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El respeto a las víctimas y la educación en el hogar, dos armas clave contra el terrorismo
La familia, contra ETA
La derrota de ETA pasa, la experiencia lo demuestra, por la acción policial. Sin embargo, el cambio en la sociedad vasca tiene otros trayectos: inculcar el respeto por las víctimas del terrorismo y hacer de cada familia una escuela de tolerancia y de convivencia. Así lo denunciaron las víctimas y otros agentes sociales vascos, en los primeros Premios internacionales La puerta del recuerdo, organizados por el Observatorio Internacional de Víctimas del Terrorismo, de la Fundación San Pablo CEU

Pirritx está triste. Y Porrotx le pregunta: ¿Por qué? Van vestidos de forma estrafalaria, llevan el pelo de colores, una nariz grande y roja, y hablan exagerando los gestos y las palabras, para que los niños les entiendan bien. «Porque hace veinte años que empezó la dispersión -dice Pirritx-, y nuestros amiguitos tienen que hacer miles de kilómetros para ver a sus padres, a sus tíos, a sus hermanos...» Exclama Porrotx: «¡Mecachi porreta! ¡No hay derecho!» Y terminan a la vez: «Corazón, cabeza y manos: sentir, pensar... ¡y hacer! Aúpa, compañeros, ánimo y adelante». Esta conclusión de tono marxista descubre a quienes están detrás de ambos personajes: dos ex-concejales de Batasuna, simpatizantes del entorno etarra, que no dudan en vestirse el disfraz de un payaso para chantajear emocionalmente a los niños y llamarlos a la acción.
Gora ETA... en el recreo
Este caso real no es una mera anécdota: un informe del Defensor del Pueblo Vasco alerta de que, en esta región de España, el 15% de los menores no rechaza la actividad terrorista de ETA, o la justifica; y el 14% de los alumnos de Secundaria se muestra indiferente ante el asesinato de sus vecinos. (Ahora es cuando el lector contiene su indignación y sigue leyendo). La causa principal de semejante despropósito hay que buscarla en el ambiente en el que viven los menores, en la familia en la que crecen y aprenden a hacerse adultos. En muchas ocasiones, los niños respiran desde pequeños la violencia nacionalista; y por eso no es extraño ver niños en las manifestaciones abertzales, como tampoco lo es que varios menores realizaran, hace apenas un año, un homenaje a dos etarras fallecidos en el patio de un instituto de Pamplona, durante el recreo.
En el último número de la revista de la Fundación de Víctimas del Terrorismo, su Presidenta, doña Maite Pagazaurtundúa, denuncia que «los niños vascos de 12 años llegan a la ESO con opiniones formadas sobre el terrorismo, y durante ese período escolar obligatorio apenas varían. Lo que en sus casas se ha dicho sobre la violencia -o lo que no se ha dicho- será el factor más determinante. A los 12 años, una parte de esos chavales ha completado su proceso de adoctrinamiento y fanatización».
Pero hay otras familias. Familias en las que no se introduce el veneno del odio en el biberón de los niños y que, sin embargo, ven como éstos, al crecer, comienzan a coquetear con los radicales de la kale borroka. Las asociaciones de víctimas saben bien de este problema, pues a ellas acuden muchas familias no nacionalistas para resolver estos problemas con sus hijos. La hermana de Joseba Pagazaurtundúa señala que «los padres tienen un papel clave en la prevención. Hay padres que, por miedo, evitan abordar este asunto; y, sin saberlo y sin quererlo, fomentan un factor de riesgo en sus hijos. Si antes de los 12 años los padres y madres expresan que el derecho a la vida es el primer derecho humano universal, y que no se debe aceptar el asesinato en ningún caso, es muy posible que sus hijos no se vean envueltos después en entornos radicalizados».
No hay ninguna familia, incluso fuera del País Vasco, que se encuentre a salvo del riesgo de que sus hijos acaben alineados en las filas de los violentos. Durante años, muchos hogares españoles han asistido con distanciamiento a las noticias de los asesinatos de ETA, en lo que supone el primer paso hacia una tolerancia social del terrorismo. Contra esta normalización de la violencia han luchado las asociaciones de víctimas que trabajan por toda la geografía nacional. Muchas de ellas estaban representadas, la semana pasada, en la entrega de los primeros Premios internacionales La puerta del recuerdo, concedidos por el Observatorio Internacional de Víctimas del Terrorismo, de la Fundación San Pablo CEU. Un reconocimiento público al trabajo de personas e instituciones en defensa de las víctimas del terrorismo.
Contra el odio y como apoyo
Una de tantas víctimas es doña María Ángeles Domínguez, Presidenta de la Asociación de ayuda a las víctimas del 11-M, quien afirma que «la célula en la que se conservan los valores es la familia. La escuela es un complemento, pero la familia es fundamental». Y subraya «el papel que tiene la familia para las víctimas, ya que, con los nuestros, las víctimas nos sentimos más apoyados y más fuertes». También Eduardo Fungairiño, que fue Fiscal jefe de la Audiencia Nacional durante nueve años, incidió en el papel de la familia como «elemento crucial contra el terrorismo, como lo es contra todos los vicios y crímenes de la sociedad. La familia es el núcleo fundamental de la sociedad, y cuando las familias están desestructuradas, aunque esto no sea políticamente correcto decirlo, los crímenes aumentan. La familia tiene que transmitir a los jóvenes lo que ha ocurrido, para que sean capaces de mantener los valores de memoria, dignidad y justicia».
