Alfa y Omega > Nº 637 > Mundo
Con la gentileza de

Agencia de información
Con las víctimas del terremoto
En la madrugada del pasado lunes, día 6 de abril, la región de los Abruzos, en Italia (a dos horas de Roma), se despertaba sacudida por un terremoto de intensidad 5,8 en la escala de Richter. Casi trescientos muertos y 1.500 heridos es el resultado de la catástrofe, en la que el Santo Padre ha querido estar presente con numerosas muestras de cercanía y ayuda
El cardenal Bertone preside, en L´Aquila,
el funeral por la víctimas del terremoto en los Abruzos
Benedicto XVI no ha ahorrado gesto alguno para manifestar su cercanía a las víctimas del terremoto en la religión italiana de los Abruzos, cuyos números son de una elocuencia aterradora: al final de esta edición se contaban 294 muertos, 1.500 heridos, 55 mil personas que han tenido que abandonar sus casas...
Poco después de recibir la noticia, el Papa habló con el obispo de L'Aquila, monseñor Giuseppe Molinari, para manifestar su deseo de visitar a los damnificados después de esta primera fase de emergencia, y de este modo no interferir en las operaciones de ayuda.
De su puño y letra envió un mensaje a los familiares de las víctimas y a los afectados, que fue leído por monseñor George Gäswein, su secretario personal, durante el funeral de Estado que se celebró el Viernes Santo: «En estas horas dramáticas, en que una inmensa tragedia ha asolado esta tierra, me siento espiritualmente presente en medio de vosotros para compartir vuestra angustia e implorar de Dios el reposo eterno para los fallecidos, el pronto restablecimiento para los heridos, y para todos el ánimo de proseguir en la esperanza, sin desfallecer ante el desaliento».
La multitudinaria misa exequial fue presidida por el cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado de Benedicto XVI, con la participación del Presidente de la República, Giorgo Napolitano, y del Primer Ministro italiano, Silvio Berlusconi, en la plaza de armas de la academia militar de Copito, el único edificio de este diminuto pueblo, en el oeste de los Abruzos, que no ha sido desalojado.
Los ataúdes de las víctimas, dispuestos en cuatro filas y entre los que destacaban los féretros blancos de los niños, presidían la ceremonia en la que el colorido de las ofrendas de flores contrastaba con la tristeza de los rostros, deformados por el dolor.
«En momentos como éstos, como fuente de luz y de esperanza queda la fe, que precisamente en estos días nos habla del sufrimiento del Hijo de Dios, que se hizo hombre por nosotros», reconocía el Papa en su carta.
Presidió los funerales, en nombre del Papa, el cardenal Tarcisio Bertone, su Secretario de Estado. En la homilía, el legado pontificio explicó que «lo que nos mantiene unidos en esta hora de dolor -como pueblo en camino hacia la eternidad- es el consuelo que nos viene de la fe, ese dulce alivio que mana del encontrar el rostro del Hombre de la Cruz, esa cercanía amorosa con todos los crucificados de la Historia que están esperando la inauguración de la Jerusalén celeste, donde todas las cosas encuentran su belleza originaria y donde todas las lágrimas serán enjugadas».
El Papa ha multiplicado, además, los gestos concretos para tratar de aliviar la situación de los damnificados. Ha enviado un donativo para ayudar en las primeras actividades de reconstrucción; y en Pascua, pidió que mandaran huevos de chocolate a los niños que se encuentran en los campos de damnificados.
J.C. Roma