Alfa y Omega > Nº 661 > Desde la fe
Presentada en España The Chesterton Review
Un economista en el jardín
El hombre que modela su jardín se siente dueño del cosmos; o Un cerdo es un cerdo son algunas de las ideas que utilizó el escritor inglés G.K. Chesterton para formular su modelo económico, el distributismo; una visión del mundo firmemente anclada en la teología católica, que pretendía hacer realidad la doctrina social de la Iglesia

«Todo hombre toma su economía de su religión». Lo escribió el pensador G.K. Chesterton en 1921, cuando, sin ser aún católico, su pensamiento lo era ya casi totalmente. Haciendo honor a la frase, Chesterton y su amigo Hilaire Belloc elaboraron un modelo socioeconómico que reflejara la doctrina social de la Iglesia, y que tomó el nombre de distributismo.
Este modelo protagonizó, el pasado 20 de octubre, el comienzo de curso del Club Chesterton, de la Universidad CEU San Pablo, en el que, además, fue presentada la edición en español de la revista The Chesterton Review, editada por el Instituto Chesterton para la Fe y la Cultura, de la Universidad estadounidense Seton Hall. El padre Ian Boyd, Presidente del Instituto, llevó el peso del acto, en el que también estuvieron, entre otros, el Rector de la Universidad, don Rafael Sánchez Saus, el Rector de la Universidad Francisco de Vitoria, don Daniel Sada, y el profesor de aquella Universidad don Salvador Antuñano.
En su conferencia, el padre Boyd habló de las raíces religiosas, filosóficas y culturales del distributismo, de especial actualidad en el contexto de la presente crisis. Explicó que, para Chesterton, «la reforma social es un trabajo principalmente religioso», pues se basa en «despertar y preservar un sentido religioso del asombro», en gran medida perdido en una sociedad que lo da todo por hecho. La presencia de Dios en su creación y, sobre todo, la Encarnación, confieren «un valor especial a la vida ordinaria y a las cosas materiales ordinarias. Para Chesterton, una de las señales de una creencia ortodoxa es el respeto por la parte material de la vida», mientras que «una espiritualidad incorpórea es una señal del heterodoxo». Un ejemplo -que se puede leer en el artículo Lógica y tenis-es el del economista que intenta convencer a un granjero de que, por el funcionamiento del mercado, dos cerdos pueden valer más que tres. El granjero, taciturno, replica que «un cerdo es un cerdo».
Defensa del hombre común
También a la Encarnación se debe que Chesterton basara su modelo en el hombre común, que hace presente a Cristo. La experiencia -explicó el padre Boyd a Alfa y Omega- muestra que «la mayoría de la gente es más feliz cuando tiene una propiedad y está al cargo de su propia vida». Esto le garantiza una esfera de acción donde actuar de forma creativa, manifestando el más alto regalo de Dios: la libertad. Como apuntó don Salvador Antuñano, «el hombre no puede abarcar el cosmos, pero puede abarcar y modelar su jardín. Así se siente dueño del cosmos». La familia y una comunidad pequeña permitirán a este mismo hombre seguir reflejando su individualidad.
Chesterton defendía el «contacto con el producto y el valor de lo local y lo regional». Los protagonistas deben ser los granjeros, los pequeños empresarios, los que tienen negocios familiares, etc. Algo, además, necesario por otro motivo. La importancia del hombre común en Chesterton no nace del sentimentalismo populista ni del buenismo. El escritor inglés criticó a liberales y progresistas que no reconocieran la «permanente posibilidad del egoísmo», es decir, el pecado original. La concentración de la propiedad -ya sea en las manos de unos pocos capitalistas o del Estado- aumenta ese peligro, mientras que, si se reparte entre muchos hombres comunes, actúa como protección.
Al final, sin embargo -concluyó en su conferencia el padre Boyd-, el éxito de este modelo, que empieza en Dios, dependerá de Él y «de que los hombres se vuelvan a Él en busca de ayuda».
María Martínez López
Diagnóstico de una crisis, y soluciones
Cuando cayó el comunismo -relató el padre Ian Boyd, Presidente del Instituto Chesterton, a Alfa y Omega-, «la gente pensó que se había demostrado que el capitalismo liberal tenía razón». Sin embargo, ya en su época, Chesterton había opinado que -en palabras del sacerdote- «el capitalismo consumista era un peligro más grande para la sociedad y la moral tradicional que el comunismo». Es un sistema en el que el mundo económico -y financiero- se ha alejado de la realidad, en una especie de espiritualismo opuesto al pensamiento de Chesterton; y las personas quedan «como meras unidades dentro de un sistema en el que poseer y disfrutar son los únicos intereses». A la vista de esto y de sus resultados, se está redescubriendo la propuesta de Chesterton y, en el mundo anglosajón, se están dando algunos pasos que parecen ir en la misma dirección. El Instituto Chesterton organizó, el pasado mes de julio, en Oxford, una conferencia sobre la crisis cuyo principal ponente fue el politólogo Phillip Blond, cuya postura es, para el padre Boyd, en gran medida chestertoniana. Blond ha sido asesor del líder del partido conservador inglés, David Cameron, y ha fundado una organización, ResPublica, dedicada a la investigación social desde esta perspectiva.