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Televisión
¿Es Susan Boyle un modelo a seguir?
El mundo entero sabe que existe, en el Reino Unido, una señora muy fea que canta mejor que los petirrojos. «¡Oh petirrojo, canta -decía Gibran-, pues el secreto del infinito está en la canción!» No sé si del infinito, pero el secreto del éxito está sin duda en la promoción televisiva del cantante anónimo. Así son las cosas de la comunicación de masas. Eres un desconocido y, de repente, se te plantan los paparazzi a la puerta de tu casa para buscarte los perfiles. Britain's Got Talent es un concurso de televisión británico al estilo de nuestro celebérrimo Operación Triunfo, con la diferencia de que al programa inglés aspiran candidatos de muchas disciplinas: la canción, el baile, la comedia, etc. Ya sabemos la historia: hace un par de semanas, concursó una señora de belleza estrábica. El jurado se le puso de uñas. El público quería mirar para otro lado para evitar esa vergüenza ajena, tan adolescente, de ver hasta dónde un tercero puede llegar a hacer el ridículo. Sin embargo, Susan Boyle, que así se llama la desconocida, con sólo iniciar los primeros compases de un tema de Los Miserables, provocó el estupor. Las descargas por Internet se cuentan por millones; 26, para redondear.
A mí, personalmente, no me gusta este chute súbito de éxito. Van Gogh no vendió un cuadro en su vida; Picasso, ajeno a la autopromoción, no abandonó un estado de producción voraz; a Marcel Duchamp, cuando le llegó la estación de la esterilidad, dejó de pintar porque «se me habían agotado las ideas». Pero ahora no valoramos el trabajo, ni el recorrido artístico, nada de las crecidas de fortuna en la inspiración, nada de la agonía creativa del artista, nada de nada. Ahora nos hace gracia que una desconocida, perfectamente atípica para subir a un escenario, tenga un don natural. Después de haberle regalado un par de orejas, nos la sacamos a hombros y la paseamos por el mundo entero. ¿Sabe el espectador quién es Anna Netrebko, o Elina Garanca? Son, respectivamente, las soprano y mezzo del momento. El suyo no es un triunfo fortuito ni multitudinario, sino fruto de una excelencia silenciosa. Me entusiasma esta expresión redonda: excelencia silenciosa, porque ésta no tiene un solo rasgo común con el triunfo. Es un modo de vivir en el que nadie llega a visibilizar el trabajo. Se realiza desde el misterio de lo escondido.
Javier Alonso Sandoica