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«El bien no puede definirse por consenso»

El XI Congreso Católicos y vida pública, que se celebra desde el viernes, al próximo domingo, en Madrid, está dedicado a La política, con el subtítulo Al servicio del bien común. ¿Qué es el bien común?
* Jorge Fernández: Me parece un subtítulo extraordinariamente acertado. El concepto de bien común se ha sustituido por el de interés general, de carácter coyuntural, que se identifica con lo que define la mayoría política de turno. En un momento dado, tras un debate político intenso, se decidió que el interés general exigía que se televisara cada domingo un partido de fútbol en abierto. Y ahora, si una mayoría considera que existe el derecho de la mujer a abortar, ése será el interés general. Pero convendremos en que esto tiene poco que ver con el bien común.
Reivindicar que la política sólo puede entenderse honradamente al servicio del bien común me parece oportuno y necesario; que el bien común trasciende a la coyuntura, que no depende de las mayorías del momento… En estos momentos de relativismo, sólo eso justifica ya todo un Congreso.
* Ignacio Camuñas: No debemos generar una contradicción entre ambos términos, que además no sería operativa hoy en la práctica. El interés general debe estar trascendido por una escala de valores. La cuestión, entonces, es defender esos valores en la vida pública.
* Benigno Blanco: A mí lo que más me gusta del título es la palabra bien. Se ha perdido la conciencia de que el bien existe y podemos conocerlo. El diálogo presupone que existe la verdad, o no tiene ningún sentido hablar. Debe servirnos para identificar las cosas buenas, cuya persecución nos hace buenos. En ese sentido, si afirmamos que la política está al servicio del bien común, estamos diciendo que hay un estado de cosas bueno de la organización social que ayuda a las personas a ser buenas. Por eso, aunque estoy de acuerdo en que no deberían ser conceptos contrapuestos, el bien común va más allá que el interés general, con connotaciones más inmediatas y pragmáticas. Una sociedad orientada hacia el bien común no se contenta con el consenso sobre lo posible, sino que se esfuerza por lograr el consenso sobre lo mejor.
El problema, quizá, es que el mecanismo de adopción de decisiones propio de la democracia conlleva cierto riesgo de perder de vista que existe el bien común. Dado que se toman por mayoría, y es bueno que sea así, se da la tendencia de identificar lo que se decide por consenso como lo bueno. Y ahí se está dando un salto cualitativo.
* IC: Bien, ¿pero qué instancia define en la práctica el bien común?
* BB: Sólo lo puede definir la reflexión filosófica y teológica. La política da de sí lo que da de sí. El ámbito de la búsqueda de la verdad y de la identificación del bien debe estar fuera del Derecho y de la política. Es como si fuesen dos círculos concéntricos: uno es el de la libertad humana, que es la adhesión al bien, y abarca todo lo que el ser humano puede querer conocer, pensar y hacer. Y, en un círculo inferior, se sitúan el Derecho y la política, que si es concéntrico al anterior, será bueno en sus decisiones. Pero no se pueden confundir los dos círculos. El relativismo moral actual, al pretender reducir el ámbito de lo bueno al Derecho, y confundir el Derecho con la ética, es fuente de totalitarismo.
Es importante dejar claro que la política y el Derecho son instrumentos muy importantes, pero limitados. Desde una concepción del bien común y de la Justicia, se puede medir el acierto o desacierto de la política y del Derecho, pero no a la inversa, porque la política y el Derecho no definen la Justicia ni el bien común. Por eso, las decisiones que toma una democracia pueden ser igual de injustas que las de una dictadura.
* JF: Esto me recuerda a una votación en el Ateneo de Madrid sobre si existe Dios o no. Del mismo modo que uno no puede imponer sus convicciones a los demás, hay que reivindicar que existen verdades que son prepolíticas, que no pueden estar sometidas a discusión política. Pero las democracias liberales, a menudo, consideran que la fuente de toda norma es un poder legitimado en origen por la elección democrática. Sin embargo, no tienen competencias para tomar todo tipo de decisiones. ¿Tiene sentido someter a votación cuánto son dos más dos? Cuando uno toma decisiones fuera del ámbito que le es propio, puede, o bien hacer el ridículo, o bien ser absolutamente injusto.
¿Por qué cuesta tanto aceptar en el debate político que no todo es cuestión de mayorías, y que existe una ley natural?
* JF: Es que la ley natural remite a Dios, y enseguida hay alguien que te acusa de estar imponiendo tus creencias. Ese debate es falso, pero hace muy difícil debatir hoy en esos términos.