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Con la gentileza de

El poder y la gracia. Los santos Patronos de Europa, en Roma
Buenos cristianos, una gran Europa
Hasta el 10 de enero de 2010 tiene lugar, en el Palazzo Venezia, de Roma, la muestra El poder y la gracia. os santos Patronos de Europa, una reflexión acerca del origen de la cultura europea y una toma de conciencia sobre la necesidad de preservar este legado
San Juan Bautista, de Andrea del Sarto (1521)
Organizada por el Gobierno de Italia, a través de su Embajada ante la Santa Sede, junto con la Comisión Pontificia para los bienes culturales de la Iglesia, se está celebrando en el Palazzo Venezia, en Roma, una exposición que mira sin rubor hacia todo aquello que consolidó en el pasado y apuntaló la casa europea. Así, la exposición El poder y la gracia. Los santos Patronos de Europa muestra la huella del paso del cristianismo por el continente europeo, y la imposibilidad de entender veinte siglos de historia sin el dato de la fe católica.
Esta colección reúne obras de autores como Van Eyck, Guercino, Caravaggio, El Greco, van Dyck, Tiziano, Tiépolo, Murillo, acompañadas por códices, documentos y orfebrería que documentan el precioso patrimonio de la cristiandad en Europa, presentando la relación bien articulada entre el poder temporal y la autoridad espiritual.
La muestra está estructurada en diez secciones, y atraviesa los momentos principales de la historia europea, desde los primero mártires de la Roma imperial hasta el siglo XX. En el esplendoroso paisaje que domina la muestra, no falta la presencia de 70 santos y santas que son Patronos de otros tantos países, al tiempo que también se recogen los seis santos bajo cuya protección está confiada Europa: san Benito de Nursia, los santos Cirilo y Metodio, santa Brígida de Suecia, santa Catalina de Siena y santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein).
En el Catálogo que acompaña a la muestra, el cardenal Tarcisio Bertone ha escrito que, «en la conciencia de muchos de nuestros contemporáneos, se halla la convicción de que la suma de progresos tecnológicos, científicos, económicos, sociales y políticos no lleva consigo un progreso de la civilización. Mejorar las condiciones sociales y defender la democracia es importante; construir la paz y la unidad entre etnias y culturas es una empresa necesaria y noble; pero para alcanzar estos objetivos y para ayudar a nuestros contemporáneos a construir vidas ricas en sentido no bastan políticas inteligentes y diplomacias eficaces. Hacen falta, como decía Don Bosco, ciudadanos honrados y buenos cristianos. Visitando esta muestra, tenemos ante nuestros ojos buenos ejemplos en los que fijarse».
Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo