar de Madrid, ruego a Vuestra Eminencia tenga la bondad de hacer llegar a los familiares del finado, y a los fieles de esa archidiócesis, el profundo pésame del Santo Padre Benedicto XVI, y a la vez que ofrece sufragios por el eterno descanso del difunto prelado, les otorga con afecto la confortadora bendición apostólica, como signo de fe y esperanza en el Señor Resucitado. Cardenal Tarcisio Bertone. Secretario de Estado».
El domingo por la mañana, en su alocución a la cadena COPE, el cardenal relató que, tras su llegada de Roma, «casi a media noche, con don César, nuestro obispo auxiliar, aún tuvimos la ocasión de poder rezar los dos por él y despedirnos con el afecto fraterno y la confianza en la misericordia del Señor que él, sin duda ninguna, ha obtenido. Su vida sacerdotal y su vida episcopal han sido un ejemplo de un amor a Cristo sin fisuras».
El cardenal Rouco reflejaba también este sentir general en la archidiócesis de Madrid, compartido por quienes, en otros lugares de España y del mundo, pudieron conocer a monseñor Romero Pose: «Eugenio era una persona muy bondadosa -dijo-. Yo creo que todos lo han percibido. Una persona sin grandes deseos de protagonismo, más bien ninguno, y siempre dispuesto al servicio, y al servicio sacerdotal y al servicio episcopal. Nunca camufló su forma de relacionarse con los demás bajo aspectos superficiales, de un humanismo superficial, sino que los vivió siempre a la luz del misterio de Cristo. Eso se le notaba como su estilo habitual: en su forma de pensar, de enseñar, de ser sacerdote...»
Alfa y Omega
Obispo de Orense, monseñor Luis Quinteiro:
«Don Eugenio era mi hogar»
Monseñor Luis Quinteiro, obispo de Orense, acompañó durante muchísimo tiempo a monseñor Romero Pose. «Son muchos años. Vivimos como seminaristas; como profesores, en Roma. Después como obispos...»
Hoy habla de «la ausencia de un amigo íntimo que ha partido a la Casa del Padre. Por una parte, siento una tristeza enorme, humanamente, por la falta de un referente vital fundamental para mí. Pero, al mismo tiempo, siento también la alegría inmensa de alguien que me ha dado la última lección de la vida, la más importante, que es afrontar con alegría y esperanza, con gran firmeza de fe, como he podido comprobar en este tiempo», su enfermedad y su muerte. Ha sido -afirma- un testimonio inigualable «de cómo un hombre es capaz de abrirse plenamente a la llamada de Dios».
Monseñor Quinteiro no sabría destacar un momento o un rasgo particular de su amigo. «Es toda una vida -dice-. Para mí, don Eugenio es la persona de referencia eclesial decisiva. Y en estos momentos tengo que decir, ante todo el mundo, que la lección de su vida es tan absolutamente maravillosa que no podría resaltar nada, sino todo. Es un conjunto tan armónico y tan perfecto, que yo lo único que creo es que no sólo hemos perdido a una persona muy importante para la Iglesia -para la Iglesia en España y la Iglesia universal-, sino que hemos perdido a un hombre de Dios, a un santo».
«Don Eugenio -continúa- reunía dos condiciones, aparte de tantas otras, decisivas para la misión que la Iglesia le había encomendado. Una era su preparación absolutamente excepcional, tras muchos años de estudios largos, esforzados, silenciosos... Y además tenía una capacidad de trabajo que yo todavía no he conocido en otra persona». Otro rasgo sería la clarividencia: «Estudiaba un tema, y en apenas una semana lo dominaba. Enseguida sabía detectar los puntos clave».
Como todos quienes le conocieron, monseñor Quinteiro destaca que no ha habido un don Eugenio en la vida pública y otro en la vida privada. Ocurre, simplemente, que a su inmensa altura intelectual se unía una personalidad humanísima, un alma impregnada de caridad: «Para mí, don Eugenio -explica- es la persona que siempre me recibía con los brazos abiertos. Él era mi casa, mi segunda casa. Don Eugenio era mi hogar. Estar con él era estar en casa».
© 2006. Alfa y Omega, Semanario católico de información. Fundación San Agustín, Arzobispado de Madrid