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Ante el Día de la Iglesia Diocesana, Alfa y Omega vive una jornada en una parroquia
En la casa de todos
¿Cómo hablar de la Iglesia diocesana, en un año en que, además, celebramos el Año Sacerdotal? Situándonos en el entorno más familiar del sacerdote, en su ámbito de actuación y de colaboración con todas las personas que van a Misa, se casan, se bautizan, hacen la Primera Comunión, reciben catequesis, ayuda...: la parroquia, núcleo y punto de partida de muchas de las realidades que configuran la Iglesia diocesana


Don Pedro Pablo Gómez imparte una
de las clases de Profundización en la Fe
Son las diez de la mañana de un jueves, y en las inmediaciones de la calle de Alcalá, en el madrileño barrio de El Carmen, el ir y venir de los viandantes, junto con las obras de la ciudad, obligan a caminar más lentamente de lo que uno hubiera deseado. La iglesia parroquial del Espíritu Santo se levanta, enorme, como en medio de un claro, tras las calles estrechas que llevan hasta ella. Todos los días, a las diez y media, tiene lugar la Eucaristía. Esta mañana hay bastante gente, para ser horario laboral, aunque esto no es nada raro, porque la parroquia del Espíritu Santo, elegida, por cierto, al azar para elaborar este reportaje, posee una gran vitalidad.

Don Miguel Jiménez, a la derecha, prepara materiales
con dos de sus compañeros de catequesis de jóvenes
El color rojo de la vidriera que abarca toda la pared frontal y que representa Pentecostés, inunda todo el interior con una luz cálida y acogedora. Primero, la Eucaristía, después, exposición del Santísimo y rezo de Laudes, con una mención especial a los sacerdotes en este Año Sacerdotal: Danos sacerdotes santos, repiten las cuarenta personas, aproximadamente, que se encuentran allí.
Pero no son las únicas. Hay mucha vida en los salones parroquiales y en las catacumbas, como llaman, en broma, a los bajos del edificio. Porque en el Espíritu Santo han entendido la parroquia como lugar de encuentro y oración, pero también de acogida universal, de hogar y de ayuda, de atención a cada uno como persona y hermano, como todos entendemos la Iglesia, como todos quisiéramos que fuera siempre. Tienen la suerte de contar con un gran potencial humano con hambre de Dios, como Pedro, consagrado y arduo colaborador de la parroquia, le dijo una vez al párroco, don Fidel..., y han decidido darles de comer.
24 horas..., o algo más

En la clase de Manualidades.
De pie, la profesora, doña Mª Paz
24 horas en una parroquia podría ser el título de este reportaje. Pero lo cierto es que 24 horas no dan ni para empezar a describir tantas actividades como tienen lugar allí.
Justo después de la Misa, a las 11 de la mañana, comienzan las actividades del Club El Encuentro, un club de la tercera edad que lleva 20 años funcionando en la parroquia. Cuenta con 250 socios, y, entre otras actividades, se imparte un taller de muñequería, gimnasia de mantenimiento, sevillanas, taller de manualidades, bingo familiar, viajes ocasionales... Su actual presidente, don Luciano Rupérez, lo define como un «club de acogida para que las personas mayores del barrio salgan de casa y tengan actividades, siempre en consonancia con la Iglesia, porque somos un club de la Iglesia». Don Luciano habla del club y de las actividades en presencia de su mujer, doña Isabel Miján, responsable, a su vez, de Promoción de la Mujer, que tiene lugar en la parroquia desde hace nada menos que 30 años, y que se creó para mujeres que no habían podido ir a la escuela o que tenían muy poca formación. Además, Promoción de la Mujer ayuda a un centro de toxicómanos, Jesús Caminante, donde son conocidas como las señoras de la leche, porque desde hace años se dedican a proporcionar leche a las personas que se encuentran en aquel centro.

El párroco, Don Fidel Martínez, de pie, junto
con el Vicario parroquial, don Pablo Maldonado,
al ordenador, buscan una partida de bautismo
en el despacho
Doña Purificación Rodríguez tiene 75 años, es viuda, y está jubilada de su trabajo como farmacéutica desde hace tan sólo 3. Tiene 10 hijos. Con este perfil, muchos podrían acordar que ya era momento de que Purificación descansara. Pero ella no lo vió así. Hace dos años escuchó a don Fidel, el párroco, solicitar voluntarios para dar clase a mujeres mayores, y, ni corta ni perezosa, se lanzó: «Tienen entre 75 y 82 años, y mucho más interés por aprender que los niños, se lo digo yo, que doy clases a mis nietos -afirma-. Les hago trabajar mucho el cálculo, y también los dictados. A veces se les olvidan las cosas, y hay que repetir mucho, pero ya les digo yo: Tranquilas, que aquí no venimos a sacarnos un título».
Compartiendo lo bueno, y lo no tan bueno
Trabajando en una sala de la parroquia se encuentra también doña María Luisa Andrade, responsable de Acción Católica en la parroquia, y que explica que, junto a la formación habitual semanal, el grupo, de unas 20 personas, se encuentra a disposición para ayudar a organizar las campañas del Domund, del Seminario, así como el Apostolado de la Oración o la Cofradía del Carmen.

