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Entrevista al nuevo Presidente General de la Acción Católica General
«Nuestro fin es el de la Iglesia»
Se llama Higinio Junquera Cimadevilla y pertenece a la diócesis de Oviedo. Desde el pasado 29 de septiembre, es oficialmente el nuevo Presidente General de la Nueva Acción Católica, que ha renacido este verano, tras su Asamblea en Cheste, para dar lugar a un nuevo movimiento eclesial unificado

¿Qué significa ser Presidente de un movimiento como Acción Católica General?
La Acción Católica General es un movimiento fundamentalmente diocesano; es decir, donde está su vida es en las diócesis. La organización de la Acción Católica es como la de la Iglesia, la fuerza reside en cada diócesis y es allí donde, de acuerdo con el obispo diocesano y otras realidades, van labrando su camino. El nivel general de Acción Católica sirve para dar coherencia en el trabajo que se hace en cada diócesis. Aquí unificamos el tema de la formación, la organización; se generan encuentros y recursos, para que en las diócesis se pueda trabajar, etc. Es lo que da unidad y coherencia, entendiendo que ese trabajo tiene que concretarse luego en cada lugar; no tiene sentido que, desde aquí, planteemos un trabajo muy concreto, riguroso y detallado, y no tuviéramos en cuenta las realidades y características de cada diócesis.

Para explicar de dónde vienen... ¿cómo describiría la Acción Católica de antes?
Hay muchos antes: un antes de hace 30, 60 años... La Acción Católica General tiene como lugar de trabajo la parroquia, entendida, no como los locales de la misma, sino como la comunidad parroquial y el entorno al que tenemos que llegar. Es necesario llegar a los alejados. Aspiramos a la evangelización de jóvenes no bautizados, asumiendo que parten de un desconocimiento absoluto de la fe, y de una inexperiencia absoluta de la misma. De lo que se trata es de volver a hacer misión donde hace mucho tiempo que no se hacía, porque los tiempos han cambiado. ¿De dónde venimos? De una Acción Católica, a lo mejor muy rica internamente, pero que no ha salido a los caminos a buscar a la gente. Estábamos muy contentos en casa, pero no salíamos a la calle. Nuestra idea como Acción Católica General, hoy por hoy, es evangelizar, compartir cosas con el resto de la Iglesia, abrirnos hacia fuera y anunciar el mensaje a la gente que no está en la Iglesia.


Monseñor Atilano Rodríguez y don Higinio Junquera
¿Cómo puede concretarse este cambio; qué es la nueva Acción Católica General?
El movimiento va a poner el acento en la labor que tiene que hacer con la gente de la parroquia. Se trata de evangelizar desde allí, y contribuir a que sea una parroquia misionera, unida, que trabaje en una misma línea. Y ahí destaco lo de contribuir, porque nosotros no pretendemos ser nada que no nos toque ser, sino ayudar a que las parroquias caminen en el camino que les corresponde. Nuestro planteamiento es que los militantes de Acción Católica tienen que encontrar su lugar, que no tiene por qué ser el mismo para todos. Habrá unos que acompañen a los niños en catequesis, o a los jóvenes en la Confirmación... Otros pueden descubrir que su lugar es Cáritas, o la formación de un grupo de jóvenes que quieren entrar en el movimiento...
El cambio ha consistido en dejar de preocuparnos tanto por nuestros asuntos internos, familiares, de dentro del movimiento, y salir, y hacer. Vamos a estar donde tenemos que estar, y vamos a proponer la presencia de la gente en el resto de la Iglesia y en la sociedad.

¿Cuándo comenzaron a darse cuenta de la necesidad de este cambio, que por fin se materializó en Cheste, este verano?
En el año 93 ya salió un documento en el que se planteaba la necesidad de repensar la Acción Católica: replantearnos cosas como los medios de llegar a la gente, cómo evangelizar...
Lo que ha pasado en Cheste, este verano, es una concreción de aquello que ya vimos en el año 93, pero 16 años después. Muchas veces los procesos son costosos, y pasa demasiado tiempo; pero nos habíamos dado cuenta de que era necesario un cambio y estábamos en el camino. Ahora hay mucha ilusión, renovación de ganas en gente que ya había perdido esa ilusión y estamos en un momento que creo que tenemos que aprovechar. Además, pienso que contagiamos esa ilusión. Y tenemos la idea de ser más. No por una mera cuestión matemática, sino porque el objetivo de la Iglesia tiene que ser llegar a más gente, anunciando el Evangelio.

¿Existe una vocación concreta para formar parte de la Acción Católica?
El carisma de la Acción Católica es no tener carisma. O tenerlos todos juntos, que viene a ser lo mismo. La Acción Católica es una oferta para el laicado de la diócesis. No es necesario ningún requisito para formar parte de este movimiento. En este sentido, convocamos a todo el mundo, entendiendo que la Iglesia es muy plural, y que luego cada uno puede encontrarse a gusto en otro sitio. Nuestros procesos formativos van a estar muy abiertos. No formamos a gente para que luego se incorporen al movimiento, sino porque creemos que es necesario formar laicos y evangelizar. Si esa gente, después de este proceso formativo, se incorporan a la Acción Católica, estupendo. Pero si se incorporan a otra realidad, estupendo igualmente. Es una convocatoria para todas las personas, asumiendo que la Acción Católica no tiene nada en concreto más que una metodología, que es ver, juzgar y actuar, un estilo de trabajo..., pero la realidad donde la gente puede estar presente es múltiple, variada y libre.

