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XIV Edición de los Premios Alfa y Omega al mejor cine del año
Un cine a favor de la vida
Al menos cinco películas a favor de la vida se estrenaron en 2008: Juno; Bella; 4 meses, 3 semanas, 2 días; La escafandra y la mariposa; y The Princess of Nebraska. Cuatro de ellas relativas al drama del aborto y una, a la cuestión de la eutanasia.
En un momento en que la dignidad de los seres humanos más débiles es impunemente atropellada por legisladores y políticos de numerosos países civilizados, parecen emerger películas contracorriente que celebran el valor positivo de la vida, aún en circunstancias de extremo dolor...
Y no son películas militantes, discursivas o reaccionarias, ni están dirigidas por líderes pro-vida. Son historias humanas sinceras y conmovedoras, que testimonian con sencillez la alegría de vivir. El 2008 también nos ha dejado películas que se han acercado con una mirada esperanzada a los conflictos internacionales más preocupantes: Israel, Palestina, Afganistán... son tratados con inteligencia en títulos como Oh, Jerusalén o Cometas en el cielo, películas que anteponen y prefieren lo que une a los hombres por encima de lo que les separa. Por otra parte, cintas como En el valle de Elah critican las nuevas formas de guerra y de intervención militar, alejadas de códigos nobles y principios morales, y otras como La ola nos alertan de las tentaciones populistas y autoritarias que pueden florecer fácilmente en el Occidente sumido en una crisis moral, económica y cultural. Tampoco falta la mirada crítica y, a la vez, luminosa y optimista de cintas de animación como Wall-E o Horton. Un año cinematográfico, en fin, que pone el dedo sobre muchas llagas.
Mejor película
Mejor guión
Fotograma de Juno
Juno, de Jason Reitman y guión de Diablo Cody
El hijo del famoso director y productor Ivan Reitman, el joven canadiense Jason Reitman, que debutó con una inteligente comedia ácida en torno al mundo de las tabaqueras, Gracias por fumar, en Juno afronta, con frescura y talento, un tema nada fácil y rodeado de tópicos: el embarazo no deseado de una adolescente de dieciséis años. Juno -genialmente interpretada por Ellen Page- es una chica de Minnesota, hija de padres separados y de poco nivel cultural. Ella tontea con el buenazo de Bleeker, un chico del instituto, tímido y apocado. Un día, Juno queda embarazada. La primera opción es el aborto, casi como una respuesta automática, pero enseguida ella se da cuenta de que hay alternativas humanas. Pero lo que Juno tiene claro es que no está en condiciones de ejercer de madre. Ella, junto a su amiga Leah y sus padres, recorrerán un camino hermoso para llevar a buen puerto la inesperada situación.
Juno es una comedia de estilo indie, no estrictamente realista, sino con ese aire poético, intrahistórico y amable que destilaban las películas de Capra. Gracias a ello, las críticas sociales de fondo que plantea, que son unas cuantas, son fácilmente digeribles y asumibles. Pero no se trata sólo de una película a favor de la vida, en el sentido de que plantea salidas humanas a un embarazo no deseado; sino que la película reivindica también la familia como el lugar necesario para impedir la autodestrucción en una situación dramática; hace ver explícitamente cómo un amor entregado y verdadero debe preceder a una relación sexual plena; y plantea cómo la vida del niño es un bien objetivo, independientemente de cuáles sean las circunstancias en las que ha sido engendrado. El guión de esta grata historia, ganador del Óscar al mejor guión original, está escrito por Diablo Cody, una joven de Chicago nacida en una familia católica, que se ganaba la vida como stripper y teleoperadora de una hot-line antes de empezar a escribir. No es sospechosa de no saber nada de la vida.
