Alfa y Omega > Nº 627 / 5-II-2009 > Desde la fe > Con ojos de mujer
Con ojos de mujer
Una vida moderna
¿Qué es ser moderno?: esta pregunta fue realizada por nuestro querido cardenal don Antonio María Rouco, el pasado 24 de enero, en el Colegio Mater Salvatoris, de Madrid. La respuesta no es fácil, teniendo en cuenta el contexto en el que se pronunciaban sus palabras: la sesión de apertura de la Causa de canonización de la Madre María Félix, fundadora de la Compañía del Salvador. Se trata de un Instituto religioso muy joven (la aprobación pontificia es de 1986). ¿Podemos decir, sin más, que nos encontramos ante unas monjas modernas? ¿Y la propia Madre Félix? ¿Era una religiosa moderna? Pensando en estas palabras, me parecía escuchar la voz siempre poderosa de Juan Pablo II en el encuentro, el 3 de mayo de 2003, con los jóvenes en Cuatro Vientos: «Se puede ser moderno y profundamente fiel a Jesucristo». Fiel a Jesucristo, sí, sin duda, pero moderna...
El problema está, una vez más, en el lenguaje. ¿Qué se entiende exactamente en la vida consagrada cuando hablamos de modernidad? Como en esta cuestión el diccionario no nos ayuda demasiado, optamos por realizar una pequeña encuesta: Lo moderno viene a partir de la renovación, con el Vaticano II, me dicen algunos consagrados. Recuerdo vivamente el entusiasmo de la Madre Félix cuando comentaba alguno de los Decretos del Concilio, que tantas veces había saboreado. Puedo asegurar que, en este sentido, era muy moderna... Contaba entonces con más de 90 años, pero en todo lo que se refiere a amar a Jesucristo y su Iglesia caminaba mucho más rápido que las jóvenes, con una mirada amplia, directa a lo esencial, sin dejarse enredar en aspectos secundarios. El amor es siempre moderno, responden otros. Y aquí doy mi más profundo asentimiento, recordando las palabras de don Jesús Higueras en la Misa corpore insepulto que celebró el día siguiente de la muerte de la Madre Félix: «La palabra amor en el tiempo se llama fidelidad». En su caso, fueron 93 años, mucho tiempo...
Fidelidad, sí -apunta un tercero-, pero para que sea moderna tiene que ser una fidelidad creativa. Aquí, sin poder evitarlo, el corazón casi me da un vuelco de alegría... ¡Ya está! Porque las palabras del Santo Padre a este respecto son muy claras: «Para responder con fidelidad creativa a los desafíos de la sociedad actual hay que recomenzar desde Cristo y testimoniar, de modo simple y concreto, su amor misericordioso». Recomenzar desde Cristo fue lo que hizo toda su vida la Madre María Félix. A los catorce años, afirmó: «Soy suya plena y conscientemente para siempre»; y su testimonio siempre fue muy concreto: dar todas sus cosas -todas- y darse con ellas, por amor al Señor. Esta fidelidad creativa de la Madre, siempre al servicio de la Iglesia, fue la que permitió decir al señor cardenal de Madrid que María Félix fue «una de esas jóvenes, de esas mujeres de España, que abrieron caminos de luz en momentos difíciles en la historia de España». Una vida larga, luminosa y fecunda. Una vida moderna.
María Cristina Parejo, CS