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PequeAlfa
Texto: María Martínez López. Ilustraciones: Asun Silva
Os hemos hablado ya varias veces de distintos grupos de gente que trabajan para acercar el mundo de la televisión a los niños y jóvenes. Algunos pretenden simplemente -que no es poco- que aprendáis a saber mejor cómo funciona este mundillo, para que no os dejéis llevar tan fácilmente por él. Otros utilizan la televisión como medio para que se aprendan con facilidad cosas que no siempre son fáciles. Es el caso de esta noticia que os traemos hoy.
En Madrid, siete grupos de jóvenes de 1º y 2º de Bachillerato han podido hacer un programa de televisión en su propio colegio e instituto, gracias al Plató de la solidaridad, que empezó el 2 de noviembre y acabó el viernes de la semana pasada. Este Plató, que organiza la Fundación IUVE, lleva funcionando ya tres años y, en éste, el tema era uno que nos gusta mucho a todos cuando nos empezamos a hacer mayores: la libertad. Quizá por eso la respuesta entre los jóvenes ha sido tan buena. Al crecer, siempre nos surgen muchas dudas sobre este tema: ¿qué es ser libre?; ¿puedo ser completamente libre?; ¿qué obstáculos me encuentro?; ¿cómo superarlos?
Esta actividad la ha organizado este año Víctor Amado. Hemos hablado con él y nos ha explicado que, hoy en día, muchos jóvenes «piensan que las drogas, el botellón, pasarlo bien a toda costa, etc., son las opciones que les ofrece la sociedad, y que son más libres cuanto más puedan elegirlas». La respuesta que quieren darles es que la libertad es poder elegir, sí, pero elegir bien, y que para ser felices la meta de elegir tiene que ser «hacerse mejor. Ser libre no es hacer lo que yo quiera, sino alcanzar mi mejor yo y el mejor tú de los demás». Si lo pensáis así, muchas de las cosas o personas que, en un principio, nos parecen un obstáculo para la libertad, en realidad son una ayuda.
Otra idea importante que se subraya es que elegir una cosa siempre implica renunciar a otras. Si tenéis un montón de caramelos y queréis probarlos todos sin dejar hueco para los mejores, o no elegís ninguno para no dejar otros, ¿para qué os sirve ser libres?
La Fundación IUVE, que organiza Plató, con ayuda de la Comunidad de Madrid, trabaja sobre todo para formar a los jóvenes y cultivar en ellos la solidaridad y otras cualidades buenas. Quizá os preguntéis qué tiene que ver la libertad con la solidaridad. Víctor nos responde que «nuestro mejor yo es hacer algo por los demás», y eso es lo que debemos buscar con nuestra libertad. Por eso, además, este programa en concreto está relacionado con los Objetivos del Milenio, que pretenden mejorar la situación de los más pobres del mundo.
Plató de la solidaridad no es sólo hacer un programa de televisión. En realidad, dura una mañana entera. Todo empieza con una conferencia de alguien sobre este tema, que luego los jóvenes trabajan en grupos, con la ayuda de textos y unas fichas. Luego viene lo más divertido: les dan una clase rápida sobre cómo hacer un programa de televisión, y entonces es cuando graban el debate, que presenta El Charlas, un presentador de verdad de la televisión. Luego, la grabación del programa se regala a los colegios, y también se va a poder ver en la página web de IUVE, junto con un vídeo resumen de todos.
Vosotros no os acordáis, pero cuando vuestros padres y vuestros familiares mayores estudiaban el mapa de Europa en el colegio, era muy distinto. Un montón de países no existían, porque estaban incluidos dentro de un conjunto mucho más grande que era la URSS: la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. La zona de los Balcanes (Serbia, Bosnia, Croacia, Eslovenia, Macedonia) era otro país grande, Yugoslavia. Y otros países de Europa del Este, como Polonia o Ucrania, aparecían coloreados de un color distinto. ¡Incluso había dos Alemanias!
Todos estos países formaban lo que se llamaba el bloque del Este, o bloque comunista, porque en todos estos países había dictaduras comunistas. En su origen, el comunismo pretendía defender a los pobres haciendo la guerra o la revolución contra los ricos, pero los Gobiernos que se basaban en estas ideas se convirtieron en dictaduras, donde muy pocos tenían muchísimo poder, y el resto de la gente era pobre, además de que siempre estaban vigilando, encarcelando, torturando o incluso matando a los que lo criticaban, entre ellos a muchos católicos, pues se decía que la Iglesia era enemiga del pueblo y estaba prohibida.
Por eso, durante décadas se dijo que Europa estaba dividida en dos partes por un telón de acero. Este telón era un símbolo; en realidad no existía, salvo en un sitio: en la capital de Alemania, Berlín, que también estaba dividida en su parte libre y su parte comunista. Allí se construyó un muro gigantesco, para evitar que la gente de los países comunistas se escapara a los de Occidente. Hace ahora 20 años, la gente estaba ya muy harta, y el Gobierno comunista había ido perdiendo poder, así que la gente empezó a poder cruzar, y fueron tantos, que al final las autoridades comunistas tuvieron que abrirlo, y la gente acabó tirándolo. Este acto tuvo un gran valor simbólico y los Gobiernos comunistas fueron cayendo poco a poco en todos los países. Estas semanas se ha estado celebrando el 20 aniversario de la caída del Muro, aunque no deberíamos olvidar que, en estos 20 años, sigue habiendo muros, materiales y de todo tipo, que separan a la gente, en muchas partes del mundo.
Estos días ha habido bastante revuelo por el hecho de que, en las clases de los colegios, haya crucifijos. Se ha debido todo a una decisión del Tribunal europeo de Derechos Humanos, que da la razón a una mujer finlandesa que vive en Italia y que protestó porque en las clases de sus hijos hubiera una cruz. Decía que ver un símbolo de una religión que no era la suya, en el colegio, les había producido daños, y pedían dinero para compensarlo. Esta noticia ha puesto muy contentos a algunos que creen que cualquier símbolo religioso en un espacio público atenta contra la libertad de los demás, como si ver una cruz te obligara a ser cristiano.
Pero ha entristecido o ha enfadado a muchos más, incluyendo también a gente que no es cristiana, pero que reconoce que en la historia y la cultura de Europa el cristianismo ha jugado un papel importantísimo. No tenéis más que iros a una colección de banderas de Europa y buscar cuántas de ellas tienen una cruz. Por eso varios representantes del Gobierno italiano han dicho que la cruz es un símbolo de la identidad cristiana del país (que no implica, por supuesto, que todos los habitantes tengan que ser cristianos), y que van a hacer todo lo posible por que las cruces se queden donde están.
Muchos católicos estos días se están preguntando por qué a la gente le molesta tanto la imagen de Jesús en la cruz, si es una imagen del máximo amor, que se entrega por los demás. Pero quizá si pensamos un poco más en ello lo entenderemos mejor. Al fin y al cabo, Jesús acabó muriendo en la cruz porque a mucha gente no le gustaba su mensaje de amor.
© 2006. Alfa y Omega, Semanario católico de información. Fundación San Agustín, Arzobispado de Madrid