Las alumnas de Corte y Confección charlan
animadamente con el párroco, don Fidel
En una pequeña salita, varias mujeres charlan animadamente frente a unas simpáticas labores: es el taller de muñequería. Hablan como amigas que comparten su tiempo y sus cosas, tanto lo malo como lo bueno. Teresa afirma que tenía tanto tiempo libre que se sentía muy inútil y que, gracias al párroco, don Fidel, que le animó a que se apuntara a alguna actividad, se encuentra muy contenta. María, con 96 años, no responde porque no oye; aunque sí sonríe y trabaja como la que más, y acude todos los días al taller, puntual y perfectamente maquillada. «Yo, cuando me quedé viuda -explica Pilar-, me encontraba muy sola, porque mis hijos ya se han casado. El club me ha dado media vida. Ésta es nuestra Iglesia, es como estar en casa». «Pero no todas están aquí porque estén aburridas -contesta Isabel-. Yo tengo cinco hijos y dos aún en casa, pero vengo aquí porque me encanta el ambiente y disfruto estando con la gente».
Mientras, en el despacho parroquial, el párroco, don Fidel Martínez y el vicario parroquial, don Pablo Maldonado, se afanan en ayudar a una pareja mayor que ha venido a por un certificado de Bautismo del año 48.
Continuando por los locales de la parroquia, se puede ver trabajar a las voluntarias parroquiales de Cáritas, Carmen, Antonia y María Ángeles. Carmen, consagrada en la Asociación Pública de Fieles Enviadas de Jesús de Nazareth, explica que, en la parroquia, hay 20 voluntarios de Cáritas. «De forma directa -dice Carmen-, ayudamos a unas 40 familias al año. Hemos dado, por ejemplo, minicréditos, alimentos, ropa, ayudamos con los papeles a inmigrantes, conseguimos libros escolares gratis..., también hay un equipo visitador que va por las casas de las familias a las que seguimos, que son, en su mayoría, inmigrantes a los que la crisis ha golpeado especialmente».
En los pasillos está Antonio Sierra, esposo, por cierto, de María Ángeles, voluntaria de Cáritas, que lleva 30 años colaborando en la parroquia, encargándose de la catequesis de Primera Comunión y de los Cursillos Prematrimoniales.

Las tres voluntarias de Cáritas, nos enseñan
la parte del ropero con ropa infantil
El taller de Corte y Confección se encuentra de lo más animado, así como el de Manualidades, donde la profesora, María Paz, acude a dar clase todos los días, mañana y tarde, desde hace más de veinte años. No es una clase de manualidades al uso: «Esto es como una especie de terapia. Se me ha dado el caso de maridos que les piden a las mujeres que vengan a manualidades conmigo, porque el cariño que surge entre nosotros es muy especial. Intento fomentar la colaboración, y no perder nunca de vista dónde estamos, en una parroquia». Algo que consiguen celebrando todas las fiestas litúrgicas, y comenzando todos los cursos con una Eucaristía y una charla a cargo de los sacerdotes.
Don Ángel Sarrión lleva 42 años en la parroquia. Lleva tanto tiempo que, cuando llegó, el templo ni siquiera existía, y los fieles acudían a misa a la capilla de El Carmen. Afirma que el momento de mayor fervor fue cuando se construyó la iglesia grande, la que hoy se conoce, lo que suscitó «grandes deseos y grandes colectas» por parte de los feligreses. Don Ángel tiene 82 años, y aunque físicamente puede parecer frágil, tiene una fuerza especial que brota de no se sabe dónde. Aunque ya se ha ido de la sala, vuelve al cabo de un rato para recalcar que, en esta parroquia, «se destaca siempre la presencia de la Virgen, la Eucaristía, la comunión con la Iglesia, la oración litúrgica de Vísperas todos los días, el Rosario y la exposición al Santísimo». Con semejante actividad, a nadie le extrañará saber que la parroquia ha dado ya varios sacerdotes y religiosos, y que en la actualidad hay dos seminaristas procedentes de la parroquia en el Seminario de Madrid.

La parroquia ha preparado un dossier especial
para rezar en el Año Sacerdotal
El lugar para el silencio
Una figura particular en la parroquia del Espíritu Santo es Pedro Pablo Gómez, consagrado de El Hogar de Nazareth, una institución que el Vaticano ha encajado en lo que se llaman Nuevas formas de vida consagrada. Su carisma es hacer vida de familia con niños que carecen de ella. Al llegar al barrio, se presentó ante el párroco, quien le encomendó, poco a poco, diversas actividades, como los Grupos de Matrimonios, o los Grupos de Madres, donde se profundiza en la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio o la familia; o el grupo Nicodemus, un tiempo de oración abierto a todo el mundo en la parroquia, todos los domingos por la noche, que el propio Pedro Pablo explica como «una oración personal, íntima, de los que sienten la necesidad de acercarse a hablar con Jesús en el silencio de la noche, como hizo Nicodemo», y la Profundización en la Fe, un intenso curso de formación que lleva funcionando ya 3 años, con mucho éxito, por cierto. Es importante destacar un detalle, y es que a estos grupos acuden personas de todo tipo, no sólo intelectual, sino también espiritual: «Tenemos científicos, médicos, jardineros... -explica-, pero también personas pertenecientes al Opus Dei, cursillistas, neocatecumenales, de Acción Católica...»

