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Punto de vista
Anglicanos en la Iglesia católica
La noticia de una Constitución apostólica de Benedicto XVI, disponiendo algunas medidas de acogida de los anglicanos que han pedido ser recibidos en la Iglesia católica, responde a su gran preocupación por la unidad cristiana como Pastor de la Iglesia universal. No es el resultado de una estrategia católica de carácter proselitista, que pretendiera dividir la Comunión Anglicana y debilitar aún más su crítica situación interna. El proselitismo ha sido rechazado como método para la reconstrucción de la unidad visible de la Iglesia y, en sí mismo, un método equivocado y, en consecuencia, contrario al ecumenismo genuino. El diálogo ecuménico avanza hacia la unidad visible sólo respetando la fe de cada Iglesia, en búsqueda de la verdad plena de fe. El Vaticano II declara que la Iglesia una y santa que Cristo fundó «subsiste en la Iglesia católica» en plenitud de medios de salvación, sin negar los elementos de eclesialidad de otras Iglesias y comunidades eclesiales.
Es importante destacar que la entrada de tantos anglicanos a la Iglesia católica no hubiera sido posible sin la convergencia doctrinal lograda por el diálogo ecuménico de los últimos cuarenta años. Lo reconocen explícitamente el arzobispo católico de Westminster, monseñor Vincent G. Nichols, y el arzobispo anglicano de Cantorbery, Rowan Williams. Estos anglicanos que llegan a la Iglesia católica son en su mayoría anglocatólicos de la llamada ala alta, que forma parte del ordenamiento eclesiástico del anglicanismo junto con el ala baja o evangélica. Sin embargo, no han pedido la comunión católica por esta sola razón, sino porque, además, vienen experimentando que la crisis dogmática y disciplinar del anglicanismo pone gravemente en peligro la común tradición de fe apostólica, que ha hecho posible la convergencia doctrinal lograda durante las últimas décadas gracias al diálogo ecuménico entre Roma y Cantorbery.
Estos anglicanos han experimentado en sus carnes el riesgo del cambio eclesial propiciado por el progresismo ideológico que afecta al anglicanismo, poniendo en peligro la estructura sacramental de la fe no menos que la moral y la disciplina eclesiástica. Un cambio, pues, que afecta al acuerdo sustancial logrado gracias al diálogo ecuménico. Con todo, los dos arzobispos mencionados reconocen que «el diálogo entre católicos y anglicanos provee las bases para su continuidad y cooperación de ambas Iglesias», porque hay voluntad de proseguir dialogando. Roma quiere salvaguardar los derechos de la conciencia personal, que no pueden supeditarse al ritmo del diálogo ecuménico, que Roma desea proseguir y estimular.
+ Adolfo González Montes
obispo de Almería
Presidente de la Comisión episcopal de Relaciones Interconfesionales