Alfa y Omega > Nº 609 / 2-X-2008 > Aquí y ahora
Con la gentileza de

El cardenal Rouco habla sobre las relaciones de los católicos con el Estado:
La respuesta: laicidad positiva
«La Iglesia es una realidad constituida no sólo por los obispos, sino por todos los católicos», y no es lícito imponerles más trabas que al resto ni obligarles a abdicar de sus convicciones, a la hora de participar en los debates de nuestro tiempo. Sobre ello habló el cardenal Rouco en los Desayunos Informativos de la agencia Europa Press
El cardenal Rouco, y junto a él,
su presentador, don Marcelino Oreja
El término laicidad positiva, muy comentado a raíz del encuentro del Papa con Nicolás Sarkozy, es la clave para unas relaciones Iglesia-Estado no sólo respetuosas, sino también fructíferas, orientadas hacia la colaboración en el servicio al bien común de la sociedad. «El camino del diálogo y de la laicidad positiva es el camino de nuestro tiempo», dijo el cardenal Rouco. Es también el camino que mejor responde al modelo aconfesional que establece la Constitución, puesto que el Estado debe cooperar con los católicos y con fieles de otras religiones, sin obligarles a abdicar antes de sus convicciones. La Iglesia apuesta decididamente por ese modelo, que le permite tener «su sitio» y «vivir en libertad su misión».
Laicidad se contrapone a laicismo, ideología que implica un veto a cualquier aportación en la vida pública de procedencia religiosa. La libertad religiosa, que va mucho más allá de la libertad de culto, se ve entonces restringida. Empiezan a recortarse derechos que se derivan de ella, como la posibilidad de elegir en la escuela la formación moral y religiosa que se quiera para los hijos, o el derecho a abstenerse de ejecutar leyes que, en conciencia y razonadamente, se consideran injustas, como la eliminación de niños en el seno materno.
En presencia de varias autoridades eclesiásticas y políticas, entre ellas el cardenal Cañizares, arzobispo de Toledo; diversos obispos; el nuncio del Papa, monseñor Monteiro de Castro; varios parlamentarios o el Director General de Asuntos Religiosos, don José María Contreras, el cardenal Rouco dedicó su conferencia a los Fundamentos prepolíticos o morales del Estado. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial -explicó-, se ha aceptado generalmente que el reconocimiento y respeto a los derechos humanos constituye la base de la convivencia entre países y dentro de las sociedades. No obstante, desde el último tercio del siglo XX, «hay derechos fundamentales que empiezan a perder perfil jurídico y normativo y son objetos de discusión». Se incluye, entre ellos, el más básico de todos: «¿Quién tiene derecho a la vida? -se preguntó el cardenal, frente a tantos intentos actuales de recortar este derecho por arriba y por debajo-. ¿Cuándo se empieza a tener derecho a la vida? ¿Cuándo empieza el hombre a ser hombre? ¿Quién define esa verdad de que el hombre es hombre?»
Uno de los rasgos que caracteriza hoy a las sociedades occidentales es la falta de consenso básico en torno a una serie de fundamentos morales de la convivencia elementales. Ahí es necesario un diálogo social, en el que no se puede excluir, sin más, a las personas creyentes, por otra parte mayoritarias en países como el nuestro. Pero la realidad a menudo es ésa, a pesar de que los católicos no fundamentan cuestiones como el derecho de todos a la vida con argumentos de fe, sino de razón o incluso estrictamente científicos. Más adelante, el cardenal se refirió al Comité de Expertos, creado desde el Ministerio de Igualdad para la redacción de una nueva ley sobre el aborto, del que se ha excluido a quienes defienden el derecho a vivir del niño no nacido. «Llama la atención», dijo. «Sería impensable» algo así en otros países de nuestro entorno.
Derecho a la vida
El turno de preguntas que siguió a la conferencia se centró, en buena parte, en el proyecto de liberalizar aún más el aborto. «El principio de respeto a la vida está por encima de cualquier razón social, y no es sometible a mayorías y minorías», dijo el Presidente de la Conferencia Episcopal. Y argumentó: «Si hay una certeza científica hoy indiscutible» es que, «desde la concepción», hay una vida humana nueva y única; «hay un quién y no un qué. El embrión no es una cosa».