Mejor director
Mejor película a favor de la vida
La escafandra y la mariposa, de Julian Schnabel
Julian Schnabel
El cineasta neoyorkino Julian Schnabel se trasladó a Calais y a Lourdes para rodar un film enteramente francés. Quería llevar al cine La escafandra y la mariposa, el relato autobiográfico de Jean-Dominque Bauby. El reto era enorme, pues este libro describe las experiencias de su autor después de que sufriera un accidente cardiovascular y que le dejó en estado vegetativo. Se comunicaba a través del parpadeo de uno de sus ojos. Le deletreaban el abecedario y cada vez que cerraba el ojo significaba que elegía esa letra, y así iba formando palabras. E incluso llegó a dictar el libro del que hablamos. Jean-Dominque Bauby era el redactor-jefe de la revista Elle, tenía hijos, amante y una vida llena de éxitos profesionales. La brutal enfermedad le enseñó a mirar la vida de otra manera. Su pasado y sus relaciones familiares adquirieron un nueva perspectiva y fueron profundamente revisados en su conciencia. Los recuerdos y la imaginación se convirtieron en aliados de su energía vital y de su anhelo de salir adelante. Desgraciadamente, Bauby apenas logró sobrevivir poco más de un año, pero su libro -y el film- es un testimonio hermoso de amor a la vida. Éstas fueron las últimas palabras del libro: «¿Existen en el cosmos llaves que puedan abrir mi escafandra? ¿Una línea de Metro sin final? ¿Una moneda lo bastante fuerte para comprar mi libertad? Hay que buscar en otra parte. Allá voy». La esperanza frente a la desesperación.
Secuencia de La escafandra y la mariposa
Llevar estas circunstancias al cine era muy difícil y, para poder asumir el reto, Schnabel contó con uno de los mejores guionistas británicos, Ronald Harwood, cuyas adaptaciones de la literatura son muy notables. También se apoyó en un reparto muy estudiado, encabezado por el conocido actor francés Mathieu Amalric, y con figuras como el veterano Max von Sydow -en un delicioso papel de padre del protagonista- y Olatz López Garmendia, esposa de Schnabel, que encarna también a un precioso personaje lleno de piedad cristiana.
La escafandra y la mariposa tiene muchos ecos -incluso visuales- de El mundo de Marty, otra película francesa que se centraba en un personaje hospitalizado que tampoco podía moverse ni comunicarse. Sin embargo, son muy diferentes, ya que la actual es mucho más punzante, más precisa y aguda en sus toques de verdadera humanidad. Las secuencias del diálogo telefónico de Bauby con su padre, de las reflexiones sobre sus hijos o de los consejos de aquel amigo al que cambió un billete de avión no son sólo fruto de un buen guión: necesitan detrás a un hombre de verdad. Desde el punto de vista formal, el film es arriesgado, sobre todo en su primera media hora, dominada por planos subjetivos del protagonista. A medida que él empieza a salir de sí mismo, la cámara también lo hace, y comenzamos a tener un punto de vista más amplio.
Mejor actor principal
Tommy Lee Jones por En el valle de Elah
Tommy Lee Jones, en El valle de Elah
La cuestión de Iraq se ha consagrado ya como un argumento cinematográfico que está a punto de situarse al mismo nivel que la guerra del Vietnam, en cuanto a recurrencia se refiere. Este film, del cineasta canadiense Paul Haggis (Crash), propone una aproximación inteligente, crítica pero no sectaria, que trata de reflexionar sobre las causas y factores más profundos que convergen en el conflicto. El film se inspira en un artículo periodístico de Mark Boal que se llamaba Muerte y deshonor, y tiene el tema de Iraq como telón de fondo de un drama personal, el de un padre que busca a su hijo y que va descubriendo una verdad insospechada. Tommy Lee Jones encarna con maestría y convicción a Hank, un veterano de guerra americano, modelo coherente de una cierta concepción tradicional de América y de la vida. Ha perdido ya un hijo en Iraq, y el otro, Mike, que supuestamente ha regresado de permiso, ha desaparecido. Hank va descubriendo que ni su hijo era lo que él pensaba, ni la policía, ni la guerra, ni los marines. Se da cuenta de que el mundo que él representa ha periclitado, y que el valor de las tradiciones que él encarna, se ha evaporado en los nuevos tiempos. Hank comprende que Estados Unidos sufre una enfermedad moral.
