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Los católicos en la política y en la vida pública de la España de hoy:
«Somos la levadura que debe hacer fermentar la masa»
¿Por qué corrompe el poder? ¿Faltan políticos católicos en España? ¿Les exigen demasiado los católicos, como si sólo a ellos les tocara resolver todos los problemas? ¿Qué reformas necesita nuestro sistema político? En vísperas del XI Congreso Católicos y vida pública, dedicado a La política, al servicio del bien común, han debatido, en la redacción de este semanario, tres personalidades que ocupan, o han ocupado, altas responsabilidades políticas en España
De izquierda a derecha: Benigno Blanco,
Miguel Ángel Velasco, Ignacio Camuñas
y Jorge Fernández Díaz
Don Ignacio Camuñas, diplomático, fue ministro de Relaciones con las Cortes, y posteriormente Presidente del Partido Liberal. Se ha destacado por la defensa de la necesidad de fortalecer la sociedad civil en España y de promover una regeneración democrática. Presidió la Asociación Española de Fundaciones, y hoy preside el Foro de la Sociedad Civil, que agrupa a destacados intelectuales de muy diversos ámbitos.
Don Benigno Blanco, jurista, fue Secretario de Estado durante los 8 años de Gobiernos del PP: primero, de Aguas y Costas, en el Ministerio de Medio Ambiente, y desde 2000, de Infraestructuras, en el Ministerio de Fomento. Es Presidente del Foro Español de la Familia, convocante de multitudinarias manifestaciones en defensa del matrimonio y del derecho de todos a la vida.
Don Jorge Fernández Díaz, Ingeniero Industrial e Inspector de Trabajo y Seguridad Social, es el Vicepresidente III del Congreso de los Diputados. Ha sido Secretario de Estado de Relaciones con las Cortes (2000-2004); de Educación, Universidades, Investigación y Desarrollo (1999-2000); y de Administraciones Territoriales (1996-1999). Fue diputado por el PP en las cuatro anteriores legislaturas; ha sido también senador y diputado en el Parlamento de Cataluña.
Moderó el debate el director de Alfa y Omega, Miguel Ángel Velasco.
¿Hay pocos políticos católicos?
* Benigno Blanco: Como en el conjunto de la sociedad española, hay una pequeña minoría de católicos practicantes y coherentes, una amplia mayoría de católicos poco practicantes e inconsecuentes y una minoría de agnósticos y ateos. Y, por lo que he podido ver, no hay tampoco un clima moral distinto. Hay gente muy buena, y también unos cuantos canallas. Pero el político medio en este país es una persona que intenta hacer bien su trabajo.
* Jorge Fernández: Yo introduciría un matiz. Hay encuestas sobre el Parlamento de Cataluña que revelan un nivel de ateísmo muy superior al promedio. Y si, en el Congreso de los Diputados, nos fijáramos en algún grupo de diputados muy significativo, estoy seguro de que habría un gran desfase con la religiosidad de la sociedad, e incluso con la de sus propios votantes. Pero, además, entre no pocos políticos que se definen como católicos, hay un agnosticismo práctico. A la hora de la verdad, cuando se producen debates en el Parlamento, sólo siguen la disciplina de partido.
* Ignacio Camuñas: Yo defiendo que los católicos hoy en España somos una minoría. Cuando se quiere creer otra cosa, surge la queja: ¡¿Pero cómo en este país, que es mayoritariamente católico, son así los políticos?! Un católico es una persona que se ha encontrado con Jesús y le sigue en su vida privada y pública.
* BB: Los cristianos somos una minoría, pero una minoría con tendencia y vocación mayoritaria.
* JF: Somos la minoría mayoritaria. ¿Hay alguna actividad social pública que cada semana agrupe, como ocurre en la Iglesia, a 10 millones de personas?
El Presidente del Ejecutivo habla
a los representantes del Legislativo
* BB: Cuando una minoría cree que está en posesión de la verdad, y los cristianos creemos que conocemos la verdad, por necesidad intenta convencer a los demás.
* JF: Si no lo hiciera, faltaría a la caridad.
* BB: Y al derecho que tienen los demás a la verdad.
La corrupción, ¿es consustancial al poder? ¿Son corruptos los políticos?
* IC: Habría que aclarar el concepto. La generalidad entiende por corrupción sólo el robo, y existe también la corrupción de la traición a los principios. En ese sentido, desgraciadamente, hay mucha corrupción extendida, porque hay mucha doblez, mucha hipocresía, mucha traición… Hay corrupción cuando no hay valentía para defender las propias ideas y principios, cuando uno dobla la cabeza frente al poder… Ahora bien: ¿más que en otros ámbitos?
