Alfa y Omega > Nº 627 / 5-II-2009 > Mundo
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Hoy, día clave de la visita a España del Secretario de Estado del Papa
El cardenal Bertone promueve los derechos humanos
¿A qué ha viajado el cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado de Benedicto XVI, a España? El objetivo principal lo anunció la Conferencia Episcopal Española, al hacer público el viaje del colaborador más cercano del Papa: la visita se enmarca en el LX aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, tema sobre el que hoy pronunciará una conferencia
El cardenal Tarcisio Bertone
Tras una serie de encuentros con las más altas autoridades del Estado y representantes de la vida pública, hoy tendrá lugar el momento culminante de la visita a España del cardenal Bertone, con una conferencia, en la sede de la Conferencia Episcopal, sobre Los derechos humanos en el magisterio de Benedicto XVI.
Si se hace un repaso de la obra e intervenciones del religioso salesiano, hoy cardenal Secretario de Estado del Papa, se podrá constatar que la preocupación por la difícil situación por la que pasan los derechos humanos constituye uno de los ejes centrales de su ministerio. Para el cardenal Bertone, nacido hace 74 años, en Romano Canavese (provincia de Turín), doctor en Derecho Canónico, antiguo Decano de la Facultad de Derecho Canónico de la Pontificia Universidad Salesiana de Roma, la cuestión de los derechos humanos constituye una de las cuestiones centrales para la civilización, en estos momentos. Así lo ha expuesto en sus últimos viajes a Cuba, Armenia, Azerbaiyán y México. Y así lo presentó en la conferencia que pronunció en el acto conmemorativo, organizado por la Santa Sede, el 10 de diciembre pasado, día en el que se celebraba el aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (10 de diciembre de 1948). «En el momento en el que se adoptaba, la Declaración Universal expresaba la primacía de la libertad contra la opresión, de la unidad de la familia humana respeto a las divisiones ideológicas y políticas, así como ante las diferencias de raza, sexo, lengua y religión», dijo entonces. «Se quería defender a la persona de la idolatría del Estado que los totalitarismos habían incluso divinizado, proponiendo una manera ulterior de construir la ciudad de los hombres, fundándola sobre la convicción de que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana», según reza la misma Declaración.
Los derechos, amenazados
Este fundamento sobre el que debería basarse la convivencia en la comunidad internacional, corre peligros, según el análisis del cardenal Bertone. «Hoy, ante un preocupante marco global que es ante todo reflejo de estructuras económicas que no responden al valor del hombre, los derechos básicos parecen depender de mecanismos anónimos sin control y de una visión que se encierra en el pragmatismo del momento, olvidando que la clave del futuro de la familia humana es la solidaridad».
En aquella conferencia, el cardenal mostró cómo esta amenaza para los derechos humanos se debe «al abandono de la visión de la persona humana que, de sujeto, pasa a ser cada vez más un objeto de la acción económica, con frecuencia reducida a reivindicar los derechos ligados a su función de consumidor y no de persona». Los derechos humanos, explicaba el cardenal, «se basan en la ley natural, inscrita en el corazón del hombre, y presente en las diferentes culturas y civilizaciones. Erradicar los derechos humanos de este contexto significaría restringir su ámbito y ceder a una concepción relativista, según la cual, el significado y la interpretación de los derechos podrían variar y su universalidad sería negada en nombre de los diferentes contextos culturales, políticos, sociales e incluso religiosos».
El derecho a la vida
Esta visión, según el cardenal, constituye una amenaza para los derechos más fundamentales de la persona, reconocidos por la Declaración Universal: el derecho a la vida, el derecho a constituir una familia, el derecho a la educación y el derecho a la libertad religiosa. Para el cardenal Tarcisio Bertone, «cada vez es más difícil prever una defensa de los derechos, eficaz y universal, sin una relación con la ley natural, que hace fecundos los derechos mismos y se contrapone a esa degradación que, en muchas de nuestras sociedades, se interesa por poner en tela de juicio la ética de la vida y de la procreación, del matrimonio y de la vida familiar, así como de la educación y de la formación de las generaciones jóvenes, introduciendo únicamente una visión individualista como base arbitraria para construir nuevos derechos no precisados ni en sus contenidos ni en su lógica jurídica».