La luz especial que mana de la vidriera del templo,
una mañana
Miguel Jiménez tiene 29 años, es profesor de Matemáticas en un colegio, y lleva toda la vida en la parroquia. Está allí desde antes de las 6 de la tarde, preparado para dar la catequesis de los jóvenes de Confirmación, que impartirá junto con dos compañeros más. Además de pertenecer al grupo Pirineos, para chicos y chicas a partir de 23 años, decidió formarse como catequista en los cursos de las Vicarías, de dos años de duración. «Son especialmente útiles -afirma-. Te enseñan dinámicas, psicología...» También participa en los campamentos de verano, que congregan a más de 60 niños en un pueblecito de Segovia, y a los que acude también don Pablo Maldonado, el sacerdote.
Miguel se despide y se mete en la clase con sus compañeros catequistas y el grupo de jóvenes de Confirmación. Las salas no son precisamente un dispendio de comodidades, se nota que han sido arregladas con sobriedad , con cariño, pero sin contemplaciones..., para servir a su finalidad, y poco más. Eso sí, están llenas de vida, casi 24 horas al día. Como el hogar de muchos, y más en estos tiempos: sencillo, a veces imperfecto, a veces incompleto, a veces difícil..., pero siempre hogar de acogida y de esperanza.
A. Llamas Palacios
La Iglesia en España, en cifras
* 315.000 niños reciben el Bautismo cada año.
* 10 millones de católicos asisten a misa cada domingo.
* Cerca de 1.400.000 niños asisten a centros educativos de la Iglesia.
* Más de 25.000 huérfanos, y más de 57.000 ancianos, son cuidados por personas de la Iglesia.
La Iglesia trabaja en:
* Más de 200 centros hospitalarios, ambulatorios y dispensarios.
* 876 casas para ancianos, enfermos crónicos, inválidos y minusválidos.
* Cerca de 900 orfanatos y centros para la tutela de la infancia.
* 144 centros de caridad y sociales, y 300 consultorios para la defensa de la vida y la familia.
* Más de 300 guarderías.
«Nací para ser cura de pueblo»
«Un buen pastor, un pastor según el Corazón de Dios, es el tesoro más grande que el buen Dios puede conceder a una parroquia», dijo el santo Cura de Ars. Don Álvaro Castro es un joven sacerdote, ordenado hace apenas cuatro años, consciente de que, con su ayuda, otros pueden encontrar a Cristo. Esto es algo que le llena de alegría.
Tras su conversión, sintió la llamada y, unos años después de ella, es el sacerdote de dos pequeños pueblos situados en la llamada Comarca de las Vegas: Estremera y Brea de Tajo, ambos pertenecientes a la diócesis de Alcalá de Henares, en la Comunidad de Madrid. Los dos últimos años de su sacerdocio los ha dedicado a estos pueblos en cuerpo y alma. Además es capellán de un centro de menores y de una residencia de ancianos.
El padre Álvaro ocupa el lugar en el que, durante 1889, fue párroco san José María Rubio, canonizado en la última visita de Juan Pablo II a España. El pueblo conserva algo especial desde que el Padre Rubio estuvo allí. Álvaro señala que se ha quedado impresionado viendo la respuesta que dan los fieles cada jueves en la Exposición del Santísimo: «Esta devoción a la Eucaristía es fruto de la labor del Padre Rubio. Todo el pueblo tiene mucha devoción al santo».
La vida de un sacerdote rural es trabajosa, pero también muy gratificante. Álvaro expresa así su amor por este ministerio: «Nací para ser cura de pueblo, y si Dios quiere, moriré siéndolo».
Dedica gran parte de su actividad pastoral a atender a las personas con dificultades; especialmente a los enfermos; también a los que tienen problemas económicos, e intenta encontrar trabajos para ayudar a mejorar la situación de algunas familias. Por otro lado, visita cada domingo un centro de menores donde da catequesis a un grupo cada vez más numeroso de jóvenes con problemas: «Empezó siendo un grupo de cuatro chicos y ahora atendemos a dos grupos de veinte. Lo que más ayuda a los chicos es que vayas, que alguien les muestre amor».
Grupo de Cáritas, catequesis de niños y de jóvenes... Cada día es distinto para él. Lo más gratificante -dice- es que «las personas descubran a Jesús y que le amen». Ésta es la misión para la que se prepara al sacerdote, como explica Juan Pablo II la Exhortación apostólica Pastores dabo vobis: «La formación de los candidatos al sacerdocio está orientada a prepararlos de una manera específica para comunicar la caridad de Cristo, buen Pastor».
Susana Sendra Ramos
© 2006. Alfa y Omega, Semanario católico de información. Fundación San Agustín, Arzobispado de Madrid