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Monseñor Juan José Asenjo, nuevo arzobispo de Sevilla:
«Me encuentro con una Iglesia viva y dinámica»
Tras la aceptación de Benedicto XVI de la renuncia del cardenal Carlos Amigo Vallejo como arzobispo de Sevilla, el nombramiento de su arzobispo coadjutor, monseñor Juan José Asenjo, ha sido inmediato


Monseñor Asenjo, junto al cardenal Amigo,
ante los medios de comunicación
En rueda de prensa, el ya arzobispo emérito, cardenal Amigo, anunció que trasladará su residencia a una comunidad franciscana de Madrid, y que su despedida pública tendrá lugar mañana, viernes día 13, mediante una Eucaristía de Acción de Gracias en la catedral, a las 20 horas.
Como broche final, el cardenal Carlos Amigo declaró que sus mejores recuerdos en la sede hispalense son, «sin duda, el estar cerca de la gente, particularmente cerca de la gente que sufre mucho, como es el caso de los padres de Marta del Castillo».
Monseñor Asenjo afirmó, en su presentación ante los medios de comunicación, que se ha encontrado, en estos meses como coadjutor, con «una Iglesia viva y dinámica», de la que guarda «una excelente impresión».
En su mensaje a la archidiócesis de Sevilla, monseñor Asenjo quiso agradecer los meses en los que ha podido colaborar con monseñor Carlos Amigos en el trabajo pastoral y en el gobierno de esta Iglesia particular, meses «en los que, a pesar de mi dedicación parcial a la diócesis de Córdoba como Administrador Apostólico, he ido conociendo gradualmente la historia venerable de la archidiócesis y sus instituciones más señeras, algunas de las cuales perviven todavía. He ido conociendo también las actuales realidades diocesanas, el Consejo episcopal, las Delegaciones y organismos de la Curia, el Cabildo Metropolitano, los sacerdotes y seminaristas, los diáconos permanentes, los miembros de la vida consagrada, los movimientos y asociaciones apostólicas, la Cáritas diocesana, y a muchos hermanos y hermanas de la gran familia de las Hermandades y Cofradías, tan arraigadas en nuestro pueblo».
Además, monseñor Asenjo no quiso olvidarse de las familias, los educadores y los jóvenes del Arzobispado: «En los inicios de mi ministerio -dijo-, tengo muy presentes a nuestras familias, fundadas en los valores del Evangelio, que viven la fidelidad y la entrega mutua, la perseverancia en el vínculo del sacramento del Matrimonio, la dedicación a la educación cristiana de los hijos y los valores de la solidaridad, que tanto están sirviendo en estos momentos para superar las dificultades espirituales y materiales en que les sitúa la crisis económica. Tengo también muy presentes a los educadores, a los catequistas y profesores de Religión, que sirven a la educación integral de nuestros hijos, y a su iniciación en la fe. Pienso con especial afecto en los jóvenes, esperanza de la Iglesia, empeñados en su propia formación humana y cristiana, y llamados a construir la nueva civilización del amor».
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