Alfa y Omega > Nº 627 / 5-II-2009 > Desde la fe > No es verdad
No es verdad
Mingote, en ABC
Todavía no se les ha olvidado a los lectores la genialidad navideña de Mingote (En esta casa, como somos laicos, no celebramos la Navidad, sino el santo de mi señora, que se llama Natividad), cuando nos regala esta nueva viñeta que ilustra este comentario. No se puede expresar mejor. Estos mismos barandas que, mientras parecen recibir deferentemente al cardenal Bertone, no tienen inconveniente alguno en estar presentando en las Cortes inaceptables proyectos de Ley contra la vida humana y contra la libertad religiosa, tampoco tendrán reparo, dentro de unas semanas, en hacerse ver en las procesiones de Semana Santa. Es rizar el rizo de la incoherencia. Por desgracia, no es una exclusiva española, que ahí tienen ustedes al todopoderoso señor Obama decidiendo, de hecho, lo contrario de lo que dice de palabra, mientras reza con la cabeza agachada. Es la viejísima y rancia historia de la miseria de la condición humana.
Un inefable editorialista de El País acaba de escribir, refiriéndose a la reciente decisión del Papa sobre los seguidores de Léfèbvre: «Benedicto XVI adoptó el pasado sábado una decisión que revela el signo que quiere imprimir a su papado y que puede acarrear graves consecuencias para la Iglesia». ¡Bendito sea Dios! No sabe uno con qué conmoverse más, si con la perspicacia del editorialista definidor de signos eclesiales, o con su grave preocupación por el futuro de la Iglesia. ¡Qué pandilla de hipócritas! ¡Y qué atrevida es la ignorancia! Son los mismos que, complacientes con su señorito de la Moncloa y sus de la vegas y pajines, alonsos, rubalcabas, pepiños y demás mariachis, no han dudado en dar por cerrado lo de la objeción de conciencia al lavado de cerebro de Educación para la ciudadanía, en cuanto el Supremo, tan obsequioso como ambiguo, ha abierto la boca para sentenciar sobre cuatro casos concretos. Con gran lucidez, un analista político tan serio como Justino Sinova ha escrito, bajo el título El caso no está cerrado: «Todo esto sería innecesario si el Gobierno de Zapatero no hubiera creado esta asignatura perfectamente prescindible, porque los valores constitucionales han de estar presentes en el ámbito continuo de la educación». No hace mucho, un intelectual progre, Javier Pérez Royo, se dolía de que monseñor Amato hubiera hablado de Estadolatría en España, cuando, efectivamente, el arzobispo Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos no tuvo pelos en la lengua al afirmar que la asignatura Educación para la ciudadanía es «una intromisión estatal absolutamente ilegítima». Y el intelectual Royo malpreguntaba: «¿Por qué no se denuncian de una vez por el Estado los Acuerdos con la Santa Sede?» Pues ya se lo voy a contestar yo: porque esos Acuerdos tienen rango de Tratado internacional, y porque el pueblo español, mayoritariamente, no quiere que sean denunciados; vamos, que no le da la gana. Y, por cierto, no es lo mismo el pueblo que los que dicen representarlo y lo que hacen es manipularlo política, económica, ideológica y legislativamente, con la impagable ayuda de sus ruinosas cadenas de televisión y de sus intelectuales de nómina.
«A nadie debe molestar que se explique la Constitución o cómo se utiliza un preservativo», ha sentenciado esa lumbrera de Occidente que responde al nombre de Pepiño. Ése es el nivel, eso es a lo que llaman Educación para la ciudadanía: viene a darles lo mismo la Constitución que cómo usar un preservativo. Todavía tiene uno que ver en los andenes del Metro la cara de asco de la gente decente cuando ve los carteles cutres y zafios de la última campaña del ministro Bernat Soria sobre el preservativo, con una bochornosa firma debajo: Gobierno de España. Eso es, por lo visto, lo que quieren enseñarles a nuestros hijos. ¡Hace falta ser deficientes! El tal Pepiño no se recata de ir diciendo por ahí que él es creyente, pero no dice en qué. ¿En qué creerá de verdad, si es que cree en algo? Es bochornoso que un Vicesecretario General del PSOE tenga la desfachatez de afirmar que «enseñar cómo se coloca un preservativo forma parte de nuestros valores». ¿Qué entiende esta gente por valores? ¿Tal vez, como hace Touriño, el Presidente de la Xunta de Galicia, comprar sillas cada una de las cuales vale cuatro veces más que el salario mínimo? ¡Toma valores!
Gonzalo de Berceo