Alfa y Omega > Nº 637 > Testimonio
Juventud y Familia Misionera
800 pares de brazos para decir Te quiero
Un año más, y ya van nueve. Vuelven del palizón, el domingo de Resurrección, hechos literalmente polvo. Y uno se pregunta qué tendrá esto de las misiones de Semana Santa con Juventud y Familia Misionera, para que cada año sean más -y éste han sido 800- los jóvenes, solteros y matrimonios con niños, que deciden renunciar a una Semana Santa más tranquilita -profunda y bien vivida, pero más tranquilita al fin y al cabo-, para vivirla más plenamente en su dimensión misionera

Sea lo que fuere, tiene algo que ver con lo difícil que resulta hablar de las misiones de Juventud y Familia Misionera, porque hay algo que no se puede contar. Pasa como con el amor, como con el sufrimiento, como con cualquier cosa importante de la vida: que sólo quizás un genio de la palabra es capaz de convertir esa experiencia en letras y, a veces, hasta hacen falta la poesía o la música. Hace falta vivirlo.
La labor de Juventud y Familia Misionera, un apostolado del Regnum Christi y los Legionarios de Cristo, es servir a la Iglesia, ayudar a los sacerdotes diocesanos, ser apóstoles de la nueva evangelización. Evangelizar. Esta palabra, que suena tan extraña hoy, tan de un lenguaje que hay que explicar demasiado, tan a algo que pocos comprarían, se vuelve atractivísima cuando se convierte en vida.
Quien prueba, repite. Quien los conoce, vibra. Esta Semana Santa han colaborado con párrocos en 13 provincias de España. Las familias -un total de 124- han estado en Cuenca, Guadalajara, Burgos, Asturias, Toledo, Badajoz, Sevilla, Valencia, Huesca, Barcelona, Palma y Teruel. Todos los jóvenes -han sido 134- han misionado juntos en Murcia, en Fuente Álamo y Puerto Mazarrón. Les acompañan sacerdotes legionarios de Cristo, que apoyan a los párrocos en las tareas propias del ministerio sacerdotal: confesar, dar la comunión, oficiar celebraciones... Llegan así adonde solos no podrían.
Eleni Barco tiene 23 años. Estudia Administración de Empresas y lleva desde los 16 haciendo misiones en Semana Santa. Cuenta ella misma: «Yo me pregunto: ¿Eres católica? Y me respondo: . ¿Te sientes afortunada? Y me respondo: . Pues ir de misiones es hacer que otros sean tan afortunados como yo. Hay una canción que dice Llévame donde los hombres necesiten tus palabras. Ser misionero es eso: ser mensajero de Dios. Cristo está en la cruz, tiene los brazos clavados, y quiere que tú seas sus brazos para abrazar a la gente y decirles que los quiere, que va a morir y resucitar por ellos».
Con el resto de los jóvenes, ha revolucionado Puerto Mazarrón. Lo cuenta el párroco, don Justo José, que al término de la Semana Santa les pedía un papel para firmar que vuelvan el año que viene: «Han superado todas mis expectativas. La parroquia ha estado inundada de un derroche de alegría, agradecimiento y buena educación. Para la gente ha sido un regalo. Ayer lloraban cuando se despedían. La iglesia ha estado a rebosar. He visto en las celebraciones caras de personas que no esperaba ver. Personas que hacía años que no ponían un pie en la iglesia se han acercado a confesarse gracias al testimonio de estos jóvenes. Un don del cielo».
¡Merece la pena!
El Sábado Santo, organizaron un Via Crucis por el paseo marítimo. «La gente que estaba en la playa, al vernos pasar, se ponía la camiseta y se unía a rezar. Hubo una señora que, sólo por vernos, se puso a llorar. Se acercó a una de las misioneras y le dijo: Siento la necesidad de acercarme a Dios. Por favor, dónde puedo encontrar un sacerdote. Hacía mucho, muchísimo que no se había confesado. No había que hacer nada. Tan sólo ser católico y estar ahí», cuenta Eleni.
Don Rubén Pulido, párroco de más de 50 pueblos en Asturias, aprecia especialmente este valor testimonial. 23 familias han estado de misiones con él en Ponga, Amieva, Cangas y Cabrales: «Ayudan, animan a vivir las liturgias, pero lo más grande es el testimonio que dan. La gente los ve y descubre que hay otra forma de vivir el cristianismo y la relación con Dios, que merece la pena hasta sacrificar las vacaciones para vivir la Semana Santa».
Son familias corrientes. Y son jóvenes corrientes. Algunos del Regnum Christi. Otros, la mayoría, no. Familia y Juventud Misionera ofrece a todo el que quiera ser misionero la oportunidad de ser los brazos de Cristo para decir Te quiero, de compartir el regalo de la fe. Compartiéndola, se hace más fuerte. Y más contagiosa. Así se vence el mal desde el bien. Cristo ha vencido a la muerte. Está vivo. Por eso, muchos dicen estos días que se lo han encontrado.
Amalia Casado
© 2006. Alfa y Omega, Semanario católico de información. Fundación San Agustín, Arzobispado de Madrid