Algunos críticos rechazan la claridad de sus símbolos y metáforas, como la referencia a David y Goliat, o la bandera americana puesta del revés, señal de socorro internacional para un país en estado de emergencia, pero en realidad nunca son utilizados gratuitamente, y son muy coherentes con el resto del film. A pesar del juicio desconsolado que atraviesa el film, cabe considerarlo como un film esperanzado, ya que se intuye como solución una recuperación de los valores que encarna el personaje de Tommy Lee Jones, unos valores que no disocian guerra de justicia ni de moralidad. Aunque En el valle de Elah está por debajo de Crash, incluso a nivel de eficacia narrativa, es una de las películas más inteligentes del año, una película que hace cuentas con el presente y que prima a los personajes sobre las ideologías.
Mejor actor de reparto
Ciarán Hinds por Un gran día para ellas
Ciarán Hinds, en Un gran día para ellas
Basada en una novela de la inglesa Winifred Watson, esta película se inicia con la Segunda Guerra Mundial y sigue los pasos de Miss Pettigrew, una institutriz londinense, ya cincuentona, cuestionada por su carácter directo y austero. Por una casualidad, Pettigrew acaba en la casa de la alocada actriz y cantante Delysia Lafosse, que juega al amor a tres bandas: con el hijo de un empresario teatral, con el dueño de un club nocturno y con un joven pianista, que la quiere de verdad. Las dos mujeres vivirán juntas un agitado día, plagado de equívocos y enredos.
Medio inglesa, medio estadounidense, esta película consigue plenamente el cóctel mágico de las grandes screwball comedies del cine clásico: diálogos divertidos e inteligentes, unas interpretaciones emotivas y expresivas, aun a costa de la contención dramática; y una puesta en escena ligera y sustancial a la vez. Todo ello lo maneja el indio Bharat Nalluri con evidente soltura, aprovechando al máximo la esmerada ambientación y poniéndose siempre al servicio del guión y el reparto, del que surge un memorable duelo interpretativo entre Frances McDormand y Amy Adams. El personaje que interpreta Ciarán Hinds encarna magistralmente el ideal de caballero romántico, siempre contenido pero galante, el hombre de mundo que se fija en la más humilde y fracasada de las muchas mujeres deslumbrantes que le rodean. Una deliciosa historia clásica que recuerda al hermoso desenlace de la Cenicienta.
Mejor actriz principal
Tammy Blanchard por Bella
Tammy Blanchard, en Bella
Tammy Blanchard es un pilar indiscutible de la película Bella, dirigida por el mejicano Alejandro Monteverde. La película, protagonizada por ella y por Eduardo Verástegui, cuenta una hermosa y sencilla historia: un famoso futbolista adquiere una sensibilidad especial hacia el valor de la vida tras un desgraciado accidente. Esa sensibilidad tendrá que ponerse en juego cuando despidan a una compañera de trabajo embarazada, interpretada precisamente por Tammy Blanchard. El film opta radicalmente por una ausencia de discursos a favor de la sugerencia silenciosa y elíptica. En el film no se discute sobre Dios, el aborto o sobre decisiones morales: todo se plantea en clave de miradas silentes y hechos discretos. Esta opción es un gran acierto, ya que nadie es juzgado en el film y se ahuyentan los adoctrinamientos moralistas.
Si el film es un indudable canto a la vida, en la línea de Juno, lo es incluso más a la familia, entendida como factor de estabilidad social y personal insustituible. La familia como lugar de acogida y de perdón, como espacio donde la diferencia es abrazada y celebrada, y todo ello tratado con un humor que recuerda Mi gran boda griega, o Bodas y prejuicios. Por otro lado, la película es tremendamente latina, y reivindica una forma de vivir hispana en medio de la sociedad neoyorkina. Una forma de vivir en la que la familia y la religiosidad cristiana forman una amalgama en la que es posible preservar una identidad a contracorriente de los contravalores en boga.
