Alfa y Omega > Nº 661 > Desde la fe
Nuevo libro de Vittorio Messori
«Ante la crisis de fe, debemos volver al Catecismo»
Acaba de publicarse en España un nuevo libro del conocido escritor y periodista italiano Vittorio Messori, autor de los libros-entrevista a Juan Pablo II (Cruzando el umbral de la esperanza) y Joseph Ratzinger (Informe sobre la fe), así como de Leyendas Negras de la Iglesia, Hipótesis sobre María y Apostar por la muerte, entre otros. En esta ocasión, cuenta al periodista Andrea Tornelli los detalles de su conversión y las razones de su fe. Escogemos algunos interesantes párrafos:

Para mí la fe es una evidencia que se ha manifestado hace ya más de cuarenta años. Mientras que para los desventurados comunistas el empuje de la ideología se ha agotado pronto, no ha ocurrido así para mí con la esperanza cristiana; al contrario, se ha revelado cada vez más fundada y convincente. Estoy convencido de la verdad del Evangelio, hasta el punto de que ni la amenaza de muerte podría disuadirme. Sé que estas afirmaciones resultan desagradables y rozan el límite de la arrogancia en tiempos del pensamiento débil, de rechazo del dogmatismo, de relativismo, en un mundo donde es teológicamente correcta la duda, donde para ser aceptados necesitamos asegurar que estamos siempre en búsqueda. Yo no busco dónde está la Verdad: ya sé dónde está, desde el principio. Con certeza. Lo que busco es una comprensión más plena, una profundización en el depositum fidei que me ha sido consignado, sin mérito.
En aquellas semanas de mi conversión, lloré más que en toda mi vida. Era un llanto de consuelo, de ternura, de estupor, de reconocimiento. Pero también de compunción, de remordimiento, de arrepentimiento. De acuerdo, ni siquiera tenía 24 años y nadie en absoluto me habría considerado un pecador. En una palabra, no me consideraba un santo, sino que me parecía que mi conciencia laica no tenía nada especial que echarme a la cara. Pero, lo supe después, esa experiencia podría definirla como escatológica, referible a las realidades últimas, al destino humano entendido no como algo cerrado y completo desde la cuna hasta el ataúd, sino desde el proyecto divino hasta un Más Allá que no tiene fin, donde el tiempo no tiene fin. Quizá por eso sentí más tarde la necesidad de escribir Apostar por la muerte, entendiendo la muerte como el comienzo de la vida verdadera. Se me concedió darme cuenta, en suma, con una claridad prodigiosa e inquietante, de que el tiempo que se nos da no es otra cosa que una preparación para la Eternidad.
Ratzinger y el futuro de la Iglesia
Vittorio Messori con el entonces
cardenal Ratzinger
Amo la Iglesia tanto como a mi vida, pero no me atormento con ansias en cierto modo blasfemas, como si yo o nosotros fuéramos responsables de su futuro. La lección más hermosa, a este propósito, me la dio el entonces cardenal Ratzinger, cuando le pregunté: «¿Usted consigue dormir, con la cantidad de problemas que su Congregación tiene que afrontar, con todos los errores que serpentean o triunfan en este tempestuoso postconcilio?» El responsable de la ortodoxia me miró sorprendido, con esa cara suya de eterno niño: «Hecho el examen vespertino de conciencia, si no tengo demasiado que echarme en cara, duermo tranquilo, como cuando no era más que un joven profesor sin responsabilidades jerárquicas. ¿Por qué no iba a dormir? ¿Queremos darnos cuenta de una vez que también nosotros somos Iglesia pero que ella, al mismo tiempo, no es nuestra, sino que es Suya? Nuestro empeño es obligado, pero al mismo tiempo nos ha recordado que no somos más que siervos inútiles; a Él corresponde, pues, guiarla. Y lo que Él ha previsto es, ciertamente, lo mejor».
Lo que más necesita la Iglesia hoy es lo que más ha necesitado y necesitará siempre: preservar una fe segura y sólida, que es su verdadero y único patrimonio, del que se derivan la oración y una santidad que ejerza la caridad total, en sus dos dimensiones: material y espiritual. Como decía Don Bosco: «Dad a los hermanos pan y paraíso». En cualquier caso, no hay que olvidar que la Iglesia siempre ha sido al mismo tiempo vital y en crisis: jamás le faltarán adversarios externos y saboteadores internos. Es lo que ocurre también hoy, como ha sucedido en todo tiempo. Pero la característica que me parece verdaderamente peligrosa de la crisis actual es que no hay crisis de estructuras por renovar, sino de fe por reencontrar y solidificar. Todo consiste en volver a aceptar el Catecismo, síntesis de Escritura y Tradición sobre lo que podemos y debemos creer.