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Con ojos de mujer
Eluana Englaro
El nombre de Eluana Englaro salió del anonimato y se convirtió en noticia. Cuando deje de ser noticia volverá al anonimato. Así es la lógica de los medios de comunicación. Hay otra lógica más terrible que consiste en convertir a los seres humanos en objetos, negándoles su dignidad personal. De ésta también ha sido protagonista Eluana.
El sufrimiento humano es un misterio que nos sobrecoge, pero forma parte de la vida. Quien ama y afirma la vida, debe abrazarla en su totalidad, y esto significa aceptar el sufrimiento como una parte de nuestra existencia. Es verdad que podemos y debemos luchar para paliarlo, pero nunca desaparecerá totalmente de nuestra vida en la tierra. La ciencia médica es admirable en muchos sentidos, su lucha contra la enfermedad y la muerte es su razón de ser, y todos estamos con ella en este sentido. Sin embargo, la Medicina pierde el rumbo cuando decide quién tiene derecho a vivir y quién no, porque la Medicina no es dueña de la vida y de la muerte, como no lo es ninguna ideología, por muchos medios que tenga para servir a sus intereses. Es verdad que la Medicina se enfrenta en ocasiones a situaciones límite, la de Eluana podría ser una de ellas. Pero Eluana ha muerto porque le han negado dos medios básicos de cuidado que necesitaba para vivir: la alimentación y la hidratación (la hemos hecho morir como a los niños desnutridos de África a los que les falta comida y agua y cuya muerte tanto nos impresiona). Eluana ha muerto porque nos hemos cansado de tenerle paciencia.
Tras 17 años viviendo en estado vegetativo (creo que habría que revisar este concepto, que no parece el más adecuado para definir un estado que sigue siendo personal), es normal que surjan muchos interrogantes: ¿hasta cuándo?; ¿saldrá algún día de este estado?; ¿estará sufriendo?; ¿nos oye? Son interrogantes que hay que envolver en el amor y el respeto por una persona que se presenta ante nosotros indefensa, sin poder darnos las respuestas que deseamos. Excepcionalmente, alguien ha superado el estado vegetativo y ha podido manifestar que percibía el amor de quienes permanecían a su lado acariciándoles la mano, susurrándoles al oído, rezando una oración a media voz... Eluana podría desde donde está ahora saciar estas curiosidades, pero yo tengo otras preguntas para ella: ¿Qué piensas ahora de la vida y de la muerte? ¿Qué piensas de la enfermedad? ¿Eras persona aún postrada en una cama? Creo que necesitamos un largo silencio para oír sus respuestas a estos interrogantes. Necesitamos situarnos ante la vida con más reverencia y menos precipitación, necesitamos aprender a mirar al sufrimiento a los ojos y perderle el miedo que nos hace tomar decisiones tan monstruosas como la que nos ha llevado a matar a un ser humano. Descansa en paz, Eluana.
Dora Rivas