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Habla el Papa
Urgen testigos

(Al inaugurar la nueva sede del Instituto Pablo VI, en Concesio)
Se advierte una verdadera emergencia educativa. Formar a los jóvenes nunca ha sido fácil, pero en este tiempo parece haberse vuelto aún más complejo. Se están difundiendo una mentalidad y una forma de cultura que llevan a dudar del valor de la persona, del significado de la verdad y del bien... Y sin embargo, se advierte una difusa sed de certezas y de valores. Es necesario transmitir a las futuras generaciones algo válido, reglas sólidas de comportamiento, indicar objetivos altos hacia los que orientar la propia existencia. Aumenta la demanda de una educación capaz de hacerse cargo de las esperanzas de la juventud; una educación que sea ante todo testimonio.
Me viene a la mente esta incisiva frase programática de Giovanni Battista Montini en 1931: «Quiero que mi vida sea un testimonio a la verdad». Este testimonio -anotaba en 1933- se hizo urgente por la constatación de que, «en el campo profano, los hombres de pensamiento no piensan nada de Cristo. Él es un ignorado, un olvidado, un ausente, en gran parte de la cultura contemporánea». El educador Montini advirtió la necesidad de una presencia cristiana cualificada en el mundo de la cultura, del arte y de lo social, enraizada en la verdad de Cristo y atenta al hombre y a sus exigencias vitales. «No compartimentos estancos separados del alma -decía-, cultura por una parte, y fe por la otra; escuela de un lado, Iglesia del otro. La doctrina, como la vida, es única». Por esto, promovió para los universitarios iniciativas al servicio de los pobres. No separaba la que definirá como caridad intelectual, de la presencia social. «El católico no es un atormentado por cien mil problemas... ¡No! Fiel a su fe, puede mirar al mundo no como un abismo de perdición, sino como un campo de mies».
(8-XI-2009)