Mejor actriz de reparto
Patricia Clarkson por Lars y una chica de verdad
Patricia Clarkson,
en el film Lars y una chica de verdad
El famoso director de publicidad australiano Craig Gillespie sorprendió con la comedia Lars y una chica de verdad. El film está realizado a partir de un guión escrito por la dramaturga y guionista de televisión Nancy Oliver, que debutó en el cine con este libreto que le valió una nominación al Óscar al mejor guión original. El argumento nos cuenta el proceso de sanación mental de Lars, un joven enormemente tímido y dulce que vive en una pequeña localidad junto a su hermano y su cuñada. Su incapacidad de relaciones y su aislamiento deliberado desembocan en un grave delirio que requerirá de la colaboración de todos sus paisanos, una colaboración guiada por la doctora Dagmar, interpretada por Patricia Clarkson.
Uno de los encantos del film es la inexistencia de personajes antagonistas. Todos son buenas personas, y el malo de la película es el desequilibrio psicoemocional de Lars, al que hay que tratar de vencer. En ese sentido, se trata de una película bastante coral y muy capriana, ya que la idea que la atraviesa la deja clara el sacerdote del pueblo en su primer sermón: «Hay miles de libros con cientos de leyes, pero para nosotros sólo hay una ley: el amor». En la rica galería de personajes que nos ofrece el film, hay muchos tocados por imperfecciones y defectos, pero juntos forman un retablo sobre la grandeza humana y la limpieza de corazón. Otro encanto es la forma que tiene el film de afrontar la cuestión terapéutica. Se podría decir que es un monumento al realismo. La clave está en la declaración de la doctora Dagmar en alusión al delirio de Lars: el delirio es real, luego no tiene sentido discutir lo que debiera o no debiera ser. Es real y hay que caminar a partir de ahí. Esta postura, que cuenta con muchas oposiciones iniciales en unos cuantos personajes, especialmente en el hermano de Lars, es la que permite la sanación del protagonista de una forma humana. Es hermosa la postura del sacerdote, que enseguida comprende que la propuesta de Dagmar es la que abraza con más amor la psicopatía de Lars.
Mejor fotografía
Imagen de Mongol
Rogier Stoffers y Sergey Trofimov por Mongol
Impresionan la fotografía y las localizaciones de esta coproducción épica entre Alemania, Kazajistán, Rusia y Mongolia, dirigida por el ruso Sergei Bodrov. La película cuenta la historia de Temudgin, el hijo de un gran jefe mongol que es obligado a elegir esposa con nueve años. Se decide por una niña que será ya el amor de su vida. Pero para Temudgin comienza una dramática historia de guerras, prisión, esclavitud y penuria que, sin embargo, terminarán haciendo de él el hombre más poderoso de Mongolia: Genghis Khan.
Religiosidad, amor a la tradición, exaltación del perdón, fidelidad en el amor, son los valores que exalta este film entre batallas sangrientas y paisajes abrumadores. Deja de lado la tecnología digital a lo Zhang Yimou y nos ofrece una historia épica de carne y hueso, con los efectos especiales de toda la vida con salsa de tomate en vez de sangre. A pesar de algunos ralentizados efectistas, la película supura autenticidad, es cautivadora, tiene una música magnética y una fotografía luminosa extraordinaria. Sin duda, estamos ante una de las cumbres del moderno género épico oriental.
