Alfa y Omega > Nº 663 > España
Don Alfredo Dagnino, Presidente de la ACdP, ante el XI Congreso Católicos y vida pública:
«Tenemos que ser creíbles»
Los católicos están obligados hoy a dar testimonio de unidad en la vida pública, en la política y en la sociedad civil. Hay cuestiones esenciales en juego, y no podemos enfrentarnos por «mezquindades o cuestiones de menor cuantía», dice el Presidente de la Asociación Católica de Propagandistas, don Alfredo Dagnino, en vísperas del XI Congreso Católicos y vida pública, sobre La política, al servicio del bien común
Don Alfredo Dagnino (en el centro) acompañado
de don Alfonso Coronel de Palma y don Jaime Mayor,
en uno de los Congresos Católicos y vida pública
En nombre de la libertad religiosa, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ordena retirar los crucifijos de un colegio público italiano...
Me parece inaudito, porque en aras de la libertad religiosa, se llegaría a la conclusión justamente contraria. El hecho de que un Estado sea aconfesional, en el sentido de que no asume ninguna religión, no significa que deba erradicar cualquier símbolo religioso de la vida pública, y menos en la medida en que se trata de un elemento evidente de la tradición y de la historia del país. Si entendemos la laicidad en un sentido recto, la aportación a la construcción del bien común de una religión se tiene que valorar positivamente desde el Estado, y no negativamente.
El próximo Congreso Católicos y vida pública lleva por subtítulo Al servicio del bien común. ¿Qué es eso del bien común?
Ese subtítulo transmite el mensaje, el espíritu y el fondo de lo que se quiere aportar en este Congreso. Cuando hablamos de la política, no nos referimos a las contingencias mundanas de un determinado país en un determinado momento. Queremos transmitir, en un momento de crisis profunda en Occidente y muy singularmente en España, desde nuestra perspectiva cristiana, cuál es la visión que tenemos de la Política, con mayúscula, en un sentido clásico, helénico... Y esa Política sólo es comprensible si se concibe al servicio del bien común, que es el bien de todos, al margen de intereses particulares e incluso de contingencias, porque los principios y los fundamentos morales y espirituales de una comunidad política trascienden al vaivén electoral. Queremos reivindicar la belleza de la política, más allá de la degradación y del deterioro en que nos vemos hoy inmersos. Y trasmitir la importancia de que se despierten vocaciones en un contexto muy difícil, en el que es fundamental que haya cristianos comprometidos y que den su testimonio de una forma distinta de vivir la política. Esto es esencial.
Habla usted, a menudo, de una crisis moral que subyace a la crisis actual. ¿Qué respuesta cristiana hay frente a esto?
Nos encontramos en una sociedad enferma, en una España enferma, pero no podemos caer en el fatalismo ni el pesimismo, sino que debemos elevarnos, e intentar obrar una regeneración moral de las estructuras temporales. Estamos en un túnel oscuro, y muchos no ven la luz. Los cristianos sí la vemos, y a Quien la encarna. Y eso debemos transmitirlo, con una actitud positiva, constructiva, con firmeza y determinación, con audacia cristiana, buscando siempre el bien común y el bien posible, en cada momento.
Uno de los carismas de la ACdP en la vida pública es coordinar esfuerzos. ¿Podemos ser creíbles los cristianos sin un testimonio de unidad? ¿Por qué es tan difícil a veces esa unidad?
Contribuir a la unidad, promoviendo la comunión, es esencial. Una de las cosas que más me exaspera en el día a día son las divisiones, que son el antitestimonio, y muchas veces se deben a mezquindades y a cuestiones de menor cuantía. Uno se asombra de la falta de altura de miras que hay en este sentido, cuando nos estamos jugando tantas cosas esenciales en estos momentos.
En la historia y tradición de la Asociación Católica de Propagandistas, desde la unión con la Iglesia y su jerarquía en el pensar, en el sentir y el vivir, como decía Herrera Oria, con todos nuestros errores y altibajos, ha existido siempre la vocación de servir de nexo de unión entre los laicos, de procurar la unidad... Y creo que esto, aplicado a la realidad laical y apostólica de hoy, hace que -sin pretensiones de ningún tipo, porque aquí no las hay, de liderar nada-, sí ofrecemos un ámbito eclesial muy propicio para aunar esfuerzos, para urdir lugares de encuentro. La riqueza de carismas enriquece la vida de la Iglesia, pero también puede propiciar la dispersión en el mundo laical. Procurar la unidad de acción tanto de corazones como de propósitos y disposición, es hoy una prioridad apostólica absoluta.
Portada del Programa del Congreso de este año
Insiste usted en que lo público es más que lo político. ¿Qué formas de participación pública ve hoy más urgentes?
Si me tuviese que decantar por algo, diría la formación prepolítica. Es la única forma sólida de construir el futuro, y esto pasa por tres frentes: la educación, la cultura y la comunicación. Con educación, me refiero a la educación católica, pero no podemos perder de vista la educación en general y la educación pública. Dos terceras partes de los católicos se forman en la escuela y en la universidad públicas. Por eso nos estamos planteando fomentar la creación de asociaciones de padres y de profesores, para promover un acompañamiento a todas esas personas que tienen que vivir su fe en un contexto a veces muy difícil. Y, con respecto a la educación católica, debemos ser conscientes de lo que implica. ¿Cuáles son las líneas fundamentales de una propuesta educativa auténticamente católica? Hablamos de una pedagogía, de la necesidad de dar un testimonio que la haga creíble, de un ambiente cristiano en los centros educativos, de formar masas críticas de familias católicas... Todo eso conforma una propuesta educativa muy rica, que nosotros queremos fomentar desde nuestras obras.
