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Como si fueran kleenex...

«También yo soy un fan del Estado laico, pero siempre que la laicidad se entienda positivamente, no como forma de sustituir las antiguas teocracias por modernas ideocracias», dice el catedrático de Derecho Eclesiástico Rafael Navarro-Valls, entrevistado por ABC, tras la presentación de su libro Entre la Casa Blanca y el Vaticano. El comentario llegaba un día antes de que Onda Cero avanzara contenidos del borrador del Anteproyecto de Ley de Libertad Religiosa, paradójico título para una ley que quiere restringirla, eliminando crucifijos de escuelas públicas, cuarteles, dependencias municipales, hospitales públicos... Y si a algún representante de los ciudadanos se le ocurre dejarse ver en algún acto católico, como una procesión de Semana Santa, deberá dejar claro a todo el mundo que va a título personal, y se le animará a participar también en actos de otras confesiones, para compensar. De hecho, uno de los objetivos de la ley, según Onda Cero, será «potenciar una mayor pluralidad de credos».
La querencia del actual Gobierno por los asuntos de religión y moral se manifiesta especialmente en el campo de la familia y la sexualidad. La Razón ha informado acerca de la Estrategia Nacional de Salud Sexual y Reproductiva que quiere poner en marcha el Ministerio de Sanidad, que anima a la mujer a «la vivencia de la sexualidad de un modo placentero», frente a caducas visiones. En el pasado nacional-católico, «se significaba la sexualidad mediante el matrimonio, sublimando la trascendente misión materna, mientras que en la actualidad se exige en cambio su dignificación mediante el amor romántico». A los jóvenes tímidos, las autoridades les animarán al cibersexo, estrategia que contribuirá también a «normalizar tendencias hasta ahora marginadas, permitiendo a quienes participan experimentar sensaciones inusuales y actos sexuales que no intentarían en la vida real». ¿Quién dice que una aburrida heterosexualidad tiene que ser la norma?, se pregunta el documento. De hecho, denuncia Profesionales por la Ética, en clases de Educación para la ciudadanía, en el Instituto Maimónides, de Córdoba, se enseña a los chavales que «la naturaleza nos da el sexo para que lo utilicemos con otra niña, con un niño o con un animal».
Multitud de estudios han vinculado este tipo de contenidos pornográficos a terribles dramas, como el aborto o la violencia contra la mujer. Pero baste citar ahora la advertencia de monseñor José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián, durante un encuentro de Oración por la paz, en la catedral: «Cuando en esta cultura machista hemos disociado el sexo del amor, con mucha frecuencia ha ocurrido que la mujer ha sido utilizada como un objeto de usar y tirar, como si fuese un kleenex».
En Zamora, se han celebrado unas Jornadas diocesanas sobre la familia, y ha habido espacio para la sexualidad. La profesora Cynthia Hertfelder, profesora de Pedagogía del Centro Universitario Villanueva, de Madrid, advirtió de que «quejarnos no sirve para nada; tenemos que convertirnos en agentes activos de cambio, dar envidia a los demás de nuestro modelo de familia, que es el natural, y nos hace más felices que el resto de la gente». Para eso hay que ayudar a que se redescubra «el sentido verdadero de la sexualidad», hoy desvirtuada, por separarse artificialmente del matrimonio y de la procreación.
A los jóvenes, según la profesora, «no tenemos que darles educación sexual, sino enseñarles a amar». Además, frente a un mundo que les promete satisfacer todos sus caprichos, pero les hurta la posibilidad de ser felices, hay que plantearles abiertamente que «la felicidad es una elección, y no una suerte. Ser feliz se elige, y tiene que aprenderse. Tenemos el deber de ser felices», y esto sólo es posible hacerlo amando al otro, y sintiéndose uno incondicionalmente amado. El pecado tal vez mueva mucho dinero y pasiones, pero reprime, no libera... Y concluye la profesora Hertfelder recordando a la Iglesia que tiene a la naturaleza de su parte: «El hombre está hecho por amor y para amar, quiere tener una familia, se pregunta por el sentido de la vida, quiere ser feliz y busca a Dios».
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