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IV Congreso Internacional Provida, en Zaragoza
Frente al megagenocidio, cinco panes y dos peces
Muchas veces, mirando el panorama del aborto en el mundo, es difícil mantener la esperanza. Sin embargo, los participantes en el IV Congreso Internacional Provida han demostrado que, aunque la guerra sea larga, o casi indefinida, se puede ganar. Las mejores armas serán la oración y el testimonio, pues, como comentó don Aurelio García Elorrio, un líder provida de Argentina, «poniendo cada uno lo que tiene en el signo del amor, Dios hace maravillas»

El sábado por la noche, poco a poco, un hilo de luz recorrió, en Zaragoza, los cuatro kilómetros que separan el Auditorio de la basílica del Pilar. Los promotores de la iniciativa Un millón de velas por la vida -con la que todavía se puede colaborar enviando un SMS con la palabra vela al 7745- pretendían encender una luz por cada una de las víctimas del aborto desde que se despenalizó en España -incluyendo las 115.812 de 2008 que el Gobierno reconoció el pasado jueves-. En la explanada del Auditorio, varias decenas de personas intentaban, juntándose en grupos, mantener encendidos, a pesar del aire, los dibujos que las velas formaban y, con ellos, el recuerdo.
Esto mismo ha sido el IV Congreso Internacional Provida, en cuyo marco se encuadraba este gesto, y que el pasado fin de semana reunió a más de 1.300 participantes de una treintena de países. Han sido tres días de intervenciones de gran nivel por parte de los protagonistas de la defensa de la vida en distintos países, ya sea desde distintas asociaciones, la ciencia o la política. Todas sus aportaciones cristalizaron en la Declaración de Zaragoza, un texto extenso que aúna dureza en la denuncia, exigencia a las instituciones y compromiso, además de acuñar un nuevo término, mega-genocidio, para los más de 800 millones de muertes que hasta ahora ha provocado el aborto legal en el mundo.
A las instituciones públicas se les exige no sólo respetar la vida desde su concepción hasta la muerte natural, sino tomar medidas concretas para ello, como mejorar la atención sanitaria a la maternidad, promover las instituciones de ayuda a las embarazadas, formar a los jóvenes para la castidad y las virtudes, castigar toda práctica abortiva, eugenésica o eutanásica, o que, al menos, no se consideren nunca un derecho, respetar la objeción de conciencia de los médicos y retirar la personalidad jurídica a las entidades que defiendan el aborto.
A pesar de todo, esperanza

El pasado jueves, se supo que, en 2008,
115.812 niños se sumaron a la siempre demasiado
larga lista de niños muertos legalmente desde
que el aborto se despenalizó en España en 1985.
En su memoria, el sábado por la noche, durante
dos horas, en Zaragoza brillaron
Un millón de velas por la vida
Igual de ambiciosos se muestran en sus compromisos: colaborarán con Acción Mundial de Parlamentarios y Gobernantes por la vida, promoverán partidos políticos conformes a estos principios; defenderán ante la ONU una Convención Internacional que proteja la vida de todos los seres humanos, y facilitarán que las mujeres víctimas del aborto denuncien a los responsables.
Pese a tanta rotundidad, los ánimos de los participantes, como las velas, oscilaban entre el pesimismo y la esperanza. Llevaban a lo primero las denuncias -procedentes sobre todo de Iberoamérica- sobre la agenda abortista y antinatalista de los organismos internacionales, y los intereses económicos implicados. También podía ganar el desánimo al ver consecuencias imprevistas del aborto, como hacer a la mujer más vulnerable al abandono -como no ha abortado, debe hacerse cargo del niño ella sola-. Don Pedro Juan Viladrich, Vicepresidente del Grupo Intereconomía, se hacía eco del sentir general: «Algunos de ustedes tendrán probablemente, junto a la energía para combatir, una cierta sensación de cansancio, o dudas sobre su capacidad de resistir indefinidamente».
