Alfa y Omega > Nº 673 > Cartas
«Yo nunca estoy sola»
Una amiga y yo nos bajábamos de un autobús en la Plaza de Castilla, de Madrid, cuando nos dimos cuenta de que una señora muy mayor, con dos muletas, tenía dificultades para bajar. Como es lógico, le ayudamos y le dije que se apoyara en mi brazo para acompañarla a otra parada, pues tenía que coger otro autobús que la llevara al Hospital de la Paz: iba a radiarse, ya que tenía cáncer. Mientras íbamos andando hacia el autobús, nos dimos cuenta de que tampoco veía bien. Su cara, nunca la olvidaré, no reflejaba tristeza, sino todo lo contrario; tenía una sonrisa permanente e irradiaba paz y serenidad. Le preguntamos cómo podía ir sola. Se paró, sonrió y contestó: «Yo nunca estoy sola. Él siempre está conmigo», y metiendo una mano en su bolsillo, sacó una vieja estampa del Sagrado Corazón de Jesús. Han pasado varios meses y todos los días me acuerdo de ella y me emociono al recordarla. Para mí eso es verdadera fe, sentir a Jesús a tu lado y dentro de ti.
Margarita Boned Santesteban
Madrid
El habitante
Hay muchos pueblos en España en los que, durante el invierno, sólo quedan unos cuantos habitantes; entre ellos, uno que se llama Jesús. Y, a veces, pienso en estos pueblos y me pregunto: ¿se habrá acordado alguien hoy de Ese habitante? Si no fuese así, ¡qué pena, qué frío, qué manera de desaprovechar una gran oportunidad! ¡Qué bonito sería que, con cierta frecuencia, los hijos de ese pueblo, desde allí o desde las capitales donde se encuentren, se dirigiesen a Él para decirle algo y para pedirle por todos los hijos, vivos o difuntos, del pueblo! Y si, además de pedir por todos, lo hiciesen de manera especial, concretando nombres, por los enfermos, por los fallecidos recientemente, o por los que cumplan años, ¡mucho mejor! Para los que tengan la devoción de contemplar los misterio del Rosario, el quinto de los luminosos brinda una buena ocasión. Los curas de pueblo deberían aprovechar las fiestas patronales o los funerales, que es cuando se llena el templo, para animar al mayor número posible de feligreses a hacerlo. Pienso que el arraigo de esta manera de proceder produciría muchos y muy buenos frutos espirituales y, también, simplemente humanos.
Víctor Manuel Sánchez González
Madrid
Año Jubilar Compostelano
Cristo es esperanza imperecedera de salvación, dice Benedicto XVI. En su mensaje con ocasión del Año Jubilar Compostelano, el Papa anima a los fieles a peregrinar a Santiago de Compostela, para que obtengan la gracia de que Dios entre en sus corazones y sean así testigos de que Cristo vive y «es nuestra esperanza imperecedera de salvación». En el mensaje enviado al arzobispo de Santiago, monseñor Julián Barrio, el Santo Padre señala que el lema de este nuevo Año Jubilar Compostelano, Peregrinando hacia la Luz, sigue «fielmente esta tradición y la repropone como una llamada evangelizadora a los hombres y mujeres de hoy, recordando el carácter esencialmente peregrino de la Iglesia y del ser cristiano en este mundo». El Papa expresa su «especial cercanía a los peregrinos que llegan y seguirán llegando a Santiago», y los invita a «que hagan acopio de las sugestivas experiencias de fe, caridad y fraternidad que encuentren en su andadura, a que vivan el Camino sobre todo interiormente, dejándose interpelar por la llamada que el Señor hace a cada uno de ellos».
Maibe Álvarez Horas
Bilbao
Vidas en juego
Decía el Papa recientemente que no es posible continuar con la opulencia y el derroche cuando el drama del hambre adquiere diariamente mayores dimensiones. Sabemos que una de cada seis personas sufre hambre en el mundo. Con la crisis, la pobreza se ha disparado, pero la mayoría de los Gobiernos siguen sin tomar las medidas necesarias. Millones de vidas están en juego. El mundo produce suficientes alimentos para todos. Aun así, el número de personas que sufren hambre crónica ha alcanzado la cifra récord de mil millones. La crisis y el cambio climático golpean a los más pobres y empujan a millones al borde de la supervivencia. Debemos permanecer juntos y demostrar que nos importan aquellos cuyos derechos fundamentales son denegados. Hagamos un mundo nuevo, lleno de esperanza.
Alberto Álvarez Pérez
Sevilla
Pacto por la educación
Para establecer un gran Pacto por la educación es imprescindible que los principios generales de los que se va a partir sean comunes para quienes van a pactar. Podrían enunciarse dos grandes principios. Primero, que la familia es el hábitat natural para que cada hombre sea concebido como corresponde a su dignidad, y sea gestado, alumbrado, arropado y educado con amor. La familia es el principal entorno para del desarrollo de los hijos: el padre y la madre son responsables de su educación. Por eso, deben ser escuchados antes del pacto. La tarea del Estado en educación ha de ser subsidiaria de la familia: el Estado debe intervenir sólo cuando y donde las posibilidades de control y atención de los padres no lleguen a cumplir con sus obligaciones familiares.
José Luis Mota Garay
Álava
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