Amenazas a la familia
Con el Papa, el cardenal Bertone está convencido, como constató en el Encuentro Mundial de las Familias, que presidió en México, de que, «históricamente hablando, cuando se lesiona a la persona, al matrimonio o la familia, toda la realidad creada se resiente». Y añadió: «La particularidad de la actual coyuntura viene dada por la globalización de los problemas que afectan, de un modo u otro, a todos los continentes. Asistimos a numerosos conflictos bélicos que amenazan con desestabilizar a regiones enteras. A ello se suma la reciente y profunda crisis económica que está teniendo una fuerte repercusión en todo el mundo». Y «si preocupa lo anteriormente dicho -prosiguió-, más grave aún es el diagnóstico individualista-nihilista, que se traduce en un pesimismo antropológico exacerbado. Esto se percibe en grandes áreas del planeta donde el malestar y la desconfianza difusos en la sociedad se concreta en numerosos datos».
El cardenal Bertone, en el reciente Encuentro
Mundial de las Familias, de México
Por ejemplo, «no se puede ignorar el grave invierno demográfico que hace peligrar seriamente a sociedades enteras, la falta de sentido de la vida en tantos jóvenes víctimas del alcohol y de las drogas, o la extrema violencia y explotación a la que hoy se ve sometida la mujer y los niños, el comercio de órganos y de sexo que destruye a la persona humana, o el abandono de tantos enfermos y ancianos que carecen de la más mínima ayuda asistencial para afrontar los últimos años de vida».
El cardenal Bertone también se refirió a «la crisis del sistema educativo en bastantes naciones, incapaces de transmitir el saber integral», a causa de esa concepción relativista de la persona.
Respuesta a la crisis
Con este panorama en el horizonte, el Secretario de Estado del Papa ve dos alternativas: «O el agravamiento de la situación en todo el planeta hasta límites desconocidos hasta el momento, o su resolución aplicando el remedio oportuno. Éste deberá construirse con una sana antropología, que restablezca adecuadamente en todos los ámbitos las relaciones deterioradas. Sólo la justicia impregnada por el amor será capaz de devolver la dignidad a la persona y a toda la creación». Y como aseguró en México, «sólo la familia, comunidad de vida y amor, está en condiciones de regenerar la sociedad a través de la justicia y la paz, porque en ella todo está presidido por el amor. La familia encuentra en el amor su origen y su fin. Y este amor en la familia es el que mejor puede educar en los valores. El amor es de suyo difusivo y, por tanto, la familia es como un vivero donde se cultivan las semillas de justicia y de paz que, aunque con dificultades, transformarán la masa de toda la creación». Por consiguiente, aseguró el cardenal, «resulta claro que la mejor inversión de los Gobiernos será ayudar, proteger y sostener a la familia, porque es la institución sin la cual la sociedad no puede sobrevivir».
Como se puede ver, esta propuesta del cardenal Bertone afecta a los fundamentos mismos de la sociedad. Cuando la Conferencia Episcopal anunciaba que su visita tiene por objetivo principal celebrar el 60 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, estaba abriendo el debate social por antonomasia; un debate que implica, pero trasciende, los encuentros con las personalidades políticas, religiosas y culturales con las que el cardenal se ha reunido en España.
Jesús Colina. Roma
El cardenal Bertone, sobre los derechos humanos:
* «Los derechos humanos se basan en la ley natural, inscrita en el corazón del hombre, y presente en las diferentes culturas y civilizaciones. Erradicar los derechos humanos de este contexto significaría restringir su ámbito y ceder a una concepción relativista, según la cual, el significado y la interpretación de los derechos podrían variar y su universalidad sería negada en nombre de los diferentes contextos culturales».
* «La ley natural se contrapone a esa degradación que, en muchas de nuestras sociedades, se interesa por poner en tela de juicio la ética de la vida y de la procreación, del matrimonio y de la vida familiar, así como de la educación y de la formación de las generaciones jóvenes, introduciendo únicamente una visión individualista como base arbitraria para construir nuevos derechos no precisados ni en sus contenidos ni en su lógica jurídica».
* «Sólo la familia, comunidad de vida y amor, está en condiciones de regenerar la sociedad a través de la justicia y la paz, porque en ella todo está presidido por el amor».