Sin embargo, con cada relato de una victoria renacía la esperanza. La influencia que el movimiento provida ha tenido a la hora de evitar que la reforma sanitaria de Obama se convirtiera en una barra libre de aborto financiado con fondos públicos, o la victoria judicial contra los fabricantes de la píldora del día después en Argentina, despertaron un enorme aplauso, pero éstos adquirían una calidez especial cuando se hablaba de niños salvados y mujeres atendidas. «Lo que cambie la cultura sobre la vida será el clima de amor y atención que se destila en las casas de acogida», dijo -y no fue el único- Carlo Casini, Presidente del Movimiento por la Vida italiano y eurodiputado. Esto -añadió el señor Viladrich- «le quita a nuestras ideas el riesgo de doctrinalismo y las convierte en vida». Fundamental será también, se indicó en varios momentos, la oración. No en vano, el viernes se cerró el día con una vigilia presidida por monseñor Manuel Ureña, arzobispo de Zaragoza, que también asistió al Congreso.
Manos jóvenes

Teresa, Clara, pilar y Blanca son algunos
de los jóvenes voluntarios que han ayudado
al desarrollo del Congreso
«La batalla a favor de la vida -dijo también el señor Viladrich en su intervención- no es sólo larga, sino probablemente permanente». Hace falta, por tanto, que la antorcha pase a manos jóvenes, que, mientras tanto, se entrenaban haciéndose cargo de las velas en gran parte del recorrido que se iluminó el sábado noche. Entre ellos estaban las alumnas del colegio Sansueña, que llevan cerca de un año preparándose para el Congreso y a cuya financiación han aportado más de 2.000 euros, obtenidos de vender desde el verano, por calles e iglesias, los pines pies preciosos. Durante el Congreso, Teresa y Clara (16 años), Pilar (17), Blanca (14) -en la foto- y otras compañeras echaron además una mano en todo lo que hiciera falta, ya fueran traducciones, información o la guardería. Lo ven como algo normal, pues, «en general, el colegio responde bien ante estos temas, y nos apoyamos unas a otras. Otros amigos tienen más lío con el tema, o están solos en su entorno».
Ellas y los demás jóvenes participaron en el Foro de Jóvenes que tuvo lugar el viernes por la tarde, aunque otros se quedaron en todo el encuentro. Entre ellos estaba Álvaro Arranz, Vicepresidente de Nasciturus. Su asociación, apolítica y aconfesional, se centra sobre todo en la formación, pues «la universidad es el sitio perfecto para el debate y para aprender». Por ello, organizan conferencias y ciclos, aunque otro de sus objetivos es que la Universidad Complutense dé facilidades, como flexibilidad en los horarios o recortes de matrícula a las estudiantes que sean madres.
En red
El Congreso, sin embargo, ha sido mucho más que su contenido y sus conclusiones. Conferencias y mesas redondas compartieron protagonismo con la presentación de distintas iniciativas para la movilización social, la divulgación, o la ayuda a mujeres. Cada descanso -y algún otro rato, escapándose de las ponencias- servía asimismo a los responsables de los grupos para conocerse, compartir materiales e ideas e intercambiar experiencias. Para don Johan Lundell, de la asociación sueca Sí a la vida, este encuentro de los líderes tiene que llegar también «a los millones de personas defensoras de la vida, y crear relaciones entre ellas». Para ello, su grupo apuesta por Internet con el portal www.thoughtsonabortion.com (Reflexiones sobre el aborto), disponible de momento en sueco, inglés y español, pero que aspira a ser un punto de encuentro en una veintena de idiomas. En él, los internautas pueden aportar sus reflexiones y respuestas -desde su experiencia o sus distintas especialidades- a los principales argumentos que se esgrimen a favor del aborto, para que otros puedan conocerlos y usarlos. Como dijo en su intervención la diputada italiana doña Paola Binetti, «estas batallas se combaten en todos los países, si queremos ganarlas tenemos que ganarlas todos juntos».
