Alfa y Omega > Nº 664 > La vida > Libros
Con la gentileza de

Libros

A sus 83 lucidísimos años, Ricardo de la Cierva reedita, en su editorial Fénix, Indalecio Prieto, el cerco de la fe, con 335 páginas que delinean el camino de Indalecio Prieto hacia Dios. Es un libro nobilísimo y, a la vez, una requisitoria durísima en la que el autor aúna su agradecimiento personal hacia la persona de Prieto que, junto con Negrín -ambos ministros de Largo Caballero en 1936-, hicieron todo lo posible por salvar de la muerte a su padre, en noviembre de 1936. El título del libro, El cerco de la fe, procede de una de las cartas del propio Prieto. El autor reproduce numerosas cartas, sobre todo las que dirige a la Madre María del Pilar Reinoso, quien le entregó, en los años 80, su correspondencia personal con Prieto. Es un libro que refleja el amor de Prieto a España y su extraordinaria, aunque desconocida, aproximación personal a la fe católica. «Conviene a todos -dice en una de las cartas- leer y releer el Evangelio». Al condenar el liberalismo, divisa de Prieto, la Iglesia -escribe De la Cierva- no ha condenado la libertad, sino la conversión de la libertad en fin último y absoluto. En un artículo que publicó en la revista Mañana, bajo el significativo título Confesión, se lee: «¡Qué más quisiera yo que participar de su fe! Me doy cuenta del enorme vacío que la fe religiosa llena en las almas. Pero ese vacío no se llena fingiéndolo». A muchos socialistas les abrirá los ojos, si lo leen de buena fe, el artículo Meditaciones frente al mar, de Prieto.

«El presente libro recoge el hermoso testimonio de Eduardo Laforet, sacerdote de la diócesis de Madrid. Sólo ocho meses pudo ser sacerdote, pues el Señor aceptó su vida de 27 años, de la que le había hecho generosa entrega el 13 de mayo de 1981, fecha del terrible atentado a Juan Pablo II. Aquel día trágico, la Iglesia entera se movilizó en un clamor orante a favor de la vida del Santo Padre…, en aquel clamor, se elevaba al cielo, como ofrenda consciente y libre, la vida de Eduardo, por entonces estudiante universitario de filosofía»: así escribe el cardenal Rouco, en el prólogo a este libro que acaba de editar Edicep: La ofrenda de una vida. Lo ha escrito, con primor literario y celo sacerdotal el padre Feliciano Rodríguez, Delegado de Pastoral universitaria de la archidiócesis de Madrid, quien concluye: «Todos somos herederos de la sonrisa del padre Eduardo. Herederos del amor que Dios puso en él».
Los Cruzados de Santa María han editado también, en Encuentro, Alpinista del espíritu, con escritos publicados e inéditos del padre Laforet y artículos sobre la ejemplar figura sacerdotal de este Cruzado de Santa María.
M.A.V.