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Móstoles ayuda a las jóvenes embarazadas y busca humanizar las relaciones vecinales
La familia... y 212.000 más
Estamos tan acostumbrados a que los políticos legislen en perjuicio de la familia y de la vida, que iniciativas como las que ha puesto en marcha el Ayuntamiento de Móstoles son noticia más allá del ámbito local. Y en rigor, que el alcalde de la segunda ciudad más grande de la Comunidad de Madrid implique a todos los vecinos en un restaurante casi gratuito para desempleados, e inaugure un piso para que las jóvenes embarazadas no se vean abocadas al aborto, es una buena noticia


Ricardo, Julián, Alfredo, Gonzalo, Ángeles y Marta,
en la cocina del restaurante para desempleados.
Todos son voluntarios, salvo Ricardo,
que es el cocinero
Si es poco frecuente encontrar una familia de más de tres o cuatro miembros, imagine lo extraño que resulta que alguien considere que la suya tiene 212.000 miembros. Más o menos, uno por convecino. Por más que suene increíble, en la localidad madrileña de Móstoles, hay quien lo cree, lo siente y actúa en consecuencia.
«Somos como una familia. Si uno lo pasa mal, tenemos que ayudarnos. Y aunque seamos diferentes, podemos echarnos una mano y ocuparnos unos de otros. Es mejor tener familia que tener vecinos». La frase no es del alcalde, ni de otro concejal, sino de Ángeles, una de las voluntarias que acude al restaurante para desempleados que el Consistorio ha abierto, hace dos semanas, para que las familias afectadas por la crisis puedan comer con sólo un euro por cada adulto. Una iniciativa única en España, pues «funciona gracias a la participación de todos los vecinos: el Ayuntamiento sólo ha puesto la idea, el local, y a un par de personas contratadas. Los comerciantes donan comida y venden bonos de 2 y 5 euros para que los mostoleños puedan sufragar el restaurante -que no es un comedor de caridad-; y más de 70 asociaciones envían voluntarios para atender las mesas, lavar los cacharros y echar una mano en la cocina», explica doña Vanessa Martínez, concejala de Servicios Sociales del municipio. A lo que Alfredo, voluntario de Protección Civil, añade que «hasta nosotros venimos como voluntarios para mantener el orden y ayudar a las personas mayores». Junto a ellos, Marta (19 años) y Gonzalo (21) comentan -mientras lavan las ollas- que «es muy importante dedicar tiempo a quienes lo pasan mal, porque tú podrías estar así también. Es muy bueno que los mostoleños ayudemos a los mostoleños, y que a este restaurante pueda venir la gente que está en paro, que con esto de la crisis...»
Pero el restaurante para desempleados no es la única iniciativa novedosa del Consistorio. Hace unas semanas, el alcalde, don Esteban Parro, inauguraba un piso para jóvenes embarazadas, que rechazan abortar y se encuentran con el rechazo de la sociedad y de las autoridades. Doña Vanessa Martínez asegura que, «en este piso, que tiene capacidad para cuatro madres y cinco bebés, las acogemos, les damos formación, les enseñamos a llevar una casa y les mostramos que no están solas. Pueden estar un año, y después hay otras ayudas, aunque lo ideal es que estén preparadas para vivir por su cuenta. Ayudar a las familias y a las madres es una obligación para todos». A lo que Juan, otro voluntario del comedor y lector habitual de Alfa y Omega, nos anima: «Cuente esto en Alfa y Omega. Seguro que muchos lectores de Móstoles querrán venir. Y a ver si cunde el ejemplo, que ayudar a las familias y a las embarazadas es algo precioso». Y si nos lo pide un lector...
José Antonio Méndez
Entrevista a don Esteban Parro, alcalde de Móstoles:
«La vida y la familia no son patrimonio de los partidos políticos»
¿Gobernar pensando en la familia y defendiendo la vida es poco frecuente porque la gente no lo demanda, o porque los políticos no quieren?
Nosotros no entendemos el concepto de Gobierno sin el valor de la familia. En Móstoles, cualquier ciudadano es importante y, desde ese concepto, lo más importante es la familia. Porque la vida y la familia no son patrimonio de los partidos políticos, sino de las personas. Y las personas sí valoran la familia y quieren tener hijos, así que tenemos que ayudarles, sin que nos empañe la ideología. Lo demás, son mensajes simplistas de la falsa progresía, que dice que ayudar a las madres es de derechas o de izquierdas según se ajuste a sus prejuicios.

Acaba de inaugurar un piso para jóvenes embarazadas que no quieren abortar. ¿Es una apuesta, de verdad, por la vida, o un acto electoralista?
Nosotros respetamos la libertad de las personas. Quienes imponen el aborto como única salida a las madres desprecian esa libertad. La sociedad tiene argumentos para excluir a las madres jóvenes y abocarlas a tomar una decisión que no quieren adoptar. La obligación de un político es apoyar a esas mujeres que quieren ser madres y que no tienen miedo a tener a su hijo porque saben que es lo mejor que les puede pasar. La aceptación que ha tenido este piso muestra cómo el Gobierno quiere una ley que no quiere nadie más.

¿Es rentable apostar por la vida y la familia?
Ser un país sin hijos nos deja sin futuro. Tenemos que invertir en personas: si hay nacimientos, hay personas que trabajan y dan vida al país. El problema es que hemos dado al Gobierno una responsabilidad, la de ayudar a las familias, que no ha sabido gestionar.
© 2006. Alfa y Omega, Semanario católico de información. Fundación San Agustín, Arzobispado de Madrid