Alfa y Omega > Nº 662 > España
Éstos son los argumentos de la cultura de la muerte
¿Y el niño no cuenta?
Apoyo el aborto «desde una convicción cristiana»; la ley, en realidad, persigue «la debida tutela de la vida prenatal»; votaré a favor de la ley porque sigo a Cristo, no a monseñor Martínez Camino; en realidad, la Iglesia no tiene una posición única y definida sobre el aborto...: Si la sociedad española creía que ya nada podía sorprenderle en el debate sobre los límites al derecho a la vida, estaba muy equivocada


Un millón y medio de niños han muerto
sin poder nacer, en España, por el aborto.
Serán recordados el sábado,
en Zaragoza
Tomás Moro, que murió mártir por obedecer la ley de Dios antes que la de Enrique VIII, no parece santo de la devoción de don José Bono. En el Foro COPE Castilla-La Mancha, el pasado viernes, el Presidente del Congreso rechazó sin paliativos la posibilidad de que su grupo, el socialista, deje libertad de voto a los diputados que se oponen al aborto por razones morales, en contra de la petición, el día anterior, de los organizadores de la manifestación del 17-O: «Si un diputado está en contra de una ley porque su conciencia así se lo ordena, lo que debe hacer es dejar el escaño», dijo. En lo que a él respecta, su voto y su opinión están «con mi partido». Y dio a entender que el rechazo al aborto no tiene que ver con la fe católica, sino sólo con las opiniones de algunos obispos: «Somos muchos los cristianos que aspiramos a seguir a Cristo, no a Martínez Camino», obispo auxiliar de Madrid y Secretario General de la Conferencia Episcopal Española.
El prietas las filas de don José Bono se produce después de que algunos socialistas hayan expresado algunas reticencias. Don Fernando Vidal, de la corriente Cristianos Socialistas, en declaraciones a La Tarde con Cristina, de La COPE, afirmó que legislar el aborto como un derecho «constituye un salto cualitativo inaceptable», e incluso llegó a decir que éste «es un asunto tan grave que es suficiente como para decantar el voto y alentar la lucha política contra el Gobierno». Pese a ello, el señor Vidal apoya una ley de plazos; esto es, que durante un período de tiempo, la madre pueda disponer de la vida de su hijo, sin dar explicaciones a nadie.
¿Convicción cristiana?
Don Íñigo Urkullu, Presidente del PNV, fue todavía más lejos que el señor Bono en sus intentos de conciliar como sea aborto y fe, y en su blog explicó que apoya la ley del aborto «desde una convicción cristiana y pensando en un Dios misericordioso». Además, obviando que la doctrina católica es tajante con respecto a este tema, y en concreto en lo que respecta a la responsabilidad del político católico, trató de hacer ver que la Iglesia no tiene una posición definida sobre el asunto. Estas declaraciones se interpretaron como una respuesta a las palabras del obispo auxiliar de Bilbao, monseñor Mario Iceta, en Radio Euskadi, pidiendo al PNV que recapacite, porque su postura «no responde a lo que muchos de sus votantes piensan sobre el aborto».
Pero más que una opinión a favor o en contra del aborto, el PNV, desde un principio, ha dejado claro que lo considera un asunto secundario. En julio, sin anunciar todavía el sentido del voto, el partido anunció que sus diputados tendrían que atenerse a la consigna que se les diera. El apoyo a la ley sería una moneda de cambio al servicio de la causa nacionalista.
Sin embargo, ante las duras críticas en los últimos días de muchos militantes, el PNV se ha visto obligado a condicionar su voto a que, al menos, los socialistas aprueben sus diez enmiendas, entre las que figura que las menores deban informar a sus padres antes de abortar y que se reconozca la objeción de conciencia del personal sanitario.
¡Para tutelar la vida prenatal!
No lo tenía fácil esta vez para hacerse notar doña Bibiana Aído, ministra de Igualdad, autora de la ocurrencia sobre la condición de ser vivo, pero no humano, del embrión. Pero lo consiguió: la ley que desprotege absolutamente al todavía no nacido persigue en realidad «la debida tutela de la vida prenatal», dijo en el Congreso de los Diputados la pasada semana. La señora Bibiana Aído apeló, además, al sexo de las diputadas de la oposición, y dijo que, «en el PP, al menos las mujeres deberían apoyar, respetar y comprender a quienes... no quieren o no pueden asumir de manera forzada la gran responsabilidad de la maternidad».
Un argumento similar utilizan las Juventudes Socialistas, que han puesto en marcha una campaña pro abortista. Ni una palabra sobre el niño. Tampoco sobre el padre, a quien se libera de cualquier atisbo de responsabilidad. En un vídeo, las Juventudes Socialistas presentan a una chica que aborta como heroína, frente a los obispos, el PP y el movimiento provida, que conforman «el lado oscuro» de la sociedad española. La Asociación Universitarios por la Vida plantea esta pregunta a los jóvenes militantes de izquierda: «Nosotros estamos dispuestos a dar lo mejor de nosotros para que ninguna mujer tenga que enfrentarse jamás a lo que supone un aborto... ¿Cómo puede una sociedad que abandona a la mujer ante el aborto, que no le proporciona ningún tipo de ayuda en caso de quedarse embarazada, que le enseña como único camino posible el aborto, decir de sí misma que es comprensiva, solidaria, amable y respetuosa con las mujeres
R.B.
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