* JF: Es evidente que no, pero al político se le ve más. Está en el escaparate, y es bueno que sea así.
* IC: Un Estado intervencionista genera siempre más corrupción que una sociedad liberal.
* BB: ¿Dónde se da la mayor corrupción política? En el sector urbanístico, donde hay más intervencionismo.
* JF: Y donde se mueven más recursos económicos. Las dos cosas.
Régimen partitocrático
* IC: Yo quisiera hacer hincapié en el fracaso del sistema de representación política en nuestro país. Los ciudadanos no pueden elegir directamente a sus representantes, y los representantes no rinden la debida cuenta de su labor. Además, la teoría de la separación de poderes, pilar básico de la democracia, está absolutamente arruinada.
* JF: Estamos en un régimen partitocrático, donde los partidos tienen un poder manifiestamente excesivo y desmesurado. A la muerte de Franco, pareció conveniente dotarles de mucho poder. Eso ya no es sostenible. Las cúpulas de los partidos determinan quiénes van en las listas y en qué orden, y los ciudadanos firman un contrato de adhesión. De esas listas surgen los diputados, y de ellos, el Gobierno. Pero esos diputados están ahí gracias a las cúpulas de los partidos, que a su vez están financiados desde el Erario. El Poder Judicial surge del Gobierno… En definitiva, el poder real está concentrado en muy pocas manos. Después está la pregunta de por qué otros callan y claudican; pero, al margen de esto, el sistema político español necesita una reforma. Lo digo yo, aunque forme parte de él. Si no somos capaces de regenerarlo desde dentro, vendrá la regeneración desde fuera. Pero no sé si seremos capaces de hacerlo. No es fácil que las cúpulas de los partidos acepten compartir el poder excesivo que tienen.
* BB: Las estructuras del régimen político español están envejecidas. Ya no responden al espíritu constitucional. Un señor que llega a ser Secretario General de su partido y es elegido Presidente del Gobierno, manda en todo, aunque sea un zoquete. Pero también hay mucho halago al poder. ¡A cuántos empresarios y periodistas se les ve rendidos ante el que manda! La sociedad es débil ante un poder fuerte (en el sentido de fuerza bruta).
* JF: La corrupción es un signo de los tiempos. Lo que está pasando es que hay unas estructuras con demasiados defectos que operan sobre un cuerpo enfermo, impregnado de relativismo.
* IC: Los políticos católicos tienen ahí un campo de acción muy importante: ante tanta cobardía, ante tanto silencio, ante tanto halago al poder, ante tanto miedo -porque esta sociedad tiene inoculado el miedo hasta lo más profundo de sus huesos-, tienen el deber de denunciar una serie de problemas a los que nadie hace frente. Y si te quedas fuera del poder, pues mala suerte.
* JF: ¿Pensáis que esto es privativo de España, o se puede generalizar, al menos, a Europa?
Celebración de la Fiesta de la Sagrada Familia
en la madrileña plaza de Colón
* IC: Pero la situación de España es muy peculiar y preocupante.
* JF: Acaba de dimitir el Speaker del Parlamento británico por problemas de corrupción. El relativismo ético es consustancial hoy a Occidente. Por otra parte, es verdad que las estructuras facilitan o dificultan la corrupción.
* BB: Estoy convencido de que la sociedad inglesa es mucho más corrupta y menos sana que la española, y sin embargo, sus estructuras políticas son mucho más sólidas. España es de los países europeos donde sigue existiendo una minoría, un minoría muy importante, que conforma su vida de acuerdo a una serie de valores muy importantes. Son esos millones de personas que aparecen cuando viene el Papa o cuando nos manifestamos por la familia o el derecho a la vida. Dudo de que existan tantas en otros países europeos. Ahí hay un sustrato social muy sano, pero nuestra estructura política es muy endeble, porque es de antes de ayer. Los grandes partidos tampoco han ayudado a la sociedad española a madurar; de alguna manera, la han secuestrado. Por tanto, es compatible que la crisis moral esté en otros países más extendida que en España, con el hecho de que aquí eso se plasme en una crisis política más profunda.
Pero ¿y si quienes pueden denunciar la corrupción hacen dejación de su responsabilidad?, ¿no contribuyen a que el problema se agrave?
