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Habla el arzobispo de Mérida-Badajoz
Cáritas no es una mera ONG
La cobertura mediática del terremoto de Haití ha permitido comprobar lo que hace unas semanas denunciaba monseñor Santiago García Aracil, arzobispo de Mérida-Badajoz: que algunos se empeñan en hablar de Cáritas como una ONG más, cuando, en realidad, no es sino «la acción caritativa de la Iglesia, que existe, sin ese nombre, desde los orígenes de la misma»


Voluntarios de Cáritas recogen alimentos
en la parroquia Nuestra Señora del Prado,
en Talavera de la Reina (Toledo)
La crisis económica o el terremoto de Haití son ejemplos recientes de cómo los medios de comunicación suelen referirse a Cáritas como una ONG más. Por eso, hace unas semanas, el arzobispo de Mérida-Badajoz, monseñor Santiago García-Aracil, denunciaba, en una Carta pastoral, que «con excesiva frecuencia aparece en los medios de comunicación la referencia a Cáritas como una Organización No Gubernamental. No es así. Parece como si la referencia universal tuviera que ser el Gobierno político y sus instituciones, y toda realidad presente en la sociedad tuviera que definirse en relación con él». Ante esto, monseñor García-Aracil asegura que «Cáritas es la acción de la Iglesia una, santa, católica y apostólica, fundada por Jesucristo sobre el cimiento de los Apóstoles. Un poco anterior a lo que hoy se entiende por Gobierno». A lo que añade: «La acción caritativa y social de la Iglesia que, estructurada según las necesidades de los tiempos, ha venido en llamarse Cáritas, existe, sin ese nombre, desde los orígenes de la misma».
Demagógica indignación
García-Aracil también denuncia que «son muchos los que se sorprenden con indignación de que los templos sean bellos y de cuidada arquitectura, de que los vasos sagrados estén hechos con elegante orfebrería, de que los fieles cristianos procuren imágenes de bella factura y las adornen con ricas telas y valiosas joyas, mientras hay pobres en el mundo», y explica que «los que así piensan ignoran que todo ello es un signo de religiosa admiración, devota reverencia, sencilla devoción y esmerado culto a Dios, a la Santísima Virgen y a los santos que los cristianos han tributado a lo largo de los tiempos. Nada de ello supone una injusta utilización de los bienes materiales en detrimento de la atención a los más desposeídos. La misma Iglesia ha sido pionera en la atención a los pobres aquejados por cualquier forma de carencia, tanto material como espiritual; y sigue dedicando a los más desposeídos grandes recursos personales y económicos que otras instituciones no llegan a atender, a pesar de la responsabilidad social que les incumbe».
Más aún, pues, como concluye el arzobispo de Mérida-Badajoz, «ningún cristiano, sea cual sea su condición, puede sentirse excusado del ejercicio de la caridad. Y debe ejercerlo de acuerdo con sus posibilidades y según su propia vocación recibida de Dios. Ninguna institución ni asociación cristiana desarrolla debidamente su identidad esencial si no cumple con el deber de la caridad para con los más necesitados».
J.A.M.
© 2006. Alfa y Omega, Semanario católico de información. Fundación San Agustín, Arzobispado de Madrid