La siguiente pregunta fue acerca de si habrá movilizaciones en la calle contra el aborto, y el cardenal recordó un principio elemental que, de forma implícita, había estado muy presente a lo largo de su exposición: «La Iglesia es una realidad constituida no sólo por los obispos, sino por todos los católicos». No descarta el cardenal manifestaciones, pero aclara que, «llegado el momento, serán los seglares los que lo hagan», porque a ellos les corresponde «hacer presente en la sociedad la defensa del valor de la vida».
Educación para la ciudadanía
En cuanto a la polémica asignatura Educación para la ciudadanía, el arzobispo de Madrid reiteró que éste «es un problema que se puede resolver muy fácilmente, con un programa de la asignatura que aceptaría cualquiera». Es más, el cardenal tiene la esperanza de que haya finalmente acuerdo con el Gobierno, porque, de acuerdo con la Ley Orgánica de Educación, cabrían programaciones centradas en aspectos como los derechos humanos, valores cívicos o la organización territorial de España, «sin elevarse a otros niveles morales y antropológicos que no son propios del Estado». Mientras tanto, la Iglesia respetará la ley, pero la criticará. Y defenderá el derecho a la objeción de conciencia.
¿Retirada de crucifijos?
No ve el cardenal Rouco la necesidad de una nueva ley religiosa. Más concretamente, se le preguntó después por una posible retirada de los crucifijos en las tomas de posesión de cargos públicos. «Si eso implica no poder» tener presente la Cruz, «no sería aceptable», respondió. Pero la Cruz es patrimonio histórico de todos los ciudadanos, y no sólo de los católicos... Pretender hacerla desaparecer no demuestra precisamente «una gran sensibilidad cultural». En todo caso, «no debería ser éste un asunto en el que nadie perdiese la serenidad». El problema es que «siempre hay sensibilidades a las que les molesta todo, pero no se puede regular la vida de un país por pequeñas minorías que se sienten muy ofendidas». Y añadió: «Tendrían que ir con los ojos cerrados» a todas partes, porque la Cruz está presente por toda la geografía española.
Ricardo Benjumea
«Los archivos son públicos»
«¿Cómo se va a responder si no ha llegado nada todavía?» Esto decía el cardenal Rouco sobre los supuestos requerimientos del juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón a la Conferencia Episcopal Española, conocidos a través de la prensa, para que ésta aporte todos los datos en su poder sobre los desaparecidos durante la Guerra Civil y el franquismo. Recordaba también el cardenal que los archivos de las parroquias son públicos, si bien, una vez más, volvía a explicar que la Conferencia Episcopal no es la superiora jerárquica de las diócesis, y que es a éstas a las que debería dirigirse el juez.
El Secretario de la Conferencia Episcopal y obispo auxiliar de Madrid, monseñor Juan Antonio Martínez Camino, contestaba así, días después, a la misma pregunta: «Responderemos al juez Garzón cuando recibamos la carta... El ánimo de la Iglesia a colaborar con la justicia es absoluto, de acuerdo con las leyes y las mismas competencias de la Conferencia Episcopal...» Pero «los archivos parroquiales son públicos», y nunca se ha impedido el acceso a nadie que haya acudido a ellos «con causa justa».
X Congreso Eucarístico
Toledo, Granada, Lugo y Barcelona son las diócesis candidatas para acoger el Congreso Eucarístico Nacional que la Iglesia en España celebrará en 2010, tal como estaba previsto en el Plan Pastoral de la Conferencia Episcopal 2006-2010. Así lo explicó el Secretario General y portavoz de la Conferencia, monseñor Juan Antonio Martínez Camino, al término de la Comisión Permanente del Episcopado, celebrada en Madrid, la pasada semana. La Asamblea Plenaria del próximo mes de noviembre elegirá entre las candidatas. El Congreso, el décimo que se celebrará en España, «será un momento muy importante para la vida de la Iglesia», dijo el portavoz, que resaltó que «la Iglesia no es simplemente una asociación de amigos», puesto que lo que la distingue precisamente es la presencia viva de Jesucristo, conciencia que quiere ahora cultivarse.