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La voz del Magisterio

Hoy la laicidad se entiende por lo común como exclusión de la religión de los diversos ámbitos de la sociedad. La laicidad se manifestaría en la total separación entre el Estado y la Iglesia, no teniendo ésta título alguno para intervenir sobre temas relativos a la vida y al comportamiento de los ciudadanos. Basándose en esta concepción, se habla hoy de pensamiento laico, de moral laica, de ciencia laica, de política laica. En la base de esta concepción hay una visión arreligiosa de la vida, del pensamiento y de la moral, es decir, una visión en la que no hay lugar para Dios, para un Misterio que trascienda la pura razón, para una ley moral de valor absoluto, vigente en todo tiempo y en toda situación. (...) Queridos juristas, vivimos en un período histórico admirable por los progresos de la Humanidad en muchos campos del Derecho, de la cultura, de la comunicación, de la ciencia y de la tecnología. Pero en este mismo tiempo algunos intentan excluir a Dios de todos los ámbitos de la vida, presentándolo como antagonista del hombre. A los cristianos nos corresponde mostrar que Dios, en cambio, es amor y quiere el bien y la felicidad de todos los hombres. Tenemos el deber de hacer comprender que la ley moral que nos ha dado, y que se nos manifiesta con la voz de la conciencia, no tiene como finalidad oprimirnos, sino librarnos del mal y hacernos felices. Se trata de mostrar que, sin Dios, el hombre está perdido y que excluir la religión de la vida social, en particular la marginación del cristianismo, socava las bases mismas de la convivencia humana, pues antes de ser de orden social y político, estas bases son de orden moral.
Benedicto XVI, discurso al 56º Congreso Nacional de la Unión de Juristas Católicos Italianos (2006)
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