Mejor película sobre el hecho cristiano
Guadalupe, de Santiago Parra
Escena de Guadalupe
La película, producida bajo el sello de Dos Corazones Films y con la colaboración de las productoras catalanas Clim Mountain y Frame 25, está dirigida por el franco-ecuatoriano Santiago Parra, y cuenta, en el marco del 475 aniversario de las apariciones de la Virgen de Guadalupe, un drama familiar ambientado en la actualidad. Partiendo del enigma de las apariciones de la Virgen de Guadalupe, refleja cómo el poder de aquella imagen sigue hoy igual de vivo y eficaz que hace quinientos años, a través de los ojos de un agnóstico, en medio de una situación familiar conflictiva. José María y Mercedes, dos hermanos que crecieron en España con su abuela, tuvieron una infancia crítica frente a la pérdida de sus padres que nunca conocieron. Cuando su abuela muere, descubren un cuadro de la Virgen de Guadalupe frente a su lecho de muerte. Intrigados por el cuadro de la Patrona de México en medio de un pequeño pueblo español, ambos hermanos emprenderán una búsqueda histórica y arqueológica que los traerá a México. Lo que originalmente empezó como un estudio científico de la Virgen, se transforma en un descubrimiento personal que los hará enfrentarse a su propio pasado, y a sus propios corazones.
Entre el reparto de la película se encuentran los actores catalanes Aleix Albareda, Ivana Miño, Angels Poch, Marta Martorell, así como Eric Arquimbau y Gemma Guilemany.
Mejor banda sonora
Alberto Iglesias por Cometas en el cielo
Fotograma de Cometas en el cielo
Tras Descubriendo nunca jamás, el polifacético Marc Forster afrontó la adaptación de Cometas en el cielo, el best-seller de Khaled Hosseini. La acción se inicia en San Francisco, en el año 2000, y sigue los pasos de Amir, un joven escritor de origen afgano que rememora dolorosos recuerdos de su infancia en Kabul y, en concreto, su singular amistad con el leal Hassan, hijo de un sirviente de su padre. Después de que ambos triunfen en un concurso de cometas, su amistad es trágicamente puesta a prueba por un grupo de jóvenes talibanes. Rodada en China, y dialogada en dari y pastún, esta película desarrolla una bella historia de amistad, traición y redención, elogiosa de la sincera religiosidad musulmana de los personajes, y ponderada en su repaso realista de la dramática historia reciente de Afganistán. La película es un drama con redención, y ofrece una mirada humana sobre situaciones y conflictos nada complacientes. De esta manera, arranca unas cuantas secuencias conmovedoras y de gran belleza visual, en las que brilla con luz propia la sensacional partitura de Alberto Iglesias, que optó al Óscar 2007.
Mejor película familiar
Horton, de Jimmy Hayward y Steve Martino
Fotograma de Horton
Horton es un imaginativo elefante que un día oye un débil grito de auxilio proveniente de una diminuta mota de polvo que flota en el aire. Aunque todavía no lo sabe, esa mota alberga una ciudad entera llamada Villaquién, habitada por los microscópicos Quién, a cuya cabeza está el alcalde. A pesar de ser objeto de las burlas de sus vecinos, quienes piensan que no está en sus cabales, Horton está decidido a salvar a la partícula, porque «una persona es una persona, por muy pequeña que sea». De la mano de los creadores de Ice Age, nos llega esta película de animación en 3D que, a pesar de estar dirigida a los más pequeños, cuenta con un guión tan original como entretenido y que da como resultado una película divertida, fresca e interesante.
La película, con unos entrañables diseños de personajes, está llena de metáforas muy elocuentes para el público menos infantil. Así se puede decir que, además de exaltar la familia y el sacrificio por el ideal, la película habla de Dios, que cuida del mundo, pero que no es escuchado, y del valor de la vida. Cuando se afirma varias veces que una persona es una persona, por muy pequeña que sea, ¿cómo no pensar en los embriones humanos? En fin, una película divertida para los pequeños y provocadoramente positiva para los más grandes.