Esta denuncia puede ilustrarse con ejemplos concretos, como hace don Antonio Basagoiti, Presidente del PP en el País Vasco: «En muchas casas se inculca la intolerancia y el fanatismo, y eso es lo que provoca una sociedad dividida. El padre que, cuando sale Aznar por la tele, dice: Ése es un asesino, está animando a su hijo a que le pegue un tiro. Y el que, cuando sale una víctima, enseña que son ellas las que nos ayudan a enfrentarnos al fascismo etarra, crea una sociedad mejor. Por eso, a partir de ahora, en las escuelas vascas se estudiará la historia de las víctimas de ETA».
Cultura, escuela y medios
Un matiz interesante lo introduce el cineasta don Iñaki Arteta, autor de documentales como Trece entre mil, al analizar la actitud de los artistas e intelectuales españoles frente al terrorismo: «Yo creo que la gente de la cultura no ha sabido percibir el terrorismo como un fenómeno que afecta a la sociedad civil de manera brutal e injusta. No sé a qué se debe, porque en general es un colectivo muy sensible a la vulneración de derechos humanos fuera de nuestro país. Me cuesta entender que tengan problemas para posicionarse en la defensa de los derechos de las víctimas. Tienen una deuda muy grande con las víctimas en nuestro país». A lo que Antonio Basagoiti añade: «Los medios de comunicación, especialmente los vascos, tienen que mostrar su repulsa explícita ante ETA. ¿Cómo vamos a acabar con la violencia, si todos los días salen abertzales por la televisión, justificando a los que la provocan? Es como querer acabar con la violencia doméstica y tener todos los días en los platós a maltratadores justificándose».
Don Joaquín Vidal, Presidente de la Asociación Andaluza de Víctimas del Terrorismo, pone el acento en la lección de aquellos que no han contestado a la violencia con violencia, sino con un ejemplo de integridad y valor. Vidal afirma que «hay que mostrar al mundo la lección magistral que han dado las víctimas del terrorismo, en las que nunca ha habido venganza». Para ello, su asociación organiza charlas de víctimas a alumnos de escuelas, institutos y universidades, destacando que, «cuando hablan, esas salas se llenan de silencio, porque están ante un testimonio de verdad».
En verdad, ése es el único silencio que debe guardar la sociedad ante el fenómeno del terrorismo; el silencio respetuoso y solidario con las víctimas, que se vuelve clamor denunciando a los violentos. En España, el silencio culpable y cómplice ya no tiene cabida.
Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
José Antonio Méndez
¿Qué papel juega la familia en el cambio social?
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Juan Antonio García Casquero, Presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo: «La mentalidad de la gente está cambiando, porque se da cuenta de que víctimas podemos ser cualquiera de nosotros. Y la familia es la base de todo; si aprendemos algo en la vida, es lo que nos han enseñado nuestros padres. Para nosotros, como víctimas, la familia siempre está ahí, apoyándonos y ayudándonos, y ellos también sufren mucho con nosotros».
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Pilar Elías, concejala del PP en Azkoitia y viuda de Ramón Baglietto, asesinado por ETA: «En las calles del País Vasco aún no se ha producido un verdadero cambio social, porque el PNV no ha asumido su derrota y permite ciertos comportamientos. Desde luego, si no cambian la educación en las familias y en las ikastolas, no cambiará nada. Porque en las ikastolas se inculca un odio terrible contra los no nacionalistas, con el visto bueno de las familias».
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Mari Mar Blanco, Presidenta de la Fundación Miguel Ángel Blanco: «El primer factor que ayuda a los jóvenes a crear en ellos el pensamiento totalitario es la familia. Si de pequeños les dicen que los terroristas son los buenos, y que los que defendemos la paz y la libertad democrática somos los malos, entonces salen chicos con la mentalidad terrorista de asesinar».
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Arancha Quiroga, Presidenta del Parlamento vasco: «Tiene que ser un compromiso diario de cada familia educar en valores morales a nuestros hijos, e inculcarles respeto. Si delante de mis hijos insulto, por ejemplo, al Presidente del Gobierno, estoy inculcando odio. Acabar con la tolerancia hacia ETA empieza en la familia, luego en los amigos, y después, en la escuela. Si no hacemos una gran labor de pedagogía, ni venceremos el odio, ni extenderemos el respeto por las víctimas, que son siempre la conciencia social del pueblo».
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Nicolás Redondo Terreros, ex Secretario General del PSOE vasco y Presidente de la Fundación para la Libertad: «La familia es uno de los motores fundamentales del cambio en el País Vasco. Pero el cambio fundamental, más que en la familia, está en el sistema educativo. El gran esfuerzo tiene que venir por el ámbito público, escuela y medios de comunicación, para que llegue al ámbito privado de las familias. Y lo mismo ocurre con el papel de las víctimas en la sociedad: no son las que mandan, pero tienen que estar siempre al lado de quienes lo hacen, porque son ellos los que dotan de contenido moral a nuestras leyes».
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Irene Villa, víctima del terrorismo: «Creo en la familia, creo en la defensa de los valores morales y creo en el papel de los padres como primeros educadores de los hijos. La familia tiene que mostrar que asesinar no da derechos, sino que los quita, y que ése jamás puede ser un método lícito para conseguir nada. Que los asesinos sólo pueden acabar en la cárcel. La raíz de la superación del problema en el País Vasco está en la familia, y no en una familia idílica, sino en cualquier familia donde se cultive el amor, donde se enseñe a amar y a respetar la vida. La familia es imprescindible para acabar con los terroristas, y también para apoyar a las víctimas, porque los golpes recibidos son muy fuertes, y si no tienes el apoyo de tu familia, no puedes confiar sólo en el apoyo político, porque los partidos ya nos han demostrado que a veces les interesamos y otras veces se olvidan de nosotros».