Alfa y Omega > Nº 652 > Ver, oír y contarlo > Contrapunto
Para matar al padre, asesinan al hijo

Es un fenómeno propio de la adolescencia. El destinatario de la ira es el padre, pero la víctima puede serlo cualquiera; con frecuencia lo es el propio chico, entregado a un comportamiento autodestructivo.
Eso es el anteproyecto de ley del aborto. No se trata ya de despenalizar este delito de tapadillo, por la puerta de atrás, como cuando uno hace algo de lo que jamás podría enorgullecerse, movido por inconfesables motivos. La Vicepresidenta Ideológica habla de derecho fundamental. O sea, que el aborto es bueno. ¿Pero dónde está el valor, qué pueden encontrar el Gobierno y un amplio sector de la sociedad de bueno en que una mujer mate al hijo que lleva dentro? Es preciso comprenderlo. El niño es una víctima colateral de las frustraciones de estas personas, de sus iras contra el padre, que en realidad es Madre: la Iglesia. La pretensión de poder liberarse de lo que sienten como una tutela moral asfixiante (la ley moral, en realidad) es tan diabólicamente embriagadora que les lleva a olvidar la terrible aberración que se disponen a perpetrar: reconocer el derecho de matar al hijo. Salvarían cientos de miles de vidas, si emplearan en ayudar a la mujer embarazada con problemas la décima parte de las energías que dedican a intentar matar al padre. Pero el odio les ciega. Les exaspera que siempre tenga razón. Han trabajado duro para dar forma a ese idílico cuadro, promesa de un paraíso cercano, de una Humanidad emancipada y sexualmente liberada. El Papa hace añicos ese cuadro cuando afirma que el sida sólo puede combatirse con un cambio de actitudes. O que la promiscuidad sexual no trae la felicidad, sino dramas personales.
Se disponen a asestar un duro golpe al padre, sin ver que le golpean en los cuellos de sus propios hijos. Se les pasará la rabieta. Sabrán lo que han hecho y sentirán horror. Su padre querrá cubrirlos a besos.
Ricardo Benjumea
© 2006. Alfa y Omega, Semanario católico de información. Fundación San Agustín, Arzobispado de Madrid