Mejor drama histórico
Oh, Jerusalén, de Chris Kraus
Un momento de Oh, Jerusalén
Por fin llegó la esperada adaptación cinematográfica de la famosísima novela Oh, Jerusalen!, que en 1971 escribieron Dominique Lapierre y el ya desaparecido Larry Collins. El 14 de mayo de 1948, en Tel Aviv, el judío polaco Ben-Gurión proclamó la independencia del Estado de Israel. En ese momento, le declararon la guerra siete Estados árabes: Egipto, Siria, Jordania, Líbano, Iraq, Arabia Saudita y Yemen. Fue el comienzo de la Guerra de Independencia de Israel. Éste es el trasfondo de la novela en la que el lector se enfrenta a los diversos sujetos del conflicto: los británicos, las tropas de Abdel Kader y de la Legión Árabe, los combatientes del Irgún y del grupo Stern, y los distintos agentes secretos. Pero la novela prefiere contar todo desde diferentes puntos de vista, a través de dos amigos, uno árabe y otro judío. La adaptación cinematográfica ha sido responsabilidad de Elie Chouraqui, que la rodó en 2006 con dinero francés, británico, italiano e israelí. La protagonizan Saïd Taghmaoui, J.J. Feild, Patrick Bruel, Ian Holm, Maria Papas, Tovah Feldshuh y Cécile Cassel. El director, de origen judío, aborda con éxito una dificilísima adaptación, y expone aquellos hechos complejos con gran capacidad de síntesis y claridad pedagógica. Aunque hubiera necesitado un poco más de presupuesto para los efectos especiales, y algunos flashbacks del Holocausto resultan demasiado didactistas, lo cierto es que la película funciona, tanto en el plano de la recreación histórica, como en el nivel emotivo y dramático de los personajes. Una puesta en escena a veces esquemática y una fotografía dura y contrastada están al servicio de una historia que habla de cómo lo humano debe estar por encima de la política.
Mejor película de tema educativo
La ola, de Dennis Gansel
Cartel de La ola
Esta impactante película del joven cineasta de Hannover, Dennis Gansel, que en España sorprendió gratamente hace un par de años con Napola, ha supuesto un revulsivo en la sociedad alemana. Basada en un caso real, la película nos cuenta lo que sucede en un instituto, cuando durante una semana al profesor Rainer Wenger se le ocurre la idea de un experimento que explique a sus alumnos cuál es el funcionamiento de los Gobiernos totalitarios. En apenas unos días, lo que comienza con una serie de ideas inocuas como la disciplina y el sentimiento de pertenencia grupal, se va convirtiendo en un movimiento real: La ola. Literariamente, el film cuenta con un guión del director y de Peter Thorwart, basándose en el relato corto del profesor Ron Jones y en la obra que Johnny Dawkins y Ron Birnbach escribieron a propósito, The Wave.
El personaje más interesante es el de Tim, interpretado por Frederick Lau, y que encarna a un alumno que se siente muy poco querido en su casa. Su motivación principal es sentirse afectivamente acogido. Por eso le vemos regalar droga a sus compañeros de instituto, en vez de venderla, con el fin de caer bien, de sentirse valorado y apreciado. Por eso él va a recibir la ola como si se tratara de la anhelada respuesta al deseo de su corazón. Algo similar le va a ocurrir a Marco (Max Riemelt, Napola), que, ante la infidelidad entre sus padres, aspira, en sus palabras, a una experiencia de unidad, algo que la ola parece proporcionarle. También el profesor Wenger (Jürgen Vogel) experimenta sensaciones nuevas y gratificantes cuando se ve venerado y seguido incondicionalmente por un colectivo tan fiel. El contrapunto lo da Karo (Jennifer Ulrich), una chica educada en un ambiente familiar estable, excesivamente liberal, pero en el que se valora la libertad como clave del proceso educativo. Ella es la primera en detectar que el experimento es nocivo y alienante, y por ello se va a convertir en la enemiga excluida del grupo.
