Alfa y Omega > Nº 672 > PequeAlfa
Texto: María Martínez López. Ilustraciones: Asun Silva
¡Ya están aquí! Por fin, traemos a estas páginas a los ganadores del concurso de cuentos de Navidad. Aquí podéis leer los cuentos ganadores del Primer Premio de las dos categorías, pequeños (7-9 años) y mayores (10-13 años). Los Segundos Premios son para Juanma, del colegio Sagrados Corazones, y Ángela de la Puente, del colegio Discípulas de Jesús Maestro. Hemos recibido muchos cuentos, y entre ellos había historias muy originales, y otras que nos contaban cómo se vive la Navidad en los países de donde algunos venís. Algunas también habrían merecido un premio, así que os animamos a todos, en especial a los más pequeños, a seguir participando en nuestras actividades. Nos gusta saber de vosotros
1º Premio 10-13 años
La carta de Roberto

Hace no demasiado tiempo, en un pueblecito de León, llamado Castronuño, vivían dos familias, que habitaban en casas contiguas. Era tiempo de Navidad, y cada una de estas familias la celebraba a su manera. Los Gómez, una familia cristiana con ocho hijos, le daba máxima importancia al nacimiento del Mesías; en cambio, los Domínguez se la daban al descanso, a las fiestas y a los regalos, aunque su hijo Roberto no se les parecía en nada.
Roberto era un niño al que apasionaban las novelas policíacas, los misterios y acertijos, pero lo que más deseaba era tener un hermano, con quien jugar mientras sus padres se iban de fiesta. En la casa de al lado, Roberto veía cómo todos los días había felicidad y diversión. Todos los días hacían algo especial: un día hacían guerra de bolas de nieve, otro iban por el pueblo cantando villancicos, otro hacían el belén...
Este año estaba decidido a tener un hermanito. Un día que vio que sus padres se disponían a hacer planes para el día siguiente, Roberto les dijo:
- «¿Qué os parece si mañana hacemos mi carta a los Reyes?»
- «Buena idea», dijo el padre.
Al día siguiente, Roberto se duchó, se vistió, desayunó y se sentó a la mesa dispuesto a dejarles claro a los Reyes lo que quería. Su madre se presentó con cinco o seis revistas de juguetes. En cuanto sus padres se sentaron, él cogió todas las revistas, se dirigió a la papelera, abrió la tapa y... Se volvió a sentar y empezó a escribir. En esta carta, Roberto tan sólo pidió cuatro cosas: regalos para los niños pobres, un hermano, ropa para bebés y vivir la Navidad como sus vecinos. Sus padres, sorprendidos, continuaron con los quehaceres, mientras Roberto, satisfecho, se disponía a leer Seis cerezas y media, que acababa de sacar de la Biblioteca.
Poco a poco la Navidad llegaba a su fin, hasta que llegó la noche esperada. Roberto preparó todo, dejó la puerta entreabierta, les dejó unos turrones, Coca-Cola y agua para los camellos y se fue a la cama. Esa noche, Roberto durmió con una sonrisa de oreja a oreja. Al levantarse, descubrió que de la Coca-Cola no había ni una gota, que de los turrones quedaban las migas y que, junto al cacharro en el que había estado el agua para los camellos, había una nota que decía Gracias. Junto al belén había un paquete con grandes letras escritas: Ropa, y junto a él un sobre. Alrededor de la caja estaban los regalos de sus padres, pero a él le daba igual, para él sólo existía aquel paquete y el sobre que con tanto anhelo había esperado.
Llamó a sus padres a gritos:
- «Vamos a abrirlo, vamos, vamos», dijo atropelladamente.
- «Tranqui, tranqui», le dijo su padre mientras cogía el sobre y leía: «Roberto recibirá su regalo si hoy celebra la Navidad cristianamente».
Sus padres siguieron las instrucciones de la carta, y llevaron a Roberto a la iglesia. Después de Misa, el párroco les contó que hacía unos días se había encontrado en la puerta de la sacristía un niño junto con una carta, en la que se decía que aquel bebé era para la familia Domínguez, y que de la cuarta cosa que Roberto había pedido se tenían que encargar los padres. Aquel niño recibió el nombre de Emmanuel, que significa Dios con nosotros.
Gabriel Iglesias García del Castillo (11 años)
Villanueva de la Torre (Guadalajara)
1º Premio 7-9 años
¿Cómo se puede conocer a Jesús?
Érase una vez un niño de ocho años que no creía en Jesús, porque decía que no había oído hablar de él ni nunca lo había visto. Y les dijo a sus padres que no quería saber nada de Jesús, ni de la Navidad.
-«Ésa no es ninguna razón para que Jesús no exista», le dijo su padre.
Pero el niño contestó y dijo:
-«¿Me lo puedes presentar?»
-«Sí, sí te lo puedo presentar, pero antes tienes que hacer lo que un niño santo debe hacer en Navidad».
-«¿Y qué es eso, Papá?»
-«Bueno, hijo, eso es ser un niño bueno, preparar el corazón para la llegada de Jesús, compartir tu alegría, cariño, paz, dinero... También debes ser generoso, dar lo que tienes».
-«Vale, Papá, lo haré».
-«Y a Jesús te lo presento en tu corazón», dijo el padre.
Lola Hernández de Armijo (8 años)
Colegio Discípulas de Jesús Maestro
(Ferrol, La Coruña)