En cuanto a la cultura, ésta es una gran carencia en estos momentos en Occidente, y España no es una excepción. Falta difusión del pensamiento y de la cultura católica en las diferentes ramas del conocimiento. Y también es necesario estar en el mundo de la comunicación, como ya vio Ángel Herrera en los primeros tiempos de la ACdP. Nosotros somos conscientes del deterioro que han sufrido las obras de la Asociación a lo largo de muchas décadas, y de pérdidas irreparables, como la Editorial Católica y los medios que a ella pertenecían, y la Escuela de Periodismo de la Iglesia. Pero tengo el convencimiento de que, en el contexto actual, más difícil, debemos intentar recomponer eso; probablemente no nosotros solos, sino en colaboración con otras instituciones y con otros grupos que participan de un mismo sentir. Ahora bien: cuando hablamos de medios de comunicación católicos, estamos obligados a hacer un discernimiento sobre qué significa esto, porque a veces, bajo la rúbrica de católico, aparecen propuestas que, en sus contenidos y en su forma de transmitir la información y la opinión, tienen una serie de caracteres amarillistas o tremendistas. Eso no era El Debate, ni el diario Ya.
En estos momentos en que parece que la corrupción es consustancial a la política, el Congreso Católicos y vida pública va a hablar de regenerar la democracia.
Esto tiene dos planos, que se abordarán en el Congreso. En primer lugar, la pregunta sobre los fundamentos prepolíticos de la democracia como sistema de gobierno: ¿se puede concebir la democracia como una pura técnica de formación de mayorías? La dignidad humana, los derechos fundamentales, ¿son fundamento prepolítico de la democracia, o la democracia se retroalimenta a sí misma, y el poder político es libre para incluso transformar la categoría de persona humana y la naturaleza de las cosas? Ésa es la gran cuestión. Estamos convencidos de que la regeneración de la democracia pasa por el fortalecimiento de sus fundamentos morales y prepolíticos. Después, deben contemplarse aspectos derivados de esto, con elementos más contingentes o más técnicos. Por ejemplo, la representatividad política. Éste es uno de los conceptos más importantes y sobre el que hay más insatisfacción en las democracias contemporáneas. A lo largo de los últimos siglos, se ha ido configurando el derecho de sufragio hasta hacerse universal. Y sin embargo, paralelamente, se han ido extendiendo sistemas electorales, merced a los cuales cada vez hay más divergencias entre el elector y los representantes políticos.
Los defectos en la representación política no se pueden dejar de observar a la luz de la participación de los ciudadanos en los asuntos públicos, que no se puede reducir a poner una papeleta en la urna cada cuatro años. Por eso hay que denunciar la partitocracia: los partidos son asociaciones civiles; sin embargo, nadie tiene esa concepción hoy, porque se han convertido en estructuras del Estado, alimentadas y sostenidas por los Presupuestos Generales. La corrupción que vemos ahora es en buena medida fruto de la concepción partitocrática. Si el político es un profesional que, muy joven, se mete en un partido político y va promocionándose, y no tiene la posibilidad de regresar a una vida profesional consolidada, aquí hay una semilla de corrupción.
En una sociedad democrática digna de tal nombre, la participación en los asuntos públicos no se puede circunscribir a los partidos. No pueden los partidos seguir reclamando para sí el monopolio de la intermediación política. La regeneración de la democracia pasa también por hacer reformas para atemperar esa excesiva partitocracia. Y formar sociedad civil. Muchos creen que sociedad civil es sinónimo de sociedad. No, sociedad civil es sociedad articulada y vertebrada. Y sin sociedad civil, no habrá garantías de libertad política, porque una amalgama social que no es sociedad civil está inerme frente a la tentación totalitaria del poder político. Como decía Vázquez de Mella, la sociedad civil pasa por fortalecer instituciones sociales intermedias que son garantía de libertad política frente al Estado. Por eso hacen falta hombres en la prepolítica. El futuro de España pasa por afrontar ese reto.
Muchos políticos que se dicen católicos ¿dan hoy un testimonio de fe...?
Es el problema de la incoherencia, en la política y fuera de la política. Para ser creíble, no se puede ser incoherente. Tenemos que ser creíbles.
Miguel Ángel Velasco
La política, al servicio del bien común
La Universidad CEU San Pablo, de Madrid, acoge, del 20 al 22 de noviembre, el XI Congreso Católicos y vida pública, dedicado a La política, al servicio del bien común. Entre las personalidades en activo que podrán hablar del tema en primera personas, figuran los eurodiputados Jaime Mayor Oreja y el italiano Mario Mauro; los diputados populares Manuel Pizarro, Jorge Fernández, José Eugenio Azpiroz, Eugenio Nasarre, Juan Antonio Gómez Trinidad y Lourdes Méndez Monasterio; ilustres ex, como Marcelino Oreja, el ex Presidente de Portugal António Ramalho, a cargo de la conferencia inaugural, o los ex ministros Alfonso Osorio y José Manuel Otero Novas; la alcaldesa de Lizarza, Regina Otaola, y el británico Lord Alton... Pero también habrá conocidas personalidades del mundo cultural, académico y social, como el director de L'Osservatore Romano o el economista Juan Velarde.
Entre los temas que se abordarán, figura la anunciada próxima Ley de libertad religiosa, la objeción de conciencia, la ideología de género y los fundamentos de los derechos humanos, combinando, como es habitual en el Congreso, las ponencias académicas con los testimonios. Como es habitual también, la Eucaristía del domingo será presidida por el cardenal Rouco, arzobispo de Madrid. La clausura del Congreso estará dedicada al centenario de la ACdP, que se cumplirá el próximo 3 de diciembre.