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Exposición de Van G ogh en Ámsterdam
Las luces de la noche
Van Gogh y los colores de la noche reúne, en el Museo Van Gogh, de Ámsterdam, 32 pinturas, 19 obras sobre papel y cinco bocetos en carta que conforman una cita ineludible para los amantes del trabajo del artista. Ésta es la primera exposición dedicada a representaciones vespertinas y nocturnas de Vincent van Gogh
Terraza de un café por la noche. Museo Kroller-Muller, Otterlo (Países Bajos)

La noche de Van Gogh no era oscura ni silenciosa. Al contrario. Era una oscuridad multicolor, de la que surgían interrogantes para el artista sobre la propia existencia, la soledad, la eternidad o la muerte. En muchos de los estudios sobre la figura de Van Gogh, se ha coincidido en su deseo de encontrar consuelo espiritual frente a la soledad y la muerte. Así, en obras como La noche estrellada se refleja el interés del artista por elementos como las estrellas, que vinculaba con la religión. En una ocasión, el pintor manifestó: «Tengo... una terrible necesidad... ¿diré la palabra?... de religión. Entonces salgo por la noche y pinto las estrellas». De hecho son muchos los expertos en la figura de Van Gogh que han encontrado en la Noche estrellada un conflicto entre religión (representada por la iglesia de la imagen) y naturaleza. Las estrellas son de nuevo protagonistas en Noche estrellada sobre el Ródano, donde el artista entremezcla referencias al amor, representado por la pareja que aparece en primer plano, y a la eternidad, plasmada en cielo estrellado que se refleja sobre el río Ródano.
Van Gogh elegía las escenas nocturnas para representar ambientes cotidianos, como el de Los comedores de patatas, donde una familia se reúne alrededor de una cena. En escenas como ésta, el artista expresaba su propio estado de desánimo, valiéndose de la lúgubre luz de la estancia y de los rostros de los personajes. Se trata de una imagen en la que los campesinos expresaban lo duro de la vida rural, y en un sentido más extenso una faceta del sufrimiento humano. Y es que, de la pintura de Van Gogh, se han dicho muchas cosas, una de ellas, que expresa el dolor del mundo. Y no hay duda de que algo místico, espiritual, se desprende de sus cuadros sobre campesinos. Durante años, observa su trabajo, su entorno, su vida familiar y la hace protagonista casi exclusiva de sus cuadros.
Pero cuando Van Gogh recurría a la noche, no sólo la representaba con un ambiente lúgubre y sombrío, sino que hay otra dimensión en su pintura. Un ejemplo se encuentra en Terraza de un café por la noche, una obra que entra dentro de la categoría de pinturas de este autor que buscan iluminar la noche dándole un tinte de alegría y color al paisaje nocturno.
Con colores o sin ellos, todas las obras de Van Gogh son, al final, una muestra de su lucha interior por encontrar respuestas a la soledad, la eternidad, el sufrimiento del hombre o la muerte. Y la búsqueda de esas respuestas en el mundo de la noche, en la representación de escenas cotidianas o de la vida del campo, le llevó a crear su propio mundo lleno de colores, de luces, de incendios... Un mundo en el que el artista quiso ver luces en la oscuridad de un cielo en el que, a menudo, se refugiaba y que, para él, destilaba espiritualidad en cada una de sus estrellas.
V. Gutiérrez