Alfa y Omega > Nº 673 > Desde la fe > No es verdad
No es verdad

Mingote, en ABC
Todo parece indicar que, dentro y fuera del PSOE, la luna de Zapatero empieza a entrar en cuarto menguante, a pesar de la inmensa astucia con que la izquierda maneja la propaganda, a través de los medios de comunicación social. La realidad de los hechos acaba siendo mucho más tozuda que todas las propagandas, antes o después; y, de manera especial, para muchos, la desastrosa gestión económica del Gobierno socialista está pasando inevitable factura. No sólo es lo económico, naturalmente, porque la implacable tarea de destrucción de la familia, de la educación, de la unidad de España, no pasa factura menor. Por ahí fuera, de Washington a Estrasburgo, a ZP le han visto bastante el plumero, y son cada vez más los que empiezan a caerse del guindo, a medio camino entre la desilusión y la nostalgia de confundir la realidad con los propios deseos.
Ahora que, desde el rey al Nuncio en España, desde la Conferencia Episcopal hasta los padres de familia señalan la improrrogable necesidad de un pacto que trate de poner remedio a los desastres de la gestión que este Gobierno hace en el ámbito de la educación, el PP acaba de lanzar, en Toledo, unas Propuestas para un pacto por la reforma y mejora de la educación en España. Obviamente, nadie medianamente sensato puede estar en contra de un pacto educativo que, de una vez por todas, trate de mantener un mínimo de estabilidad en los programas educativos y de evitar ese nefasto fracaso escolar que produce el hecho de que, con cada Gobierno nuevo, cada maestrillo viene con su librillo. Como suele ocurrir, por ejemplo, con un medio de comunicación que va pasando de un director a otro y el lector acaba volviéndose tarumba, ocurre -sólo que mucho peor todavía- con la educación de nuestros hijos. De manera que, insisto, nadie medianamente sensato puede estar en contra de un pacto educativo. Pero de un pacto, no de un trágala, no de un camelo, no de una engañifa. En esas propuestas que acaba de hacer el PP y bajo el epígrafe Educación para la ciudadanía, tras reiterar su seria discrepancia con la configuración y contenidos de dicha asignatura, se lee: «En aras al restablecimiento del necesario consenso en una materia tan sensible, ofrecemos una solución». Proponen «establecer en la etapa de Educación Primaria una formación cívica de carácter transversal, inspirada exclusivamente en los principios de la Constitución, y también la elaboración de unos nuevos contenidos de la asignatura existente, en la Educación Secundaria, que deben ser acordados íntegramente...» ¿Alguien medianamente sensato y que conozca el percal de cómo se las gasta el actual Gobierno socialista de España se puede creer en serio que este Gobierno pueda aceptar estas propuestas del PP para Educación para la ciudadanía? Si las aceptaran, no habrían cambiado lo que había, para imponer por decreto la citada sectaria e ideológica asignatura. Creer que el Gobierno va a aceptar vaciar de contenidos esa asignatura, para dejarla en una mera y aceptable enseñanza sobre qué es la democracia, qué es el Congreso y el Senado, etc., ¿no es una ilusión que roza la irresponsabilidad? Claro que urge un consenso y un pacto sobre educación en España, pero pacto no es cesión en lo que no hay que ceder jamás. ¿No les parece que esto está suficientemente claro?
Expertos del Ministerio de Sanidad advierten ahora que la píldora abortiva, esa píldora eufemísticamente llamada del día después, provoca, además de náuseas, vómitos, mareo y sangrado, graves problemas como embarazos extrauterinos y tromboembolismo venoso, peligrosa enfermedad cardiovascular. Así se deduce de un estudio elaborado por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, organismo que depende del Ministerio de Sanidad, que dice dirigir doña Trinidad Jiménez, la misma ministra que, antes de que fuera aprobada esa píldora, dijo que no producía graves consecuencias, a pesar de que previamente había sido advertida de ello por numerosos especialistas y de que en su propio Ministerio ya lo sabían, como se demuestra ahora. La tal píldora es dispensada, directamente, en las farmacias, sin receta médica, desde hace cuatro meses en España. Y el Ministerio sigue manteniendo que «carece prácticamente de contraindicaciones». Como para fiarse, ¿no?
Gonzalo de Berceo
© 2006. Alfa y Omega, Semanario católico de información. Fundación San Agustín, Arzobispado de Madrid