Los participantes en la Asamblea Constituyente
del Movimiento General de Acción Católica, celebrada
en Cheste, los pasados 30 de julio al 2 de agosto
Esto ha sido a veces difícil de entender, hasta para la propia Acción Católica. Nosotros no tenemos otro fin que el que tenga la Iglesia. No tenemos otros objetivos en una diócesis que el que tenga el plan pastoral diocesano. Porque como nos hemos definido y lo que somos desde el Concilio Vaticano II es ser lo que la Iglesia es en cada lugar.

O sea, que su bandera es una fidelidad radical a la Iglesia...
Sí. El planteamiento es ése. Uno puede pensar que es muy fácil. Pero yo siempre digo que es muy comprometedor, que nos compromete de una manera muy seria. Nuestra vinculación con el obispo diocesano tiene que ser muy especial, muy cercana para todo: para estar en línea de lo que plantea la diócesis, o lo que la Acción Católica le pueda plantear al obispo.

Han hablado de la formación como de un puntal necesario. ¿Por qué ese hincapié en este momento en concreto?
Nosotros planteamos, en primer lugar, la necesidad de dar una formación integral en la fe. La persona que se forma con Acción Católica, lo que hace es un proceso formativo con la Iglesia. Ésta es nuestra prioridad ahora mismo.
Para nosotros era muy importante que se hayan unido el movimiento Junior, de niños, el de Jóvenes y los Adultos para poder ofrecer en la Iglesia una Acción Católica sin escalones ni grietas. Ofrecer un proceso para toda la vida, que no estuviera parcelado. De esta forma, una persona que empieza desde niño, tiene por delante un proceso para toda la vida dentro de un mismo movimiento.
A. Llamas Palacios
¿Qué ha pasado con Acción Católica?
Don Pedro Escartín Celaya, Vicario General de la diócesis de Barbastro-Monzón y Consiliario diocesano de Acción Católica (AC), afirma que, en el año 1965, había 107.000 militantes en la Acción Católica. Hoy, en cambio, son unos 6.000. ¿Qué ha sucedido, desde entonces? «Lo que ha pasado son muchas cosas -explica don Pedro-. A partir del año 66 ó 67, se inician una serie de acontecimientos que se acabaron denominando La crisis de la AC; un fenómeno muy complejo que no es posible analizar en dos palabras, pero que, en general, supone una crisis profunda dentro del movimiento y en sus relaciones con los pastores de la Iglesia. Esta crisis empieza a superarse a partir del año 72, cuando la Comisión episcopal de Apostolado seglar saca a la luz un documento muy importante que marcó el cambio de actitud y de relaciones entre el laicado organizado y la jerarquía de la Iglesia en España. Estamos ya en el postconcilio y empezamos una larga etapa de recomposición de lo que se había ido rompiendo en los momentos de la crisis.
A finales de los años 80, hay ya un deseo de reconfigurar la AC de cara al futuro, teniendo en cuenta toda nuestra tradición y riqueza, y ahí comienza un proceso que ha durado 20 años prácticamente.
¿Dónde está lo más significativo? En los años inmediatamente anteriores a la crisis, en la década de los 60, existía una AC General y había irrumpido una AC Especializada muy pujante. La HOAC, JOC, JEC... aportaron una metodología apostólica y formativa muy interesante y revitalizadora. En cambio, la AC General de aquel momento se queda anquilosada. Esta AC General que ahora se refunda en la Asamblea de Cheste ha recogido toda la riqueza pegadógica, apostólica de los especializados, y un dato que era fundamental, la radicación y su servicio en la parroquia, que tiene, además, la herencia de la AC Especializada en sus planteamientos pedagógicos, formativos y apostólicos».
«Siempre al servicio de la Misión»
Monseñor Atilano Rodríguez, obispo de Ciudad Rodrigo y Consiliario de la Acción Católica General, explica para Alfa y Omega en qué ha consistido el cambio en la Acción Católica General, y por qué considera que era necesario:

La Acción Católica General, hasta el momento, estaba compuesta por tres movimientos, que tenían como misión fundamental la evangelización de los niños, jóvenes y adultos, en el ámbito de la parroquia y en la diócesis. Desde hace algunos años, los responsables y militantes de estos tres movimientos han hecho una serena y profunda reflexión, dejándose interpelar por la Palabra de Dios y teniendo en cuenta las notas de identidad que el Concilio Vaticano II señala a los movimientos de Acción Católica: espiritualidad, misión, formación y comunión. Como resultado de esta reflexión, se vio que era conveniente proceder a la constitución de un único movimiento general con tres sectores: el de adultos, el de jóvenes y el de niños. Con la aprobación de los Estatutos por la Conferencia Episcopal Española y con la acogida gozosa de los mismos en la última Asamblea celebrada en Cheste (Valencia), a primeros de agosto, el nuevo movimiento ya está intentando ser fiel al Señor y a la Iglesia en las distintas diócesis de España.
Considero que la organización en los movimientos apostólicos, al igual que en la Iglesia, es muy importante. Ahora bien, esta organización debe estar siempre al servicio de la misión, es decir, de la evangelización. Por lo tanto, las estructuras organizativas deben cambiarse, no por capricho, sino en cuanto se juzgue que es necesario para responder más adecuadamente a la evangelización en cada situación histórica. En este sentido, pienso que la nueva organización del movimiento de Acción Católica General va a ser una ayuda valiosa para vivir con más nitidez la comunión eclesial y la corresponsabilidad apostólica. Además, esta organización hará posible un mayor conocimiento, coordinación y apoyo entre los distintos sectores del movimiento. Con la ayuda del Espíritu, que nunca faltará, esto permitirá consolidar los distintos sectores ya existentes en las diócesis e impulsar el nacimiento de aquellos que aún no existen.
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