Alfa y Omega > Nº 627 / 5-II-2009 > Desde la fe
Monseñor Carlos Osoro, arzobispo electo de Valencia:
«La Iglesia fue la primera en hablar de derechos humanos»
Valencia tiene nuevo arzobispo. Dicen que se trata de la segunda diócesis más importante de España, pero lo cierto es que monseñor Carlos Osoro, hasta ahora arzobispo de Oviedo, le había cogido un cariño especial a la tierrina, hasta el punto de haber elegido incluso el lugar, Covadonga, donde le hubiera gustado ser enterrado.
Han sido siete años clausurados por acontecimientos tan importantes como el Año Santo de la Cruz, que acaba de finalizar hace pocas fechas, o por el Sínodo diocesano recientemente inaugurado


Monseñor Osoro preside una celebración en la cueva
de la Santina, la Virgen de Covadonga
¿Con qué se queda, después de todos estos años en Asturias?
Me llevo el cariño de los asturianos, y me llevo también la impronta y la manera de ser, el tener un corazón grande, un corazón que tiene capacidad para acoger a tanta gente, para poder entenderse entre personas que piensan de forma diferente.

En Asturias ha tenido mucha relación con la gente joven. ¿Qué ha aprendido de esta experiencia?
A mantenerme joven, entre otras cosas. A conocer su modo de pensar, a saber las preguntas que ellos se siguen haciendo... Yo creo que me ha mantenido con el corazón, a pesar de mi edad, con una juventud que, si no hubiese estado con ellos es probable que no fuera así
A los jóvenes se llega perfectamente: hay que quererlos y creer en ellos.

El cardenal Bertone ha venido a España, invitado por la Conferencia Episcopal Española, y hablará sobre los derechos humanos. ¿Cuál es el mensaje que la Iglesia tiene que decir en este tema, cuando parece que se quiere dar una vuelta de tuerca y admitir supuestos nuevos derechos, que en realidad violan derechos fundamentales?
La Iglesia ha sido la primera que habló de los derechos humanos, hace muchos siglos. La Iglesia tiene un patrimonio humano y espiritual que debe seguir ofreciendo, y estoy seguro de que el cardenal Bertone va a desarrollar este tema de una manera excepcional.
Además, se el viaje incluye reuniones con diferentes mandatarios del Estado. No sé exactamente sobre qué temas va a hablar con cada uno, pero hay algunos especialmente importantes, como la libertad de la Iglesia, la enseñanza religiosa, la asignatura Educación para la ciudadanía, la libertad y el derecho de los padres a poder elegir la educación que desean para sus hijos y que no se les imponga cómo entender la vida..., que seguramente estarían previstos.

La comunidad cisterciense se va de Valdediós, y en su lugar vendrá una comunidad muy joven, creada en 1975, llamada la Comunidad de San Juan... ¿Qué cree que aportará esta Comunidad al Conventín, y a la Iglesia en Asturias en general?
El día 26 de enero es el cierre, por parte de la Santa Sede, de la Comunidad del Císter. Efectivamente, entra en su lugar la Comunidad de los Hermanos de San Juan, una comunidad muy joven, que creo que pueden aportar mucho. Pero a pesar de su juventud, son muy numerosos.
Es la primera vez que entran en España, aunque ya están extendidos en otros muchos países del mundo y tienen una especial dedicación al mundo de los jóvenes. Ellos son jóvenes universitarios que un día se encontraron con Nuestro Señor y que tomaron la decisión de entregarle la vida entera. Creo que es una comunidad con un atractivo muy especial.

En las cartas que escribe mensualmente a los niños asturianos, siempre incluye varias actividades para que las realicen en grupo o en familia. Después les pide que le manden los dibujos y los trabajos que propone. ¿Qué le dicen los niños en sus cartas de respuesta?
La verdad es que me responden bastantes niños. Suelo tener unas 200 o 300 cartas todos los meses, que guardo, porque es un patrimonio precioso. Dicen cosas muy bonitas, cosas de niños, con mucha verdad y mucha limpieza de corazón. Sus dibujos lo expresan todo. Normalmente les contesto, y en el caso de la última carta, les prometí unos premios que aún tengo que pensar en qué van a consistir.

Asturias ha debido marcarle mucho. Tenía usted incluso elegido un lugar para ser enterrado en Covadonga... Por curiosidad, ¿qué lugar era ése?
Cuando uno viene de obispo, lo cierto es que no busca promociones, ni piensa en que se va a marchar. Viene a entregarse y a dar la vida por el pueblo que Dios le encomienda. Me gustaba Covadonga, porque allí va mucha gente a rezar, y pienso que de esa forma alguien rezaría por mí. En la cripta de la basílica de Covadonga es donde menos daría la lata y donde, cuando la gente entrase allí, ya que es lugar de confesiones, de oración y de adoración, se acordarían de mí algo.
Anabel Llamas Palacios
© 2006. Alfa y Omega, Semanario católico de información. Fundación San Agustín, Arzobispado de Madrid