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El Papa, en la sinagoga de Roma
Reconciliación y colaboración
La histórica visita que realizó Benedicto XVI, el domingo pasado, a la sinagoga de Roma ha servido para afianzar las relaciones entre judíos y católicos, pensando tanto en el pasado como en el futuro. Para el pasado, la palabra clave que ha formulado ha sido reconciliación; para el futuro, colaboración
El Papa Benedicto XVI y el Rabino Jefe de Roma,
Riccardo Di Segni
Los aplausos con los que acogió la comunidad judía más antigua de Europa al obispo de Roma demostraron cómo, más allá de las diferencias, sensibilidades y puntos de vista, el diálogo entre los hermanos de las dos religiones monoteístas es inexorable y tiene una base común: los Diez Mandamientos.
La cordialidad y la claridad fueron las notas predominantes. El Presidente de la Comunidad Judía de Roma, Riccardo Pacifici, afirmó no comprender «el silencio de Pío XII» durante el Holocausto, si bien reconoció que su palabra no hubiera detenido a los trenes de la deportación hacia Auschwitz. Ahora bien, también alabó la extraordinaria obra de salvación de judíos que realizó la Iglesia (su propio padre fue salvado en un convento) y homenajeó tanto a Juan Pablo II como a Benedicto XVI por el impulso que han dado al diálogo judeo-cristiano.
El Rabino Jefe de Roma, Riccardo Di Segni, también hizo referencia implícita al silencio de los hombres ante el drama judío (no mencionó a Pío XII), pero rindió homenaje a lo que ha hecho la Iglesia católica a favor del diálogo con el pueblo de Israel tras el Concilio Vaticano II.
Los Diez Mandamientos
Con esta misma confianza, el Santo Padre, que no escondió su emoción ante la cálida acogida que le brindó la comunidad judía (su discurso fue interrumpido en diez ocasiones por los aplausos), también fue claro al destacar «la acción de socorro, a menudo oculta y discreta», desarrollada por la Santa Sede en tiempos de Pío XII.
Ahora bien, al igual que sus interlocutores, no dejó que las divergencias de análisis sobre el pasado empañen el futuro. Para recorrer ese camino, presentó el Decálogo, los Diez Mandamientos recibidos por Moisés, como «la antorcha de la ética, de la esperanza y del diálogo, la estrella polar de la fe y de la moral del pueblo de Dios».
Los Diez Mandamientos, según el Papa, plantean tres campos en los que el testimonio común de judíos y cristianos es necesario. En primer lugar, el Papa defendió la necesidad de «dar testimonio del único Dios: un servicio precioso que judíos y cristianos pueden ofrecer juntos, en nuestro mundo, en el que muchos no conocen a Dios». En segundo lugar, añadió, los Diez Mandamientos comprometen al «respeto y protección de la vida contra toda injusticia y abuso, reconociendo el valor de toda persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios». Esto exige, por último, «conservar y promover la santidad de la familia, y vivir una generosidad especial con los pobres, las mujeres, los niños, los extranjeros, los enfermos, los débiles, los necesitados».
Cuando el Papa atravesaba el río Tíber, para regresar de la sinagoga al Vaticano, los participantes eran conscientes de haber vivido un momento histórico. El Presidente de Israel, desde Jerusalén, en declaraciones a la televisión, dijo: «Este Papa se comporta con gran respeto, y confío en él».
Jesús Colina. Roma