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Esto ha dicho el Concilio
Venerables hermanos: la hora de la partida y de la dispersión ha sonado. Vais a abandonar la asamblea conciliar para ir al encuentro de la Humanidad y llevarle la buena nueva del Evangelio de Cristo y de la renovación de su Iglesia en la que trabajamos juntos desde hace cuatro años. Momento único éste, de una significación y riqueza incomparables. En esta asamblea universal, en este punto privilegiado del tiempo y del espacio, convergen a la vez el pasado, el presente, el futuro. El pasado, porque está aquí reunida la Iglesia de Cristo, con su tradición, su historia, sus concilios, sus doctores, sus santos... El presente, pues nos separamos para ir hacia el mundo de hoy con sus miserias, sus dolores, sus pecados, pero también con sus prodigiosos éxitos, sus valores, sus virtudes... El futuro está, en fin, ahí, en el llamamiento imperioso de los pueblos a una mayor justicia, en su voluntad de paz, en su sed, consciente o inconsciente, de una vida más elevada: la que precisamente la Iglesia de Cristo puede y quiere darles. Nos parece oír elevarse de todas partes la interrogación de los que miran al Concilio y nos preguntan con ansiedad: ¿No tenéis una palabra que decirnos... a nosotros los gobernantes, los intelectuales, los trabajadores, los artistas..., y a las mujeres, los jóvenes, los enfermos y los pobres? Estas voces implorantes no quedarán sin respuesta. De nuestra larga meditación sobre Cristo y su Iglesia debe brotar en este instante una primera palabra anunciadora de paz y de salvación para las multitudes que esperan. El Concilio, antes de separarse, quiere cumplir esta función profética y traducir en breves mensajes, y en una lengua más accesible a todos, la buena nueva que tiene para el mundo y que algunos de sus intérpretes más autorizados van a dirigir ahora en vuestro nombre a la Humanidad entera.
Pablo VI, Mensajes del Concilio a la Humanidad