Alfa y Omega > Nº 609 / 2-X-2008 > España
Monseñor Juan del Río, nuevo arzobispo castrense:
«Cuando se silencia la fe, se arruina la vida»
El nuevo arzobispo castrense, monseñor Juan del Río, tomó posesión, el pasado sábado, de su nuevo destino pastoral; en su homilía defendió la presencia religiosa en las Fuerzas Armadas
Monseñor Juan del Río pronunciando su homilía
en la toma de posesión como arzobispo castrense
El Nuncio de Su Santidad en España, monseñor Monteiro de Castro, dio la posesión, el pasado sábado, al nuevo arzobispo castrense de España, monseñor Juan del Río Martín, a quien acompañaron los cardenales Rouco, Cañizares, Amigo y García-Gasco, así como una treintena de arzobispos y obispos, el Vicario General y Administrador diocesano durante la sede vacante del Arzobispado castrense, don Ángel Cordero, y numerosos sacerdotes. En la iglesia catedral de las Fuerzas Armadas, en Madrid, repleta de fieles, tuvo lugar la solemne ceremonia de toma de posesión de monseñor del Río, a la que asistieron sus familiares, mandos militares, la ministra de Defensa, doña Carmen Chacón, y el Infante don Carlos, en representación de la Casa Real.
El nuevo arzobispo castrense defendió en su homilía la necesidad de ofrecer asistencia religiosa pastoral a los miembros de las Fuerzas Armadas: «La existencia de un servicio de asistencia religiosa a las Fuerzas Armadas no debe ser entendida como impedimento para la legítima y necesaria separación entre la Iglesia y los Gobiernos. Su existencia se basa en el derecho de todo ciudadano a ser atendido por los ministros de la confesión que profese. La dimensión religiosa de la persona no debe ser infravalorada, ni silenciada en la esfera pública. La historia demuestra que, cuando esto sucede, se termina arruinando la vida de los hombres y las naciones».
El nuevo arzobispo castrense también quiso recordar al Brigada del Ejército de Tierra don Luis Conde de la Cruz, asesinado por ETA la semana pasada, y ofreció a la familia militar toda su «ayuda y consuelo cuando llegue el tiempo de la prueba y el sufrimiento». Asimismo, monseñor Juan del Río afirmó que «la fe en Dios no es fuente de guerra, sino de paz. Quien enfrenta a las personas y a los pueblos son los ídolos de moda creados por las ideologías y la manipulación de la religión. Cuando ofertamos el acontecimiento cristiano que la Iglesia católica profesa, enseña y celebra, estamos favoreciendo la conversión del corazón, que lleva al compromiso de resistir a la violencia, al terrorismo y a la guerra, y de promover la justicia y la paz».
Alfa y Omega
Labor necesaria
Un momento de la toma de posesión
de monseñor Juan del Río como arzobispo castrense
La existencia de los capellanes en el seno del Ejército surge por la necesidad de ofrecer atención pastoral a los soldados profesionales, habitualmente separados de su diócesis. En 1532, los famosos Tercios españoles en Flandes contaban con la presencia de un sacerdote que vivía junto a los soldados y los acompañaba a todas partes.
La jurisdicción eclesiástica específicamente castrense existe en España desde la primera mitad del siglo XVII, gracias a varios Breves pontificios que progresivamente van conformando su identidad. En 1645, el Papa Inocencio X concede a los Vicarios del Ejército jurisdicción sobre los capellanes, en quienes delegaba sus facultades, y sobre los militares que estuvieran fuera de sus respectivas diócesis y por el tiempo que durasen las guerras.
Posteriormente, en 1931, el Gobierno de la República restringió, primero, el servicio religioso castrense, y definitivamente lo suprimió por ley en junio de 1932, con lo que este servicio cesó durante varios años. Más tarde, durante la Guerra Civil, en la zona nacional acompañan a los soldados algunos sacerdotes. Al finalizar la contienda, el servicio religioso castrense se fue reorganizando paulatinamente.
Hoy en día, las actividades del Arzobispado castrense en las Fuerzas Armadas van orientadas en un doble sentido: el primero y fundamental es ofrecer asistencia religiosa y pastoral a sus miembros (evangelización, catequesis, sacramentos, acciones de caridad); en segundo lugar, la promoción humana en un sentido más amplio (charlas de ética y formación, tareas de carácter asistencial, promoción cultural, ayuda personal). Su labor se basa en el derecho de todo ciudadano a ser atendido por los ministros de la Confesión religiosa correspondiente a sus convicciones personales. En la actualidad, existen en España 155 capellanes castrenses, y se calcula que son alrededor de ochocientas mil las personas que tienen derecho, por uno u otro título, a ser asistidos por el arzobispo castrense y su presbiterio.