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Concluye la II Asamblea especial para África, del Sínodo de los Obispos
Se necesitan testigos
¡Ánimo! ¡Levántate, continente africano!: éste fue el llamamiento final del Papa en la homilía de clausura de la segunda Asamblea del Sínodo de los Obispos para África. Han sido tres intensas semanas, en las que la Iglesia ha hecho discernimiento sobre qué espera Dios de ella en este momento de su historia, lleno de luces y sombras, pero, sobre todo, de esperanza


Un momento de la Misa de clausura del II Sínodo
de África
El tema de este Sínodo «no era un reto fácil», confesaba el Papa poco después de clausurarlo, durante un almuerzo, con los obispos africanos. «Tenía dos peligros, diría yo. El tema Reconciliación, justicia y paz implica, ciertamente, una fuerte dimensión política, si bien es cierto que reconciliación, justicia y paz no son posibles sin una profunda purificación del corazón», que «debe surgir del encuentro con Dios... Pero la tentación podía ser de politizar el tema, de hablar menos como pastores y más como políticos». Por otra parte, existía el peligro de «retirarse a un mundo puramente espiritual, a un mundo abstracto y bonito, pero no real. El discurso de un pastor, en cambio, debe ser realista, tocar la realidad, pero en la perspectiva de Dios y de su Palabra».
Durante el Sínodo, ha quedado reafirmada la centralidad del anuncio del Evangelio, sin que ello haya impedido descender a todo tipo de debates, a veces muy concretos, en ámbitos como la agricultura, las instituciones financieras o el papel no siempre beneficioso de las ONG y de las organizaciones internacionales. De igual forma, en su día a día, la Iglesia transmite el mensaje de salvación del que es portadora, «conjugando siempre la evangelización y la promoción humana», como dijo Benedicto XVI en la homilía de la misa de clausura. El Evangelio se traduce «en proyectos y realizaciones coherentes con el principio dinámico fundamental, que es el amor», explicó. Por eso, «mientras ofrece el pan de la Palabra y de la Eucaristía, la Iglesia se empeña en obrar, con todo medio disponible, para que a ningún africano le falte el pan cotidiano».
Pero, para que la Iglesia pueda transmitir ese mensaje de esperanza y reconciliación, debe cultivar la comunión. «El Sínodo ha reafirmado con fuerza -dijo el Papa- que la Iglesia es familia de Dios, en la que no pueden subsistir divisiones de tipo étnico, lingüístico o cultural. Testimonios conmovedores nos han mostrado que, incluso en los momentos más oscuros de la historia humana, el Espíritu Santo opera y transforma los corazones de las víctimas y de los perseguidores para que se reconozcan hermanos. La Iglesia reconciliada es una potente levadura de reconciliación en cada país y en todo el continente africano».
El Sínodo ha aprobado 57 propuestas finales, entregadas al Santo Padre para la redacción de su Exhortación postsinodal. Estas propuestas, como norma general, no son públicas, aunque, en esta ocasión, el Papa ha autorizado su difusión. Además, los participantes han aprobado, por unanimidad, un Mensaje Final al pueblo de Dios, un documento muy completo en el que se recogen las principales conclusiones de estas tres semanas.
África no debe desesperarse
En una primera parte, se reconoce esta dramática realidad: «África es rica en recursos humanos y naturales, pero muchos en nuestro pueblo se debaten en medio de la pobreza y la miseria, de guerras y conflictos, entre crisis y caos. Muy raramente todo esto es causado por desastres naturales. Se debe, más bien y en gran medida, a decisiones y acciones humanas de personas que no tienen ninguna consideración por el bien común, y esto, con frecuencia, debido a la trágica complicidad y conspiración criminal entre responsables locales e intereses extranjeros». En otro punto, se menciona «la deuda que pesa sobre los países pobres, que está matando literalmente a los niños». Y se añade: «Las compañías multinacionales tienen que detener la devastación criminal del ambiente para su codiciosa explotación de los recursos naturales. Es una política miope la de fomentar guerras para obtener unos beneficios rápidos del caos, a costa de vidas humanas y de sangre».
Así y todo, «África no debe desesperarse». Se producen «muchas noticias positivas» en el continente, aunque los medios de comunicación «prefieren, con frecuencia, las malas noticias».
Sobre la aportación de la Iglesia, que «tiene el deber de ser instrumento de paz y reconciliación», los padres sinodales subrayan que «será capaz de realizar esto en la medida en que ella misma esté reconciliada con Dios. Hay que trabajar juntos en la unidad que hace la fuerza. Nos provoca y nos anima el proverbio africano que dice que un ejército de hormigas bien organizadas puede abatir a un elefante. No debemos tener miedo y menos aún dejarnos desanimar por la enormidad de los problemas de nuestro continente».
Al sacerdote, por su buena formación, suelen mirarle las comunidades como líder en diversos asuntos, y se le exhorta a discernir sobre «cuál es la mejor manera de ofrecer» su «servicio pastoral y evangélico, sin partidismos». Y a los fieles laicos, se les anima a dejar que la fe «impregne cada aspecto y rincón de su vida», bien formados en la fe. «África necesita santos en puestos políticos relevantes: políticos santos que limpien de la corrupción el continente, que trabajen por el bien de la gente y que sepan cómo animar a otros hombres y mujeres de buena voluntad fuera de la Iglesia para que se unan contra los males comunes que asolan nuestras naciones... Por desgracia, muchos católicos en puestos de prestigio no han respondido adecuadamente al ejercicio de sus cargos. El Sínodo invita a estas personas a que se arrepientan, o a que dejen el escenario público y que así dejen de perjudicar al pueblo y de crearle mala fama a la Iglesia católica».
Esta presencia de católicos es hoy especialmente necesaria, «ante los ataques de algunas venenosas ideologías procedentes del extranjero, que pretender ser cultura moderna. Seguid acogiendo a los niños como don de Dios», dice el Mensaje al conjunto de los africanos. Y a las mujeres católicas africanas, que son «con frecuencia la espina dorsal de nuestra Iglesia local», tras denunciar las dificultades que les impiden trabajar en la esfera social, se les pide que esas «buenas ideas no sean distorsionadas por los traficantes de ideologías extranjeras y moralmente venenosas que afectan al género y a la sexualidad del hombre».
R.B.
Exposición Tiempo de África
A la entrada del Aula Pablo VI, los padres sinodales han podido visitar estas semanas la exposición Tiempo de África, una muestra de pintura religiosa africana, que presenta la universalidad del Evangelio, sin renunciar a los elementos de cada cultura. Se respondía, según sus organizadores, a una de las principales conclusiones del primer Sínodo de África, celebrado en 1994, que pedía intensificar el diálogo entre la fe y la cultura africana.
Sobre estas líneas, se muestran algunas de las obras expuestas, en las que se refleja cómo la creatividad africana es especialmente sensible al Evangelio y al asombro que suscita la encarnación del Hijo de Dios entre los hombres.

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