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Televisión
Vástagos estalinistas
Lo peor de la visita de Chávez a la Casa del Libro es la imagen que pudiera ofrecernos de inquietud intelectual. Le hemos tratado como al cortesano de Baltasar de Castiglione, consumado experto en letras, galante y gran conversador, que se ganaba la amistad de los príncipes, en su caso la del emperador Carlos V; en el de Chávez, la del inquilino de la Moncloa. Sólo los que padecen la dictadura bolivariana, los ciudadanos silenciados que con cuentagotas se acercan a nuestro país, tienen todas las atribuciones para juzgarlo cumplidamente. Este fin de semana he comido con una familia venezolana, a la que conocí hace años en Madrid, y con quien mantengo relación vía Facebook. «Javier -me decían-, Venezuela se está pudriendo; cuando vinimos para España, el aeropuerto estaba tomado por los militares, y yo tuve que llevar una camisa roja para evitar complicaciones en los interrogatorios de partida». Las noticias andan hoy capitalizadas por los medios del Gobierno de Chávez. Radio Caracas, la emisora que hablaba con objetividad de las atrocidades del régimen, fue secuestrada por el bandidaje gubernamental.
Tenemos la tentación de calificar como populismo la política de un Presidente que ha llegado al poder por vía democrática, pero no es así, es un vástago estalinista que impone leyes a golpe de decreto, como la ley mordaza a la prensa, que en breve dejará a otro canal de televisión, Globovisión, en el limbo de los medios sin atributos. Chávez tuvo que derogar la ley sapo, que implicaba la necesidad de salvaguardar la revolución a través de una red de delatores que informaran a los comisarios políticos de la actitud de ciudadanos díscolos, pero funciona de facto. Aló presidente, el programa que embadurna de pan de oro el icono del Presidente, empezó a emitirse durante la transmisión de los partidos de baseball y fútbol, hasta que los asesores le aconsejaron un freno. La Conferencia Episcopal de Venezuela se ha levantado a favor de las libertades ciudadanas y, claro, el mandarín responde a través de la Ley Orgánica de Educación, que suprime la Religión como asignatura en los colegios, pisoteando el derecho de los padres. Hay muchas familias venezolanas que funcionan como periodistas ciudadanos; sería oportuno husmear en Internet para que no se sientan solos.
Javier Alonso Sandoica