El film plantea que el éxito del totalitarismo -sea fascista, nacionalista o socialista- no está en los valores ideológicos -que La ola no tiene-, sino en las necesidades afectivas y de sentido de cada persona. En una sociedad de pertenencias precarias, de falta de estímulos, de desorientación referencial, la pertenencia fuerte a un grupo carismáticamente guiado se convierte en un apetecible espejismo al que agarrarse como un clavo ardiendo. Así, grupo totalitario y secta son dos conceptos mucho más hermanados de lo que podría pensarse. Casos como ETA y kale borroka son perfectamente explicables desde los planteamientos del film. La puesta en escena es dura, contundente, heavy y juvenil, de ritmo marcado, y no nos ahorra descripciones realistas del ambiente del botellón. A pesar de su desnudez e inmediatez, el film es de gran valor educativo, y jóvenes a partir de dieciocho años pueden encontrar en él razones para una reflexión urgente y necesaria sobre el sentido de la vida en una sociedad que se desmorona.
Mejor película de animación
Wall-E, de Andrew Stanton
Imagen de Wall-E
Un año más, Alfa y Omega premia a la factoría Pixar, en este caso por una nueva obra maestra. Una película casi muda nos cuenta la historia de un pequeño y simpático robot limpiador situado en un futuro lejano. El planeta Tierra está desolado por la contaminación y se ha convertido en un gran basurero de desperdicios. No hay allí ni un solo ser humano y ningún ser vivo es capaz de subsistir en tales condiciones ambientales. El único que se mueve por ese desierto es un pequeño robot llamado Wall-E, que se dedica a amontonar las ingentes cantidades de desechos. Su monótona existencia cambia cuando los humanos -que ahora viven en una enorme y alejada estación espacial- envían a la Tierra otro robot, mucho más sofisticado, con la misión de buscar cualquier signo de vida natural.
Crítica al maltrato medioambiental, exaltación de la amistad y el amor, denuncia de una sociedad hedonista y acomodaticia, son ingredientes de esta cinta llena de poesía y cargada de hermosos homenajes al cine fantástico, como La guerra de las galaxias, o 2001: Una odisea del espacio.
Juan Orellana
Composición del Jurado de los Premios Alfa y Omega de Cine del año 2008
Diseño de Antonio Mesquida
Bajo la presidencia de monseñor César Franco, obispo auxiliar de Madrid, se reunió, para decidir los Premios Alfa y Omega al mejor cine del año, el Jurado compuesto por los siguientes miembros:
José Ángel Cortes Lahera. Doctor en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense; estudios de Artes Liberales en la de Navarra. Cursos especializados sobre escritura de guión con Linda Seger y Frank McAdams. Profesor en la CEU San Pablo, y en la Facultad de Comunicación de Navarra. Autor de, entre otros libros, Entrevistas con directores de cine italiano y La estrategia de la seducción.
Juan Orellana. Director del Departamento de Cine de la Conferencia Episcopal Española. Presidente de SIGNIS ESPAÑA. Profesor en la Universidad CEU San Pablo y director del Máster en Dirección Cinematográfica San Pablo CEU. Director de la revista Pantalla 90. Crítico de cine de Alfa y Omega, Páginas Digital, Libertad Digital y Co-director del programa Pantalla grande, de Popular Tv. Colaborador de la agencia ACEPRENSA. Autor de diversos libros especializados.
Juan Manuel Blanch. Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad CEU San Pablo. Catedrático de Derecho Romano. Académico Correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación. Socio de Honor de la Asociación Universitaria Universitas.
Álvaro Abellán García. Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Profesor de Formación Humanística y de Teoría de la Comunicación en la Universidad Francisco de Vitoria. Máster en Filosofía por esta Universidad. Director de Comunicación de LaSemana.es
Teresa Ekobo. Crítica de cine en La Tarde con Cristina, de la Cadena COPE; de Alfa y Omega y de la revista Pantalla 90, de la que ha sido Redactora Jefe. Miembro de diversos Jurados SIGNIS en Festivales Internacionales de cine.
Excusaron su asistencia, en las deliberaciones finales del Jurado, dos de sus miembros: Juan Manuel de Prada y Amparo del Riego. Como en las ediciones anteriores participaron en las deliberaciones el Delegado episcopal, Alfonso Simón, y el director, Miguel Ángel Velasco.