¿Sabéis quién fue el primer cristiano que pisó África? Pues fue Jesús, con sus padres. Como sabéis, cuando Herodes quería matar al Niño Jesús, su familia huyó a Egipto. Unos años después, un trabajador muy importante de una reina africana visitó Palestina y estuvo en Jerusalén. Cuando volvía, se encontró con Felipe, uno de los siete diáconos elegidos en la Iglesia de Jerusalén, que le habló de Jesús. Este hombre se convirtió en cristiano, y seguro que anunció el Evangelio entre sus conocidos. También el evangelista Marcos visitó África para anunciar a Jesús, y en los primeros siglos del cristianismo, hubo muchos santos importantes que eran africanos.
Os contamos todo esto porque África es el tema de la Jornada de la Infancia Misionera que se celebra el domingo de la próxima semana, día 24 de enero. Quizá recordéis que, desde el año pasado, la Infancia Misionera está recorriendo el mundo, fijándose cada año en un continente. El lema de este año es Con los niños de África... encontramos a Jesús, y quiere hacernos reflexionar sobre la alegría que siente la gente de este continente cuando se le habla de la Buena Noticia.
Esta alegría es una de las cosas de las que nos habla José Aguilar, misionero espiritano en Tanzania, con quien hemos hablado:
¿Cómo es la tribu con la que trabajas?
Se llaman habza, y son bosquimanos. Son recolectores, sólo viven de lo que recogen o cazan en el bosque. Esto condiciona cómo es su vida. No pueden acumular ni guardar cosas, cogen sólo lo que van a usar ese día. Al principio, esto hacía que se sintieran muy libres y no necesitaran nada, ni construían casas. Pero su estilo de vida atraía a turistas, y con ellos llegó el dinero fácil de conseguir. Y, como tampoco lo pueden acumular, lo han empezado a dedicar a beber y otras cosas que los estropean.
¿Qué hacéis los misioneros?
Los misioneros no podemos luchar en contra de esto, pero intentamos que analicen y sean conscientes de este cambio, para que sean dueños de su destino, a la luz del Evangelio. Lo hacemos sobre todo acompañándolos, porque dicen que no necesitan nada. Pero también tenemos hospital, escuela e instituto para la gente de poblaciones cercanas y por si algún habza quiere utilizarlo. Es necesario que algunos estudien, porque, si no, se van a quedar muy retrasados. Y lo estamos consiguiendo.

¿Cómo vive la fe la gente con la que trabajáis?
Con la gente con la que yo he trabajado, la verdad, no es fácil implantar la fe, porque partimos de cero, no tienen ni idea. Se basa todo mucho en el testimonio de nuestra vida, nuestra entrega y cercanía a ellos. Eso les llama la atención, quieren saber por qué lo hacemos, y empiezan a venir a los grupos. Todo se hace a través de la familia, y cuando los padres vienen, los hijos también lo hacen. Y todos se toman el Evangelio en serio.
¿Los niños también?
Los niños están muy comprometidos con la Iglesia, y se sienten orgullosos de pertenecer a ella. Les encanta pertenecer al grupo, y también venir a jugar a la misión; están como en casa. Y cuando crecen se van comprometiendo. Donde estoy yo, la iglesia la limpia un grupo de niños sin que les hayamos dicho nada. Ha sido iniciativa suya.

En España, hay diez mil niños que forman parte de Infancia Misionera. Estos niños intentan conocer las misiones, rezan por los misioneros y se comprometen a ayudarlos en lo que puedan. Y no es poco. Por ejemplo, el año pasado llegaron a África más de cuatro millones de euros recogidos por los niños españoles en 2008. Con este dinero, se financian muchos proyectos, sobre todo de colegios y orfanatos, en muchos de los 53 países de África, como Benín, Costa de Marfil, Congo, Chad, etc.
África es uno de los lugares del mundo donde hay más niños -casi la mitad de la población lo son-, y se enfrentan a muchas dificultades: el hambre, la guerra, las enfermedades, la falta de educación, el tener que trabajar. Por eso, enviarles ayuda y rezar por ellos es tan importante. Pero no penséis que sólo nos piden cosas. En algunos de los lugares que reciben ayuda también tienen sus propios grupos de Infancia Misionera, donde los niños hacen lo que pueden por ayudar a los demás.