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Punto de vista
El civismo de Havel
Veinte años después de la revolución de terciopelo, representada por Vaclav Havel, el civismo que defiende este intelectual checo guarda escasa relación con lo que se entiende por ciudadanía en la Europa posmoderna. De virtudes cívicas hablaron mucho antes Robespierre o Lenin. Pero el civismo son valores y no la sumisión al poder establecido, aunque éste presuma de virtuoso. Civismo es valentía ante las injusticias, también en aquellos sistemas que presumen de modélicos; es amor a la verdad en el reino del relativismo; es libertad de las conciencias no satisfecha con migajas externas; es lucha para no acallar la voz de la conciencia que exige responsabilidad en la vida pública... El civismo haveliano es una ética caracterizada por el amor al bien. Un programa válido para las sociedades comunistas y poscomunistas.
En las obras teatrales de Havel, emerge con fuerza su concepto de civismo, capaz de enfrentarse al miedo y la inacción, experimentados por Leopold Kopriva, protagonista de Largo desolato (1984). Es un profesor de filosofía, que bebe, se atiborra de medicamentos y se encierra en su casa, temeroso de la policía. Las autoridades le ofrecen dejarle en paz si reconoce públicamente que su libro, molesto para el régimen, no ha sido escrito por él sino por otra persona con su nombre. La alternativa es diabólica, pues supone privar a Kopriva de su propia identidad. Es un personaje marcado por la ambigüedad de ser héroe y cobarde. Quizás tenga algo en común con Benes, el Presidente checo representante de una tradición liberal centroeuropea, pero al mismo tiempo el hombre que aceptó el compromiso de Munich y el que, después de la guerra, ratificó el decreto de expulsión de los alemanes de los Sudetes.
En Largo desolato, la cobardía y la razón de Estado se disfrazan de sentido del deber, responsabilidad, paz, justicia... Es la manipulación del lenguaje, denunciada por Havel en 1989 en su discurso de aceptación del Premio de la paz de los libreros alemanes. Lo reiteraría ante una nutrida audiencia del exilio cubano en 2002. Señaló que no se puede abandonar una reflexión libre y culta para reemplazarla por gastadas consignas utópicas: este camino no nos llevará a un mundo mejor. Havel sigue insistiendo en que el rey está desnudo. Lo más cómodo sería aceptar el lenguaje de la mentira o adaptarse a él. La conciencia ha de rebelarse contra esa violencia verbal y moral, que puede ir acompañada de alguna violencia física.
Los adversarios del nuevo maniqueísmo tienen una dificultad añadida: se quiere despertar en ellos mala conciencia por enfrentarse al partido del bien. Otro fruto de la manipulación del lenguaje, pero, con hombres como Havel, no se podrá considerar a la esclavitud como una forma superior de libertad.
Antonio R. Rubio Plo