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Entrevista a monseñor Mokrzycki, Obispo de Lviv (Ucrania) y secretario de Juan Pablo II
La revolución de Juan Pablo II
Monseñor Mieczyslaw Mokrzycki fue uno de los secretarios de Juan Pablo II desde 1996 hasta su muerte.
Polaco de nacimiento, en la actualidad es obispo de Lviv (Ucrania). Por todo ello tiene una interesante visión general de cómo fue la vida de la Iglesia en el Este de Europa bajo el comunismo, y de la importancia que tuvo la elección del cardenal Karol Wojtyla a la sede de Pedro. Así responde a las preguntas de Alfa y Omega:


Monseñor Mokrzycki deposita un ramo de flores
ante la tumba de Juan Pablo II
Usted nació en Polonia, y hoy es arzobispo de Lviv (Ucrania). ¿Cómo era la vida de la Iglesia en ambos países bajo el comunismo?
La Iglesia en Polonia debe mucho al cardenal Wyszynski y a su fidelidad. Era una persona muy fuerte, y con su inteligencia sacerdotal y la ayuda de Dios pudo salvar en gran medida a la Iglesia de la intervención del comunismo. Con gran dificultad, la Iglesia pudo seguir participando de los sacramentos y edificando sus templos.
La situación fue distinta en Ucrania. Durante el comunismo, la mayoría de las iglesias fueron cerradas; sólo había un seminario en toda la Unión Soviética, en Riga, en el que se formaban sólo un pequeño número de seminaristas. En la archidiócesis de Lviv sólo quedaron ocho sacerdotes; gracias a su valentía, la gente podía celebrar la Eucaristía en casas privadas. Al menos una vez al año, los fieles podían confesarse y comulgar. Poco a poco, hubo sacerdotes ordenados clandestinamente que iban de una ciudad a otra y celebraban la Santa Misa de manera secreta.

¿Cómo se conservó la fe en las parroquias y en las familias?
La vida parroquial, directamente, no existía. Lo que salvaba la fe de la gente era la vida cotidiana de oración, sobre todo el Rosario y los cantos religiosos. Debido a la falta de sacerdotes, incluso los fieles preparaban un altar en las casas y recitaban toda la Misa, excepto las palabras de la consagración. Todo esto contribuía mucho a mantener la fe. Rezaban el Rosario, las Letanías, la Corona de la Misericordia... Y todo, en secreto. Además, muchas familias llevaban a sus hijos a recibir el Bautismo en la Iglesia ortodoxa, ya que la Iglesia católica lo reconoce.

¿Qué significó para la Iglesia en el este de Europa la elección de Juan Pablo II como Papa?
Ya como cardenal en Polonia, se le conocía como un personaje muy fuerte, con una gran autoridad. Cuando el Colegio cardenalicio lo eligió como Papa, tuvo una gran repercusión en todos los países del Este. Todos sabían que él combatía en Polonia contra los comunistas, con un gran carisma. La gente esperaba mucho y tenía puestas muchas esperanzas en él, en su coraje, en sus enseñanzas, en su capacidad de hablar con los Jefes del Estado. Verdaderamente, empezó a realizar una revolución asombrosa, sin derramamiento de sangre y sin violencia. Él dio valor a la gente, porque sabían que detrás de ellos estaba la Iglesia.
Él vivió bajo el comunismo y sabía muy bien cuáles eran los problemas y las dificultades de vivir en este sistema. Vivió la caída del Muro con una gran alegría y con mucha esperanza, porque se abría la puerta para anunciar con libertad el Evangelio, llevarles la esperanza y que pudieran crecer espiritual y moralmente.
J.L.V.D-M.
Abuelos: la cuna de la fe
Cuando en media Europa el comunismo cerraba las iglesias y enviaba a los curas a la cárcel y sometía a los fieles a una persecución muchas veces cruenta, la vida de la Iglesia pudo desarrollarse de manera clandestina en las casas particulares. En la intimidad del hogar, muchos niños comenzaron su amistad con el Señor y la Virgen, gracias a las palabras de sus padres y abuelos. Un caso típico es el del cardenal Peter Erdö, arzobispo de Budapest (Hungría), que recuerda para Alfa y Omega: «Todos los domingos, después de la comida, mis padres nos enseñaban la religión. Mi padre era jurista, y desde el inicio del comunismo no pudo ejercer su trabajo porque era conocido como un católico practicante; mi madre era profesora, y no podía ejercer su empleo por la misma razón. En ese tiempo, eso significaba la pobreza. Sin embargo, gracias a ellos, sus hijos pudimos crecer en la fe y vivirla de un modo natural».
Monseñor Bohdan Dzyurakh, obispo auxiliar de Kyviv-Vyshhorod (Ucrania), se refiere a las familias de aquel tiempo como «la cuna de la fe católica en nuestro país. Nosotros solemos decir que la fe en Ucrania la conservaron las abuelas, que la transmitieron a sus hijos y a los nietos». Y el obispo de Chisinau (Moldavia) también señala la importancia de los mayores a la hora de transmitir la fe en los años en que el régimen comunista hacía muy difícil la vida religiosa: «La fe se mantenía prácticamente sólo en las familias, y sobre todo gracias a nuestras abuelas. Nosotros hemos heredado su fe, y, cuando en los años 90 se abrió de nuevo el culto en el país, tuvimos mucho que agradecerles a ellas. Nos encontramos a muchísima gente formada en la fe gracias a sus abuelas, si bien de un modo básico. Desde entonces nos hemos esforzado en continuar en la catequesis el empeño que ellas habían tenido».
© 2006. Alfa y Omega, Semanario católico de información. Fundación San Agustín, Arzobispado de Madrid