* BB: Yo noto en la sociedad española un hipercriticismo hacia los políticos que no se corresponde con una autocrítica. Es muy fácil decirles a los políticos lo que tienen que hacer. Y, a veces, tienen que ser prudentes y hacer el bien en la medida de lo posible. Tampoco sería bueno que mañana todos los políticos católicos se inmolaran denunciando los males que hay, y dejaran la política a los canallas. Como no sería bueno que lo hicieran los médicos, en protesta porque sus colegas hacen cosas malísimas: ¡Denunciamos la Medicina moderna y nos vamos a ser pastores de ovejas! A veces, en los ambientes católicos españoles, hay un sentido crítico hacia el político católico muy poco respetuoso con su libertad. Todos hacemos el juicio de lo que debería hacer o no. Debo ser respetuoso con su postura personal, mientras no me dé razones para lo contrario.
* JF: Sí, pero es verdad que nadie se presenta a unas elecciones esposado por la Guardia Civil. Es elegido, representa a los ciudadanos, y los ciudadanos tienen derecho a exigirle.
* BB: Bien, pero me refiero más bien a la crítica particular de los ciudadanos católicos a los políticos católicos. Me parece que se está produciendo una injusticia enorme. No me extrañaría que un día dijeran: Pues hazte político tú. ¿Que los políticos están en un terreno en el que hay fango? Sí. ¡Pero en la vida social uno acaba rodeado de fango! Hay que mancharse de fango. Lo que uno no debe hacer es comerlo...
* JF: Tengo muy grabado aquel día 4 de noviembre de 2000, en el que, en el Aula Pablo VI, nos recibió Juan Pablo II a nueve mil políticos de todo el mundo. Éramos una mayoría de católicos, pero también había protestantes, judíos y musulmanes. Y proclamó a santo Tomás Moro Patrono de los políticos y de los hombres de Gobierno. Nos dijo el Papa que acudiéramos a su intercesión, pidiéndole las cuatro virtudes que, en su opinión, debían, de manera especial, acompañar al político: fortaleza, ¡buen humor!, paciencia y perseverancia. No dijo honradez. Y habló, como la primera de las virtudes, de la fortaleza. Hay que tener mucha fortaleza, porque estás sometido a unas presiones tremendas. ¡Y buen humor, paciencia y perseverancia! No podemos abandonar mañana todos dando un portazo.
¿Estamos divididos los católicos en la vida pública?
* JF: De entrada, estamos divididos los cristianos, y esto es un escándalo. Pero es verdad que, en España, hay una excesiva tendencia al individualismo, al protagonismo, a pensar más en lo que nos diferencia que en lo que nos une…
* BB: No creo que exista una gran desunión entre los católicos españoles. Es bueno que haya pluralismo. Lo que me parece escandaloso es la falta de compromiso con lo esencial de mucho teórico católico, que, en el fondo, es lo que lastra a este país. Si esas mayorías sociológicas de católicos lo fuésemos de verdad, este país sería una gozada.
* IC: Tampoco observo esa división. Somos una minoría cada vez más unida, más auténtica y más fecunda. He vivido muchas etapas diferentes de catolicismo en España, y no creo que haya motivos para sentir nostalgia de esa mayoría social, por ejemplo, de cuando el Congreso Eucarístico de Barcelona.
* BB: Hay todavía algún católico fundamentalista de cabeza, que no ama la libertad como ama la verdad, y un buen católico defiende ambas; no se queda en el tradicionalismo.
* JF: Pero la vocación del cristiano es ser levadura que hace fermentar la masa. Luego, Dios proveerá, pero la vocación del cristiano no es resignarnos a ser cuatro, pero muy auténticos… Cuando se celebró el Congreso Eucarístico Internacional de Barcelona, yo tenía dos años, y aunque no puedo tener nostalgia de algo que no conocí, y que además tendría poco sentido en la sociedad actual, sí es verdad que existía entonces un claro sentido de Dios. Algo ha pasado muy gordo para que, en 50 años, se haya pasado de ese extremo a la situación actual.
* IC: Para mí no tiene color. Recuerdo hace décadas misas con los hombres fumando fuera, hasta el comienzo del ofertorio, para no faltar a la obligación de ir a Misa. Hoy, en cambio, veo mi iglesia abarrotada, y comulga casi todo el mundo.
* JF: De acuerdo, pero hemos pasado, en líneas generales, a una sociedad que ha dado la espalda a Dios. Siempre pecadora, porque lo somos y lo vamos a ser hasta el final. Pero es importante que haya conciencia de pecado. Eso es tener conciencia de que existe el bien y el mal. Lo malo del relativismo es que, en un momento dado, no se tiene ya conciencia de que existen. Esa carencia del sentido de pecado no me gusta.
* IC: A mí tampoco.
* JF: Pues debemos de aspirar a que, aun siendo una minoría, contribuyamos, cada cual de acuerdo a nuestras posibilidades, a que la sociedad vuelva a dar la cara a Dios, respetando lo que es del César, pero dándole a Dios lo que es de Dios.