María Martínez López
La vida en la gran pantalla
El broche final del Congreso fue el documental Tiempo para una vida, de Ricardo del Pozo, que ya había cosechado un éxito notable en la mesa redonda Retratos de una realidad, donde el cine fue uno de los protagonistas. Coordinó este encuentro el crítico don Jerónimo José Martín, quien afirmó que el cine contemporáneo presenta «el individualismo posesivo como el principal enemigo del ser humano» y no entra en las estrategias de la ideología de género. Como consecuencia, opta más bien por la vida. Películas como Solas; Juno; 4 meses, 3 semanas, 2 días; o Nunca es tarde para enamorarse, aunque sean criticables en otros aspectos, «mantienen un hálito de esperanza». Sin embargo -añadió-, no deja de ser «un campo en el que estamos especialmente cojos. Debemos tener la misma capacidad de acogida con la cultura que con esa chica que acude a nuestras asociaciones y que ha cometido errores. Pienso que una de las causas de que no haya más películas contra el aborto son esos padres que no dejan a sus hijos estudiar cine».
Las cosas podrían ir cambiando gracias a iniciativas como la que se presentó en la misma mesa: la película El hijo de las estrellas (www.elhijodelasestrellas.com), del documentalista Javier Santamaría. Va a ser la primera película que en España se microfinancie mediante suscripción popular, aunque también necesitan guionistas, técnicos y otros colaboradores. Las cuatro personas que forman su equipo han asumido riesgos en esta apuesta, pero, cuando llegue a buen puerto -esperan que el próximo verano-, pretenden devolver lo recibido, haciendo una licencia libre de la película que permita su descarga y uso.
Una responsabilidad de todos
La base de la ponencia en el Congreso del Presidente del Foro Español de la Familia, don Benigno Blanco, fue que «no se puede crear una cultura de la vida sólo con leyes, con actos de los políticos o con datos científicos. Todo eso es importante, pero las cuestiones nucleares se construyen y reconstruyen en el corazón de los seres humanos». Se trata -prosiguió- de que «allí donde estamos, las personas que nos rodean vayan descubriendo que la vida merece la pena». Y lo podremos lograr -añadió-, si:
* Aprovechamos el poder de la palabra: «Los demás tienen derecho a que nos metamos en su vida, si tenemos algo bueno que dar. Y hablar bien de la vida es mejor que hablar mal de la muerte».
* Mostramos al no nacido a la sociedad: «La evidencia científica tarda en penetrar en la cosmovisión de la sociedad. Pensar que hay una fase en la que no hay vida humana es un a priori. Hay que conseguir que el no nacido entre por los ojos, y se puede conseguir con cosas tan sencillas como el pin de los pies».
* Nos preocupamos por los muchos que piensan Tú lo ves así, yo no, qué se le va a hacer: «A los que no llegamos por la palabra, tenemos que llegarles por el testimonio de amor a la vida. Que nos vean capaces de sonreír a la vida, sin miedo a sus aspectos dolorosos, e ilusionados en sacar adelante a nuestros hijos».
* Nos responsabilizamos de los problemas a nuestro alrededor: las mujeres que abortan pueden estar en nuestro entorno por lo que, ante cualquier embarazo que pueda ser problemático, «lo primero es felicitar a la mujer. Cuántas reciben, hoy, sólo el pésame. Y luego, preguntarle si algo le agobia y ofrecerle ayuda».
En esta misma línea habló, en la conferencia inaugural, doña Jutta Burggraf, profesora de la Universidad de Navarra. El defensor de la vida, según ella, ha de aunar la fuerza y la valentía para «oponerse a todo lo que cosifica al hombre», sin miedo a las consecuencias, con la humildad de ser consciente -e incluso hablar- de su propio mal a la hora de juzgar a otros. Es también de suma importancia -continuó- que sepa escuchar y acoger al otro, pues «el interés y la comprensión» llegan lejos, mientras que «el enfado y los reproches lo ponen a la defensiva». Por último, sus argumentos deben ser creativamente fieles a la verdad que quiere transmitir, para ayudar al otro a descubrirla por su cuenta.
© 2006. Alfa y Omega, Semanario católico de información. Fundación San Agustín, Arzobispado de Madrid