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Cine: París, París
Solidaridad ante la crisis
La crisis y la realidad del paro hacen que, en España, 3,6 millones de personas vivan momentos difíciles. Los parados han sido la fuente de inspiración de muchas películas -Los lunes al sol; o The Full Monty son dos buenos ejemplos-. Del cine francés llega ahora París, París, con tres protagonistas que, como los de las otras películas, están en paro
Una escena del film
El título original de París, París es Faubourg 36, que remite a un barrio de la capital francesa y a un año, 1936, en los momentos previos a la Segunda Guerra Mundial. Este barrio obrero está situado en una colina desde donde se observa tanto la gran capital como los suburbios: el éxito y el fracaso como las dos únicas opciones de los trabajadores de Faubourg.
En su segundo largometraje, el director de Los chicos del coro, Christophe Barratier, no ha querido hacer una película histórica, aunque refleje la compleja situación previa a la gran guerra; tampoco es un manifiesto político, aunque como telón de fondo exista la realidad del Frente Popular y sus movimientos. Los protagonistas de París, París son tres hombres y una mujer. Los tres hombres, Pigoil, Milou y Jacky, son trabajadores de teatro en paro, porque hace cuatro meses cerró El Chansonia. Pigoil, el tramoyista, personaje al que da vida Gerard Junot, es un padre de familia que ha perdido a su mujer y que también pierde la custodia de su hijo debido a su situación laboral. Milou es electricista y un sindicalista comunista decidido a cambiar el mundo. Jackie, el hombre-anuncio de El Chansonia, no entiende su vida fuera del teatro. Los tres amigos se unen en un osada aventura por reabrir el teatro, alquilándoselo al mafioso dueño, y así recuperar el rumbo de sus vidas. La mujer que se unirá a ellos es Douce, una misteriosa, atractiva y joven cantante a la que fichan por su gran talento.
Cada uno de los personajes tiene una razón para embarcarse en este sueño. Las grandes historias de París, Paris se centran en la lucha de un padre por recuperar a su hijo, la necesaria solidaridad que ha de existir en una comunidad para ayudar a cumplir los sueños de sus miembros, y los sacrificios por amor que siempre han de hacerse.
Cartel de la película
Contado más como un cuento que de forma realista, estos tres parados no se ponen al sol a verlas venir, ni tampoco hacen striptease. París, París es una fábula sobre la esperanza que sostiene a las personas en las situaciones más difíciles, contado como un musical de la vieja escuela. Al igual que en Los chicos del coro, la música no llega como relato de los diálogos, sino en cápsulas que reflejan los distintos números que se hacen en el nuevo teatro, que ahora dirigen los tres parados. Espectáculos sorprendentes, graciosos y también conmovedores (lo disfrutarán más si en la versión que van a ver al cine vienen traducidas las canciones). Música para dejarse llevar y en la que reina el acordeón, en las composiciones de Reinhardt Wagner, con melodías muy armónicas. Todos los detalles están cuidados en Paris, París: una ambientación de cuento que ha hecho que se ruede en Praga, para reflejar el París de aquella época; un colorido vestuario; o la fotografía, de Tom Stern (Cartas desde Iwo Jima, Million Dollar Baby).
Música y cine se besan
Christophe Barratier, guitarrista de formación clásica, ha unido su nueva pasión, el cine, con su gran amor, la música. La actriz Nora Arnezeder, que da vida a Douce, recuerda a estrellas de cine de los años treinta: hermosa, encantadora, canta, baila, actúa..., en una película en la que los personajes secundarios son cómicos de primer nivel, como François Morel, o Pierre Richard, interpretando a un personaje brillante, el Señor Radio, o Monsieur TSF, el locutor que retransmite toda esta aventura. De nuevo Gerard Junot ofrece una interpretación tan conmovedora como efectiva de un personaje muy vulnerable, con una historia que tocará la sensibilidad del espectador.
La superación de la crisis a través de la solidaridad es un tema ya visto en el cine; lo hicieron los trabajadores que deciden montar una hamburguesería ambulante (The Van, de Stephen Frears), los que canalizan sus impulsos combativos soplando los vientos de una orquesta pueblerina (Tocando el viento, de Mark Herman), o los ya mencionados de The Full Monty. En París París, la opción es, además, muy comunitaria y también más musical, en una trama de solidaridad, de hermandad entre trabajadores.
Teresa Ekobo